¡Aúpa equipo de Sataball!

Saludos, viajero. Cuando estamos explorando el universo solemos descubrir que, por muy gratas que sean las vistas, es la gente con la que nos encontramos la que lo hace verdaderamente especial. Por eso el equipo de EL AVISTADOR SOCIAL está aquí para haceros conocer de cerca el variado tapiz de culturas únicas que se pueden hallar por todo el Imperio y más allá de él.

Sataball. Un pasatiempo favorito en toda la UEE. Lo que empezó como un simple juego inventado por los niños de los primeros colonos se ha transformado con el transcurso de las décadas en una obsesión imperial y un fenómeno deportivo que mueve miles de millones de créditos. Desde una ruidosa multitud reunida en torno a una gran pantalla de un bar a unos cuantos amigos íntimos contemplando intensamente un mobiGlas, parece que no importa qué planeta o estación visitas, puedes dar por sentado que serás recibido por los familiares sonidos de gente disfrutando de un partido de sataball. Lo que tal vez te resulte interesante saber, no obstante, es que también está empezando a pasar lo mismo fuera del espacio humano.

 

EL FAN DEFINITIVO

No fue hace tanto tiempo que tendrías dificultades para encontrar a un banu en las gradas de un estadio de sataball, pero hoy en día, los fans se han acostumbrado a la visión de un banu lanzando vítores justo a su lado. Según estadísticas proporcionadas por la Liga Profesional de Sataball, en 2944 las ventas a banu comprendieron casi el 35% de los ingresos anuales por venta de entradas, y los sistemas fronterizos tenían una proporción de asistencia todavía más elevada. En consecuencia, algunos lugares han empezado a centrarse en este grupo demográfico ofreciendo concesiones y locutores banu.

Para saber más acerca de este fenómeno en alza, me he puesto en contacto con Joyce Teño, directora gerente de los Nemo Crashers. Según ella, el interés de los banu por el sataball no empezó siendo meramente deportivo:

-Si resulta que veías un banu en un partido, podías dar por sentado que tenía alguna inversión pendiente del resultado, pero supongo que en algún momento, mientras se dedicaban a calcular hándicaps y anotar la diferencia de puntos, acabaron enamorándose del juego. La verdad es que no hay de qué sorprenderse. El sataball ofrece un nivel de emoción y entretenimiento que pocos deportes pueden igualar. Casi todo el mundo acaba enganchado tras ver jugar a los Crashers. No tardamos mucho en pasar de tener un banu a tener una decena, luegos unas cuantas docenas, y ahora tenemos secciones enteras de la grada llenas de banu vitoreando hasta quedarse afónicos.

Pero parece ser que todos esos vítores pueden ser la causa de unos cuentos problemas.

Aunque muchos aprecian el entusiasmo demostrado por los fans banu, parece que algunos espectadores los consideran un poco demasiado ruidosos. Conrad Hatch, un veterano hincha de los Ferran Lancers, nos lo explica:

-Lo que me molesta no es que se dediquen a animar, sino que no paran ni un momento, y eso es inaguantable.

Resulta que la mayoría de banu, en vez de seguir la ruta más tradicional de elegir un equipo favorito al que apoyar, han optado por aclamar en igual medida ambos equipos cuando asisten a un partido de sataball. Mitch Drolt, otro fan de los Ferron Lancers, nos da su opinión:

-Me gusta tenerlos aquí. Te das cuenta de lo mucho que aman el juego y aportan muchísima energía. Hasta el partido más sencillo parece que sea el del siglo. Hace que valores un poco más a los jugadores.

Cuando le pregunté a Joyce acerca de estas distintas reacciones, ella contestó:

-Para ayudar a paliar las quejas de algunos de los fans más descontentos, el sistema gestor de entradas empezó a asignar a los espectadores banu su propia sección de las gradas situada justo en medio de las secciones destinadas al equipo local y al visitante. De esa manera queda mucho más natural cuando se ponen a vitorear tras la conclusión de cada partido.

Evidentemente, la única forma de saber realmente cómo vive un partido un fan banu consiste en estar con ellos durante un encuentro.

 

PASA EL FASA

Mi amistoso vecino, Halito Yuloin, me entrega un humeante envase de cartón y me anima a darle un bocado. A mi alrededor, los banu engullen ávidamente los esponjosos trocitos de fasa, una popular merienda que recuerda ligeramente a un bocadito de calamar rojizo… cuando no están ocupados lanzando gritos de ánimo a los jugadores de sataball, claro. Mientras el balón corre por el campo, Halito se inclina hacia el campo y grita “¡Hace falta defensa!”. Ha gritado exactamente lo mismo hace unos momentos, cuando la posesión del balón la tenía el otro equipo. A Halito le encanta el sataball, y sus momentos favoritos son cuando un equipo tiene que defender su portería, sobre todo si pierden por un punto.

-Esto es gran emoción para mí -explica Halito-. Puedes ver su esfuerzo. ¡El miedo a encajar un punto les hace excepcionales!

Halito vuelve a centrar su atención en el partido, distraído, mientras el público estalla en vítores cuando se bloquea un pase. El banu sentado a mi derecha, Dasana Buleddon me dice lo siguiente:

-Me encanta cuando puntúan. ¡Cuando anotan un punto, eso es mucha emoción!

Lo que hace que los banu se enamoren tanto del sataball son las mécanicas físicas básicas de este deporte. Les da igual quién gane o pierda, lo que les importa es que el partido sea lo más emocionante posible. A mi alrededor oigo voces discutiendo cuál es la mejor estrategia, y si sería mejor que la diferencia de puntos fuera menor o si una amplia diferencia aportaría “la mayor emoción”. Mientras el resto del estadio está dividido entre fans con camisetas doradas y fans con camisetas verdes, la sección banu es un arco iris de colores, ya que muchos de ellos llevan artículos de ambos equipos, o incluso de equipos que no están jugando.

La mejor forma de describir la experiencia es “refrescante”. Con demasiada frecuencia, los hinchas del sataball se ponen violentos al adoptar una mentalidad de “nosotros contra ellos”. ¿Cómo puede gustarte ese equipo? ¡Tu equipo apesta! ¡Mi equipo va a machacar a tu equipo! En vez de eso, mientras estoy sentado con los banu, me hacen recordar mi amor por el juego en si. Lo emocionante que es cuando el balón vuela hacia la portería sin importar quién lo ha lanzado. Cómo una voltereta en gravedad cero para sortear a un defensor ejecutada a la perfección puede ser más hermosa que un ballet coreografiado. Y que cuando no estás pensando en que ha de ganar un equipo concreto, cuando termina el partido siempre sales del estadio sintiéndote como un ganador.

A medida que los banu se vuelven una parte cada vez más importante de la cultura del sataball, resulta difícil no apreciar lo que aportan a ella, y parece que su influencia sólo va a crecer. Los equipos profesionales han empezado a disputar partidos en estadios construidos en espacio banu, y corre el rumor que en la próximo temporada tal vez vayamos a ver al primer jugador profesional banu. Puede que no tardemos mucho en ver sistemas como Yulin o Geddon recibiendo sus propias franquicias de la LPS. Todo lo que yo sé es que, la próxima vez que vaya a un partido de sataball, seré el primer en pedirle a alguien que me pase el fasa.

Original. Revisión por Frost.