El Primer Encargo: Capítulo 05

EL PRIMER ENCARGO

UNA ENTREGA DE SORRI LYRAX

CAPÍTULO 5

Cuando la Night Stalker, la nave de Burnett, se arrimó al punto de atraque, los sonidos del metal chocando contra el metal resonaron por toda la nave. Inmediatamente después, una débil música empezó a oírse al otro lado del acero del casco exterior.

Mirando por la ventanilla de babor de la Night Stalker, el refugio baqueteado por meteoros de los Diablos Estelares reflejaba la luz rojiza procedente del gigante gaseoso. La base tenía el aspecto de dos o tres viejas Starfarers que hubieran sido recuperadas del chatarrero y soldadas juntas.

- Hogar, dulce hogar – dijo Burnett a mis espaldas.

Me mostró toda su dentadura y siguió contemplando la base de los Diablos Estelares.

- ¿Por qué hace esto? – pregunté.

- ¿Por qué hago el qué?

Una llave inglesa o alguna otra herramienta pesada golpeó contra la esclusa de aire. Nos estaban dando permiso para entrar.

Burnett avanzó hacia la puerta, de forma que yo di un paso adelante -. ¿Por qué robas? Por lo menos explícame eso antes de venderme. Me debes como mínimo eso.

- No, en absoluto – replicó, mirándome con los ojos entrecerrados.

- Bueno, hacerlo no te costará nada.

La garganta de Burnett emitió un ruido que parecía un gruñido.

- Está bien. Tampoco es que vaya a importar mucho. La UEE apesta a corrupción, todas las malditas corporaciones hacen trampas, y si intentas hacer lo correcto te acaban jodiendo. Un día te acabas hartando de todo y decides apoderarte de lo que se te debe.

Puso sus enormes manos sobre ambos paneles de la puerta, y durante un breve momento cerró tan fuerte los puños que sus nudillos crujieron. Meneó la cabeza como si algún recuerdo le estuviera invadiendo.

Cuando volvió a dirigirme la mirada, intenté no dar un paso hacia atrás.

- Mientras estemos aquí, no espero de ti nada más que silencio. Si te portas bien, les diré que tienes algunas habilidades que les podrían ser útiles. Si me cabreas, les diré que sólo vales para una cosa, y supongo que puedes adivinar de cuál se tratará. ¿Lo pillas?

Asentí con la cabeza.

- Bien – dijo, y tecleó el código en la esclusa de aire.

La Night Stalker se llenó de música, si eras bastante liberal con tu definición de música. El rápido ritmo de un bajo sonaba como una única nota atrapada en un bucle y con el volumen subido a un nivel capaz de fundir el cerebro. También se oía el chirriar de otros instrumentos, pero resultaba difícil distinguirlos entre ellos. Sonaba como si los instrumentos se estuvieran desintegrando a medida que los tocaban. El pandemónium resultante podría haber servido como música ambiental para un pandemónium robótico.

Burnett me hizo pasar primero de un empujón mientras yo me tapaba los oídos con la punta de mis dedos. La gravedad artificial estaba establecida a una intensidad realmente alta y mis piernas se tambaleaban con cada paso. Burnett parecía estarla disfrutando.

Las entrañas de la base hacían que su aspecto exterior pareciera un prodigio de la planificación. Tuberías y otras formas aleatorias de metal habían sido soldadas a las paredes. Habían construido en medio del suelo lo que parecía un enorme objeto fálico diseñado para un gigante.

No vi al comité de bienvenida de los Diablos Estelares hasta que el hombre salió de entre las sombras. Tenía el pelo como tubos de goma, un rostro anormalmente alargado, y venas negras como la tinta a lo largo de sus brazos y cuello: las marcas de un usuario habitual de WiDoW.

“Ven con tu hermano, hermana” dijo el excitado Diablo Estelar con el pelo como tubos de goma antes de agarrarme por el brazo y comenzar a arrastrarme por el pasillo. Intenté desasirme, pero él estaba más acostumbrado a la alta gravedad y mis botas iban resbalando sobre el enrejado metálico del suelo emitiendo sonidos metálicos apagados.

Burnett dio un paso adelante y empujó por la espalda al Diablo Estelar, obligándole a soltarme el brazo.

- Mantén apartadas tus malditas manos – dijo Burnett.

- Gracias – dije mientras me frotaba el brazo.

- Todavía no han pagado por ti – me respondió apartando la mirada.

- Bueno, Burnett, ¿nos has traído algo más que un pequeño encargo de decodificación? – se oyó la voz de una mujer por encima de la música.

La mujer era alta y esbelta, como una bailarina, con el pelo peinado en trenzas blancas y negras, y vistiendo un traje de cuero negro. No era guapa, pero tenía la confianza de una modelo.

- Carne fresca, Synthia, si te gusta – contestó Burnett con un encogimiento de hombros – En caso contrario, puedo vendérsela a algún otro. Sólo necesito acceso a este archivo. La chica no es más que un extra.

Synthia me dedicó una mirada evaluativa.

- Sígueme.

El pasillo era más de lo mismo, como el sueño retorcido de un artista demente. Al menos la música no era tan ensordecedora en la siguiente parte de la nave.

Synthia nos llevó hasta lo que parecía ser un bar, si disfrutabas sentándote sobre objetos afilados. Di un vistazo al taburete construido a base de fusiles doblados y permanecí de pie. Burnett prefirió astutamente quedarse reclinado contra la barra, mientras que Synthia tomó asiento sobre una silla de aspecto deforme cuyo respaldo estaba erizado de clavos afilados.

- Veámoslo – dijo Synthia mientras se limpiaba una uña de color ébano.

Burnett sacó del bolsillo de su pecho el MobiGlas robado sujetándolo sólo con dos dedos y se lo arrojó a Synthia como si no fuera nada importante. Supongo que haría algún ruido con mi garganta, porque Burnett dirigió su mirada hacia mí para recordarme que debía mantener la boca cerrada.

Lamiéndose los labios, Synthia estuvo tecleando expertamente en el dispositivo durante un minuto antes de alzar la mirada.

- ¿Y bien? – preguntó Burnett.

- Puede hacerse – contestó ella, y sus labios se curvaron hacia arriba – por el doble del precio habitual.

La vena en el cuello de Burnett empeló a latir violentamente. Debo reconocerle, sin embargo, que contuvo su genio y, tras hacer crujir su cuello, dio su respuesta:

- El ciento cincuenta por ciento y te quedas con ella – dijo señalándome con la cabeza.

La boca de Synthia se curvó hacia abajo en una mueca de desaprobación -. ¿Ella? Estás bromeando, ¿verdad? Por ese precio, será mejor que sea capaz de hacerle un puente a un Avenger con los ojos vendados.

De dentro del pecho de Burnett empezó a oírse un gruñido. Cuando bajó la mirada, me di cuenta de que estaba a punto de ceder.

Si me hubierais preguntado más tarde porqué abrí la boca, os diría que fue cuestión de rapidez mental, pero estaría mintiendo. La verdad es que no se trató de nada más que orgullo, y eso que yo ni siquiera sabía de cuántos créditos estaban hablando.

- Valgo el doble de eso – dije, justo cuando Burnett estaba a punto de hablar.

El asombro se propagó por el rostro de Synthia como los efectos de un terremoto, lo que fue probablemente la única razón que le impidió darse cuenta de que Burnett estaba a punto de ponerme las manos encima y empezar a estrangularme.

- Soy una química capacitada – espeté -. Puedo duplicar la eficiencia de vuestro proceso de fabricación de WiDoW. Y no hablo de cortarlo con basura. Será únicamente de alta calidad. Menos efectos secundarios y mayores tasas de venta.

- ¿Burnett? – preguntó Synthia -. ¿Por qué no has empezado por aquí? Estoy tan interesada como una sexobot, pero no intentes mascarme. Si está mintiendo y haciéndome perder el tiempo, entonces será el doscientos cincuenta.

Si la vena en el cuello de Burnett hubiera reventado en ese preciso momento, no me habría sorprendido.

Escupí las palabras antes de que pudiera arruinarme el farol: – Mi padre tenía un bar, y elaborábamos nuestra propia cerveza, y cuando los tiempos se ponían difíciles, elaborábamos otras cosas.

- Podrías estar mintiendo, chica – dijo Synthia, tocándose el labio inferior con su uña negra.

- Está todo en mi MobiGlas, dentro de la nave. Certificaciones de cerveceros, textos de química, todo el proceso. Ya veréis. Dejadme ir a por él y os lo mostraré.

Cuando me moví hacia la puerta, Burnett me cogió por el brazo. Sus dedos se enterraron en mis músculos y tuve que reprimir un grito de dolor.

- Yo. Lo. Cogeré – me dijo pronunciando cada palabra con tal tono de amenaza que yo ya podía sentir mis huesos rompiéndose. Ahora ya no iba a limitarse a arrojarme por la esclusa, sino que me iba a romper el cuerpo poco a poco.

- Tú te quedas – dijo señalando con su grueso dedo un taburete que hacía pareja con el de Synthia.

Después de que Burnett se fuera, Synthia cruzó los brazos, inclinó la cabeza, y se lamió los labios en un gesto de anticipación.

- Estás mintiendo, ¿verdad?

Yo acababa de marcarme el farol del viajero espacial sin haber planeado nada por anticipado, pero la forma en que Synthia me miró, la manera en que sus ojos se entrecerraron y chispearon con una luz traviesa, me hicieron comprender que más me valía que se me ocurriera algo en seguida.

Masajeándome las sienes, intenté pensar en algo. Fuera lo que fuera, tenía que ser rápido. Burnett volvería pronto con mi MobiGlas y entonces yo podría darme por muerta.

MobiGlas.

Mi MobiGlas.

- Me ha secuestrado – dije -. Soy una mensajera. La mensajera que tenía que llevar ese MobiGlas. Quería arrojarme por la esclusa, pero le conté lo de la baliza que la compañía nos da para casos de emergencia. Así que decidió quedarse conmigo para cubrir su rastro de lo que está en el otro MobiGlas.

- ¿Y por qué debería creerte? – preguntó Synthia.

- No te hace falta creerme. Créetelo a él. He grabado todo lo que ha dicho – O por lo menos espero haberlo hecho -. Está guardado en el MobiGlas. Te mostraré la grabación cuando esté de vuelta.

Synthia estiró el cuello y se apartó sus trenzas para que colgaran sobre su hombro. Luego subvocalizó algunas órdenes, supuse que para llamar refuerzos, y me dirigió una perezosa mirada de “espera y mira”.

Cuando Burnett regresó, me arrojó el MobiGlas. Sus labios estaban lívidos y sus fosas nasales se dilataban en espasmos.

- Muéstrale tus archivos.

Empecé a teclear, soltando mentalmente un grito de júbilo cuando descubrí que el aparato todavía estaba grabando, y le entregué el MobiGlas a Synthia, quien dejó el otro sobre la mesa y empezó a mirar la grabación.

Cuando media docena de otros miembros de los Demonios Estelares aparecieron llevando tuberías de plomo y palanquetas, cada uno de ellos con un aspecto sucesivamente más espeluznante que el anterior, Burnett volvió su espalda hacia la barra del bar y mostró los dientes. Sus ojos repasaron toda la habitación. Sabía que estaba a punto de pasar algo.

- ¿Que la UEE caiga sobre nuestras cabezas? – preguntó Synthia -. Eso no es algo agradable que hacerle a un socio de negocios. A lo mejor, cuando haya accedido a esos archivos, deberíamos hacerte tragar este MobiGlas y arrojarte a ti por la esclusa.

Me fui apartando de Burnett a medida que los demás se le iban acercando. Burnett hizo crujir sus nudillos y parecía listo para una pelea. A pesar de estar ampliamente superado en número, no aparentaba estar intimidado. De hecho, parecía complemente dispuesto para empezar a asestar puñetazos.

- Iba a finiquitarte – dijo Synthia – pero decidí permitir a la banda divertirse un poco primero. No se les suelen presentar oportunidades así.

Cuando Burnett inició una embestida a la desesperada contra Synthia, los demás atacaron. La pelea degeneró rápidamente en un intercambio de golpes con armas contundentes y puñetazos, y Burnett, a pesar de estar desarmado y superado en número, estaba aguantando sorprendentemente bien. Aproveché la distracción para coger el MobiGlas de la compañía y salir pitando del a habitación, aunque por desgracia eso significó tener que dejar atrás mi MobiGlas personal.

No estaba segura de si me habían visto huir, pero seguí corriendo como si lo hubieran hecho. Por suerte, cada corredor era tan diferente a los demás que no me supuso ninguna dificultad encontrar el camino de vuelta a la Night Stalker.

Cuando la esclusa se cerró, corrí a la cabina de pilotaje y empecé a golpear botones, esperando que Burnett no hubiera bloqueado el sistema.

Cuando acerté con la secuencia correcta y la Night Stalker se desacopló de la base de los Diables Estelares, apunté el morro de la nave hacia Oya III, preparando los motores para la máxima potencia. Abrochándome el arnés, me preparé para la aceleración, cuando una explosión sacudió la nave.

Continuará…

Original.

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