Día Uno – Un Nuevo Amanecer

 

DIA UNO: UN NUEVO AMANECER

 

05.04.2946 TET

Por Sean Nazawa

 

FORJA ECO, KILIAN – Justo antes del amanecer, una fina capa de escarcha cubre la inmensa pista de aterrizaje. Para cuando el sol salga, toda la escarcha ya se habrá fundido, pero por ahora le otorga un aspecto etéreo y cristalino a la desolada franja de asfalto.

Estoy ante los oficiales departamentales Arley Finn y Yen Hardigan, ambos instructores con más de setenta años de experiencia naval que ahora tienen la responsabilidad de convertir nuevos reclutas en astronautas. Ahora mismo están enfrascados en un debate acerca de los últimos fichajes de pre-temporada para el equipo de sataball de la ZGCC de Jata mientras tratan de resguardarse del frío.

Tanto la discusión como la búsqueda de cobijo cesarán tan pronto como el transporte que viene de camino aterrice, pero hasta entonces, el OD Hardigan tiene serias dudas de que otro delantero sea lo que el equipo necesita realmente.

Una llamada de comunicador interrumpe su debate. El transporte acaba de entrar en la atmósfera.

Finn dirige su mirada hacia mi.

-Disculpe, ¿le importaría esperar ahí en las cajas de salida? -Finn se ha pasado la mayor parte de su carrera a bordo de naves capitales pequeñas, llevando a cabo patrullas y tareas de seguridad por la frontera xi’an antes de aceptar un traslado para entrenar a la siguiente generación de reclutas navales. Aunque por lo general se le considera uno de los instructores más agradables de la base, también me han dicho que te partirá por la mitad si considera que no estás rindiendo al nivel que el piensa que deberías hacerlo.

-Sí, escritor -añade Hardigan mientras se alisa las arrugas en su chaqueta -. Lo último que queremos que vean los reclutas cuando desembarquen es a un civil ante ellos. Tenemos que proyectar una imagen de fuerza. Tú no la das.

Hardigan se ha abierto camino en la vida luchando. Incluso antes de alistarse, ya estaba luchando en las calles de Angeli e incluso compitió en una liga amateur de Iyo Ti. En la Armada, sirvió en más de dos docenas de escuadrones y ha llevado a cabo todo tipo de misiones en todo tipo de situaciones, pero sigue mostrando constantemente la confianza de un luchador.

El transporte surge de las turbulentas nubes y desciende hacia la pista de aterrizaje. Traza un círculo alrededor de la pista antes de posarse en ella. Por la rampa baja un tropel de reclutas semidormidos; los gritos de un oficial dentro de la nave los hacen moverse como si fueran un rebaño cansado y asustado.

Ahora, todo vestigio de la animada conversación entre colegas sobre equipos de sataball y programas del Espectro ha desaparecido. Finn y Hardigan han adoptado el manto de oficiales departamentales de la Armada de la UEE a los que se les ha encomendado inculcar el entrenamiento y la disciplina que mantendrán a estos reclutas con vida.

Finn y Hardigan vociferan para conseguir que los reclutas adopten algo parecido a una formación, fijándose en los que son demasiado lentos o (aún peor) los que parecen creer que la cosa no va con ellos. Este grupo de reclutas tiene dos ejemplos del último caso. Por una conversación que he tenido antes, sé que a Hardigan le encanta especialmente este tipo de reclutas.

-Siempre me parece increíble -me contó hace unos días-. Esta gente sabe que se está alistando para el servicio militar, pero parecen pensar que son la florecita especial que es más lista que nosotros -tras una breve pausa, termina-. Me encanta esta gente. Esos [censurado] me alegran el día.

Una vez los reclutas están organizados en formación, Hardigan les ofrece una elección. Conocida como el Rubicón, él y Finn van turnándose en explicarle a los reclutas por qué deberían darse la vuelta y regresar al transporte. Ésta será la última oportunidad de los reclutas para repensarse su alistamiento.

Los instructores avanzan metódicamente por entre los reclutas, exigiéndoles que respondan a la pregunta de por qué quieren unirse a su querida Armada. Entre respuesta y respuesta, Finn y Hardigan relatan historias terroríficas que han presenciado a lo largo de su carrera.

-El disparo de un Hunter atravesó limpiamente el casco y provocó incendios en tres cubiertas. Cuatro mecánicos quedaron atrapados en Ingeniería antes de que los mamparos se cerraran. Vi cómo se quemaban hasta que otro disparo purgó la sala. Sacó fuera las llamas como si fueran líquido -Finn deambula por entre los reclutas, estudiando sus rostros mientras habla -. ¿Os lo podéis imaginar? ¿Pasar del fuego al vacío, de un dolor abrasador a empezar a congelarte? Esa gente eran amigos míos y yo no pude hacer una mierda excepto mirar.

-Eso no es nada. ¿Alguna vez has visto a un vanduul de cerca? -le sisea Hardigan a otro recluta, quien niega tímidamente con la cabeza -. ¿Alguna vez has visto lo que le hacen a la gente?

Yo sí que lo he visto. Hardigan prosigue.

-Se nos echaron encima durante una misión por la Picadora. Los escáneres decían que el sistema estaba vacío, pero se equivocaban. Los bastardos duul nos pillaron completamente desprevenidos y trataron de abordar la nave. Yo tenía una colega, Lauren Vogt. Era una piloto acojonante. Valía más que diez o incluso veinte de vosotros. Los vanduul la hicieron pedazos como si no fuera nada.

Mientras me pregunto si alguna de estas historias está exagerada para asustar más a los reclutas, Finn responde a mi pregunta.

-Probablemente estáis pensando que os estamos [censurado].

-Sé que el astronauta Cretino lo está pensando -añade Hardigan, acercándose a uno de los dos reclutas que estaban mostrando una vena antiautoritaria.

-Así es la cosa, gente. Todo lo que os hemos contado es cierto. Y no solo eso, sino que todo lo que hemos contado ha sido presenciado por la persona que lo decía. Ninguna de estas historias es un “conozco a un tipo que se enteró de esto” -Finn vuelve a su lugar a la cabeza del grupo-. No nos hace falta inventarnos historias, porque con la realidad ya hay de sobras. Las cosas son así de serias ahí fuera. Así que, por favor, si no vais a dedicaros a esto por entero, si no vais a dar lo mejor de vosotros por vuestro bien y el de vuestros compatriotas humanos, hacednos un favor a todos..

-Y no hagáis que nos maten.

-Volved a ese transporte y tened una vida genial.

A continuación no hay más que silencio. Esperan. La rampa del transporte sigue bajada.

Ninguno de los reclutas se mueve. Hardigan le hace un gesto de asentimiento a Finn y divide a los reclutas en varios grupos. La mitad del grupo va a ir a Forja Eco, mientras que el grupo de Hardigan correrá los diez kilómetros que hay hasta Forja Quintus, que será su hogar en el futuro inmediato.

En este momento, el sol ya se ha alzado. La escarcha sobre el asfalto ya ha empezado a fundirse. Ahora que los reclutas se han perdido en la distancia, la tripulación del transporte ha salido al exterior para empezar a cargar las cajas que hay junto a mi.

Ahora están completamente relajados. La suboficial que había estado gritando a los reclutas para sacarlos de la nave ha salido también al exterior para disfrutar un poco de la luz solar.

-¿Por qué todo el teatro? -le pregunto.

Ella me responde con una de las risas más cálidas y saludables que jamás he oído.

-Tenemos que hacerles saber que aquello para lo que se han alistado es algo serio. Es un trabajo peligroso, pero importante. El alto mando no quiere que lo dulcifiquemos.

Le pregunto si alguna vez alguien ha dado media vuelta ante el Rubicón.

-Oh, sí -me contesta con una sonrisa -. Yo casi lo hice.

Parece ser que mañana traerán otra remesa de reclutas. La batalla de Vega II he provocado un aumento constante del número de reclutamientos tanto en el Ejército como en la Armada. El resto de la tripulación termina su trabajo y llama a la suboficial, quien asiente y camina de vuelta al transporte.

Antes de que la rampa se cierre, les oigo discutir sobre la próxima temporada de sataball.

Cuando los motores del transporte dejan de oírse, estoy solo en la desolada pista de aterrizaje. El sol pende de lo alto del cielo. La escarcha ha desaparecido por completo. En el horizonte, puedo ver las bajas siluetas de las forjas, afanándose en entrenar a la siguiente oleada de defensores del Imperio.

Vuelvo a pensar en las razones que los distintos reclutas dieron a Finn y Hardigan durante el Rubicón. Había un joven que probablemente acababa de pasar su Equivalencia y venía del río Plantock en Vega II. Había visto su pueblo destruido durante el ataque. Cuando Hardigan le urgió a darle una razón por la que quería alistarse, él le respondió: “para no sentirme indefenso”.

Me di cuenta de que Hardigan había vacilado, mostrando tal vez la única grieta en su representación de OD insensible, antes de recobrar la compostura y seguir adelante.

Indefensión…

Tal vez esa sea una noción con la que todos nos podamos sentir identificados.

FIN DE LA TRANSMISIÓN

Original. Revisión por Frost.