El Primer Encargo: Capítulo 10

EL PRIMER ENCARGO

UNA ENTREGA DE SORRI LYRAX

CAPÍTULO 10

No me atrevería a decir que me arrepentía de no haber aceptado la oferta de Dario Oberon, pero mientras esperaba en mi pequeña celda metálica con nada más que un mugriento retrete como compañía, debo reconocer que la idea me pasó por la mente.

Aspecto insoportablemente atractivo. Sí.

Sonrisa burlona. Sí.

Reflejos increíblemente rápidos. Sí.

Por no hablar de que poseía su propia nave y tenía los fondos suficientes para mantener su estilo de vida como ladrón errante.

En lo más profundo de mi interior, sabía que eso no era lo que yo quería para mí, por lo menos en esta etapa de mi vida, pero era una alternativa mejor que la prisión.

El arrepentimiento no era la peor parte. Lo peor era tener que explicárselo todo a mi padre. Me froté el suéter de lana color puesta de sol que me había sido de tanta utilidad durante el transcurso de mi aventura, intentando calentarme aunque en realidad no tenía frío.

Incluso aunque lograra salir de ésta, mi padre jamás me lo perdonaría. Yo era su último vínculo con mamá. Sabía que papá pensaría que yo había corrompido de alguna manera el recuerdo de mi madre.

Cuando el guardia me llevó otra vez a la sala de interrogatorios, me dejé caer en la silla con las manos cruzadas delante de mí como si estuviera rezando.

Poco tiempo después, la capitana Hennessy entró en la sala y se sentó en la silla que había delante de mí.

- Creo recordar que te dije que no quería volver a verte – dijo la capitana – pero aquí estamos. Y no sólo eso, sino que lo sucedido en Oya y en el punto de salto a Gurzil tendrá como resultado que no voy a tener un fin de semana libre en los próximos seis meses, por no hablar de la reprimenda oficial que recibí per haber permitido que te fueras de la estación Oya. Tengo suerte de que no me hayan degradado unos cuantos rangos.

- Lo siento, capitana Hennessy. Lo siento de veras. Pero ya le he contado a todo el mundo todo lo que sé. Estoy igual de confusa que vosotros respecto a todo este asunto.

La capitana Hennessy juntó las yemas de sus dedos.

- Me temo que eso no va a bastar. Vas a tener que darnos algo más. Lo único que tenemos ahora mismo aparte de piratas muertos es una pequeña mensajera que no quiere contarnos nada. Cuando pasan cosas como ésta, siempre hay alguien que acaba siendo castigado por ello. Si tú eres lo único que tenemos, entonces…

La capitana dejó que la amenaza colgara como la soga de una horca.

- Pero yo no he hecho nada malo – protesté -. Cuando este tipo, Burnett, me robó el MobiGlas, yo pensé que sólo era algún matón, o que quizás la compañía me estaba poniendo a prueba. En ningún momento pensé que acabaría secuestrada en el espacio y arrojada en medio de una guerra entre piratas.

Hundí la cara en mis manos y sollocé. No estaba actuando. Las lágrimas eran tan auténticas como mi cansancio. Le había contado la historia a varios oficiales por lo menos veinte veces, quizás más. Cada vez que lo hacía empezaban a hacerme preguntas sobre los detalles.

¿Quién era el cabecilla? ¿A dónde habían ido a parar los archivos? ¿Qué tipo de información sobre armas contenían? ¿Quién los había robado? ¿Había contado con un cómplice infiltrado? ¿Sabía a qué compañía pertenecían los archivos robados?

Les conté todo lo que me había pasado, sin mencionar la participación de Dario en todo el asunto. Todavía no habían descubierto que había sido él quien puso los archivos en mi MobiGlas. Estaban convencidos de que los archivos habían sido añadidos en la sede central de FTL en Castra II.

- Supongo que quieres ser Ciudadana algún día, ¿no? – preguntó la capitana Hennessy.

Mi estómago se convirtió en piedra. Asentí.

- Pues entonces danos algo. Cualquier cosa con la que podamos trabajar. ¿Quién crees que puede haber sido la persona en FTL que puso esos archivos en tu sistema? ¿Tu supervisor? ¿Otra persona? Sólo necesitamos una pista. De lo contrario vamos a tener que acusarte de estar encubriendo a un contrabandista, y eso va a arruinar tus posibilidades de adquirir la Ciudadanía, por no hablar del tiempo que vas a tener que pasar en prisión.

Me froté las sienes. Si les daba el nombre de Dario, entonces habría incumplido la promesa que le había hecho, y quién sabe si él era el tipo de criminal que no dejaba pasar una indiscreción. Si les mentía y les daba el nombre de alguien que trabajara en FTL, entonces podía despedirme de mi trabajo, y de conseguir que me contratara cualquier compañía parecida. Por no hablar de que sería una completa y absoluta mentira.

- ¿Y qué pasa con Burnett? – pregunté -. Él es quien me secuestró. ¿Eso no os sirve de nada?

La capitana Hennessy se quedó mirando sus manos entrelazadas y suspiró.

- No tenemos ningún registro de que ese tal Burnett estuviera en la batalla, o en el planeta. O en cualquier otro sitio. Llegados a este punto, estamos convencidos de que te lo has inventado para ocultar el nombre del auténtico criminal, que te ha prometido una compensación por tu silencio. Cuéntanos quién es la persona que te trajo de vuelta al planeta, corriendo un gran riesgo por su parte, y puede que tengamos eso en cuenta como atenuante de su condena. Puede.

- ¡Pero no sé quien es ni me dijo su nombre! – contesté golpeando la mesa con las palmas de las manos -. Ya os he dado su descripción. Por todo lo que sé, puede que formara parte de alguno de esos piratas. Lo único que hizo fue ser el que me recogió de la Night Stalker después de que yo hubiera cruzado el punto de salto.

La capitana Hennessy apretó la mandíbula y apretó sus manos entrelazadas.

- Todas las explicaciones o excusas del universo no te van a ser de ninguna ayuda. Necesito información. Información fiable, o vas a cargar con las culpas por esto. Lo siento, pero así son las cosas.

Se fue y los guardias me llevarán de vuelta a mi celda. Apoyé la espalda contra la pared y me dejé caer hasta quedarme sentada en el suelo. Empecé a sentir un entumecimiento en el rostro que me bajó por el pecho y se extendió por todo mi cuerpo como una infección. Podrías haberme dado una bofetada sin que yo reaccionara.

No estaba segura de por qué me resultaba tan difícil. Tenía que darles el nombre de Dario, era así de sencillo, y entonces me dejarían en libertad. Él era el culpable de que yo hubiera acabado metida en todo este asunto. ¿Por qué le estaba protegiendo?

Mi padre le habría echado la culpa a mis hormonas. Sin mamá presente para llevarle la contraria, le echaba la culpa a mis hormonas por todo lo que yo hacía, algo por lo que supongo que debería sentirme agradecida. Jamás me puso la mano encima, pero su ceño fruncido era capaz de hacer que un sacerdote se sintiera culpable.

Apreté mis rodillas contra mi pecho y enterré el rostro en ellas. No estaba segura de por qué estaba retrasando el momento. Al final tendría que darles el nombre de Dario. Mejor hacerlo ahora que todavía me estaban ofreciendo esa posibilidad. Probablemente perdería mi trabajo y la confianza de mi padre, pero al menos me salvaría de tener un expediente criminal, o cumplir condena en prisión.

Con un peso en el corazón, golpeé la puerta con el puño y llamé al guardia para que trajera a la capitana Hennessy. Al cabo de un rato yo volvía a estar sentada en la sala de interrogatorios de antes.

La capitana llegó unos diez minutos después. Tomo asiento y entrelazó las manos, esperando. Yo me mordí el labio inferior antes de de empezar a hablar.

- ¿Habéis comprobado la base pirata de los Diablos Estelares? ¿No había nadie ahí?

La única respuesta que recibí fue un breve movimiento de negación con la cabeza. Podía ver en sus ojos claramente que si no le daba ahora mismo el nombre de Dario, se levantaría y llamaría a los guardias y mis perspectivas de futuro quedarían reducidas exclusivamente a la prisión.

- Vale, de acuerdo… – dije -. Te daré la persona que buscas. El tipo debía estar enterado de que yo iba a hacer un viaje para el servicio de mensajería FTL. Así es como supo que…

La respuesta me impactó directamente entre los ojos. Me sentí estúpida por no haberme dado cuenta antes. Estaba enterado incluso de los encargos “de prueba” y del tipo de permisos de seguridad que hacían falta para los archivos de armamento. Lo que me hizo darme cuenta de que probablemente tenía acceso a algún otro tipo de datos.

Al otro lado de la mesa, la capitana Hennessy estaba dando golpecitos a la dura superficie de acero del mueble con la punta de un dedo. Parecía estar a punto de marcharse.

- Sé dónde podéis encontrar a Burnett – solté.

- No vamos a volver a eso – contestó la capitana al tiempo que se levantaba de la silla.

- ¡No, espera! Sé cómo se enteró de esos archivos. Trabaja para FTL. ¡Así es cómo se enteró de que yo iba a pasar por la estación Oya y me estaba esperando para robarme el MobiGlas! Por favor, comprobadlo. ¡Y también el electrociclo! Han de tener algún registro que coincida con la descripción que yo os he dado de esa persona. O los registros de empleados de FTL. Estoy segura de que FTL es de donde consigue los archivos que vende a los piratas.

Las palabras salieron de mi boca tan deprisa que cuando terminé tuve que limpiarme la saliva de los labios. No tenía nada más que decir. La capitana Hennessy se había quedado paralizada en mitad del gesto de levantarse de la silla. Algo de lo que yo había dicho le había llamado la atención y se ceño se estaba frunciendo por segundos.

Por último, terminó de enderezarse.

- Tú, quédate aquí – me dijo, y tras esto se fue.

Como si yo pudiera irme.

Esta vez la espera pareció interminable. Para evitar acabar subiéndome por las paredes, me entretuve balanceando las rodillas y donde golpecitos sobre la mesa.

Una década, o quizás una hora, más tarde, la capitana Hennessy volvió a entrar en la sala. Llevaba su MobiGlas en la mano y parecía sorprendida por la información que le mostraba.

- Todo cuadra – dijo la capitana -. Cuando la compañía ha identificado tu descripción y empezado a registrar sus registros, han encontrado irregularidades en el acceso a archivos. Se trata de un miembro de su división de seguridad, lo que explicaría cómo consiguió acceder a archivos como los de datos sobre armamento. No estamos seguros de cuál es el archivo concreto que estaba intentando vender, pero tiene que haberlo conseguido a través de FTL.

- ¿Eso quiere decir que soy libre y puedo marcharme? – pregunté.

La forma en que las comisuras de sus labios se curvaron hacia el suelo hizo que se me agarrotaran las entrañas.

- Todavía no. Nos faltan por comprobar unas cuantas cosas acerca de este tal Burnett antes de que podamos dejarte libre. Pero mientras esperas, hay una cosa que tendrás que hacer antes de que te dejemos marchar.

Mi corazón se encogió mientras la capitana Hennessy se marchaba sin explicarme nada más. La mirada de reproche que me había lanzado antes de irse me había dejado hecha un manojo de nervios.

- ¿Y de qué puede tratarse, en nombre del espacio?

Continuará…

Original.

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