El Primer Encargo: Capítulo 11

EL PRIMER ENCARGO

UNA ENTREGA DE SORRI LYRAX

CAPÍTULO 11

Cuando se abrió la puerta, dando paso al parloteo de un de funcionarios que estaban pasando ante ella, pensé que iba a ser la capitana Hennessy. Si me hubieras pedido que adivinara quien iba a entrar antes de que se abriera la puerta, jamás habría acertado la respuesta. Ni aunque me hubieras dado de tiempo hasta la muerte térmica del universo.

En mis veinte años de vida en el Imperio, mi padre jamás había abandonado la Horda Dorada. Hasta ahora.

A primera vista, no podía creerme lo mucho que le había encanecido el cabello. Y los pequeños mechones de pelo que tenía en las orejas y que mamá solía obligarle a cortarse estaban totalmente fuera de control.

Pero lo que más me sorprendió fue la expresión de su cara. Yo habría esperado rabia, o uno de sus fruncimientos de ceño patentados, pero nunca una calma mortal.

Sus ojos tenían ese aspecto que yo recordaba del funeral de mamá: vidriosos y distantes, como si cualquier emoción fuerte que hubiera albergado antes hubiera quedado ahogada por la pena hasta convertirse en barro.

Papá se quedó de pie con una mano apoyada en la silla. Pocas veces lo había visto sin un trapo o una jarra en la mano. Era casi como si no supiera qué hacer con esa mano, ya que su cuerpo daba un respingo cada vez que tocaba con ella la silla.

- Sorri – dijo.

- Lo siento.

Sus ojos se estrecharon por la ira.

- ¿No es suficiente con que perdiera a tu madre? La capitana Hennessy me ha explicado que estás encubriendo a ese ladrón, sea quien sea el que te metió en este lío.

Apoyé mis manos en la mesa para ganar estabilidad.

- Te juro que no ha sido culpa mía. La mayor parte del tiempo no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo.

Me atravesó con la mirada. Siempre se le había dado bien saber cuándo le estaba mintiendo.

- Sorri Abigail Lyrax. Nunca te he visto en una situación en la que no supieras lo que estaba ocurriendo. Son las mismas excusas que me diste cuando estabas con esa banda. Eres un chica inteligente, más lista incluso que tu madre, y ella habría sido capaz – su rostro se arrugó mientras procuraba ocultar sus sentimientos – … ella habría sido capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera, exactamente igual que tú.

Sentí como el corazón se me apretujaba hasta que parecía estar a punto de romperse. Pero mientras permanecía ahí sentada, tambaleándome por la conmoción emocional, mis manos, que todavía tenía extendidas sobre la mesa, se fueron cerrando lentamente hasta formar un puño cerrado. Apreté hasta que mis nudillos quedaron blancos y me enrojeció el rostro.

- Está muerta, papá. Está muerta y se ha ido. Ahora yo tengo que vivir mi propia vida. Cometer mis propios errores. No puedo tratar su recuerdo como si fuera un frágil vaso de cristal. Y ella no era perfecta como tú intentas hacerme creer. Se equivocaba tanto como lo hacemos tú y yo. La única diferencia es que ella lo hacía con más estilo.

Me limpié la nariz con la manga de mi sufrido suéter de lana y me sorbí los mocos.

- Sí, todo este asunto ha sido un completo desastre. Una calamidad ha llevado a otra y al final yo estaba dando tumbos por el espacio esperando que no me volaran en pedazos. Pero esas han sido las decisiones que he tomado. Creo que teniendo en cuenta las circunstancias me las he apañado bastante bien. Tendrías que haberme visto, papá. Realmente tendrías que haberme visto.

Papá apretó los labios y agarró la silla con sus gruesas manos de camarero. Era incapaz de mirarme, y mantenía los ojos fijos en la mesa de acero inoxidable.

Cuando por fin levantó la mirada, nos quedamos los dos mirándonos el uno al otro durante un rato. Luego soltó la silla y salió de la habitación.

Desearía poder decir que en ese momento alcanzamos algún tipo de acuerdo en silencio. Que reconciliamos nuestras diferencias entre padre e hija sin necesidad de hablar. Pero como todo lo demás, no iba a ser tan fácil.

Sabía que le llevaría muchísimo tiempo perdonarme por lo que había pasado. Por lo que yo sabía, tal vez no me perdonara nunca. Pero eso me parecía bien. Lo importante era que yo me había perdonado a mí misma.

Al principio del viaje me había pasado todo el rato preocupada por lo que papá estaría pensando acerca de mis decisiones, grabando los acontecimientos para que luego pudiera enseñarle que no era para tanto. Pero él no era la razón por la que yo había hecho eso. La razón era yo misma. De alguna manera, al justificarle mis decisiones, las estaba justificando también para mí misma.

Pero supongo que al final no me había sido necesario todo eso.

La capitana Hennessy volvió a entrar por la puerta con una mirada inquisitiva en el rostro. Su expresión se había ablandado.

- ¿Cómo ha ido?

Su preocupación me sorprendió hasta que recordé la conversación que había tenido con ella cuando nos conocimos por primera vez, cuando me habían detenido en la estación Oya. Yo le había insinuado brevemente las dificultades que tenía con mi padre, deduciendo que ella debía haber tenido sus propios problemas. La capitana debía haber sido la persona que se había puesto en contacto con papá.

- No lo ha entendido – contenté, meando la cabeza, y recibiendo un leve suspiro de la capitana como respuesta -. Pero quizás ahora todo tenga un poco más de sentido para mí.

La capitana de Hennessy hizo un gesto de asentimiento como dando a entender que sabía de lo que estaba hablando.

- Bueno, mañana estarás libre bajo fianza, mientras acabamos de revisar los últimos aspectos de este caso – la capitana me dedicó una sonrisa resultante -. Sólo formalidades, espero.

- ¿Quién ha pagado la fianza?

- FTL – la capitana buscó algo en su bolsillo y sacó de él un documento impreso – Toma, puedes leer el mensaje que han enviado.

Cogí con las dos manos la hoja de papel y leí el mensaje. Tuve que leerlo tres veces sólo para estar segura de lo que ponía. La cabeza me daba vueltas cuando entendí por fin su significado.

- Felicidades – dijo la capitana -. Lo leí mientras venía. Pleno empleo tras tu primera entrega. Esa es toda una hazaña.

- Pero si ni siquiera llegué a completar mi entrega.

La capitana se encogió de hombros.

- Tal como han dicho, intentaste recuperar el MobiGlas poniendo en peligro tu vida, y en ningún momento revelaste ninguna información sobre la compañía, y al final les ayudaste a localizar una filtración en su sistema de seguridad.

- No sé qué decir.

- Bueno, tienes todo el viaje de vuelta a Castra para pensar en algo.

Al día siguiente, la capitana Hennessy me acompañó fuera del puesto de seguridad y me entregó el vale de la FTL para mi viaje de vuelta.

- Siento lo de tu padre – me dijo antes de que me marchara.

- Siento lo de tus vacaciones – contesté yo.

Se encogió de hombros.

- Nada sale nunca como tú te esperas.

Nos separamos y yo tomé un hovertaxi para el puerto de Nueva Alejandría. El trayecto hasta la nave que me llevaría de vuelta a Castra no pareció tomar tanto tiempo como me lo había parecido la primera vez.

Al poco rato estaba ocupando un asiento de la Solar Jammer y atándome el arnés de seguridad. Mi emoción por estar en el espacio había quedado un poco amortiguada por los acontecimientos de la última semana, lo que a mí ya me parecía bien. Ahora lo que quería era un poco de paz y tranquilidad. Me gustaba pensar que me lo había ganado.

Me estaba acomodando en mi asiento, extendiendo sobre mis manos las mangas de mi suéter de lana para mantenerlas calientes, cuando el azafato entró en la cabina transportando una jaula familiar. Me levanté de un salto y empecé a mirar alrededor buscando a Dario.

Pero entonces el azafato se detuvo frente a mi asiento y depositó la jaula para animales sobre el asiento vacío contiguo al mío.

- Su mascota, señorita. Lamento el retraso – dijo antes de volver al pasillo.

Unos grandes ojos dorados me contemplaban desde el interior de la jaula, así que abrí la parte delantera y dejé que el lince de cola roja saltara a mi falda. Sus patitas se hundieron en mi suéter de lana y, mientras apretujaba su cabeza peluda contra mi barbilla, me fijé en que había una caja dentro de la jaula para animales.

La saqué del interior. Tenía una nota pegada donde ponía: “Para Sorri”.

Abrí la caja y encontré en su interior un MobiGlas completamente nuevo. Lo examiné como si fuera capaz de detectar cualquier archivo oculto en su interior antes de depositarlo en mi bolsillo. Y luego abrí la nota que acompañaba la caja.

La nota decía: “Gracias por la aventura. Espero que podamos repetirlo algún día. Ya sabes cómo ponerte en contacto conmigo si lo necesitas. Tu amigo. D.”

Una rápida comprobación del MobiGlas reveló un pequeño programa con un gran botón rojo que decía: “Para la aventura”. Sonreí y escondí el programa en el directorio más recóndito. No quería ejecutarlo por accidente. De momento.

A medida que la Solar Jammer iba acelerando para alejarse de la estación Oya, el lince de cola roja se acurrucó todavía más en las profundidades de mi suéter de lana y enrolló su cola en torno a mi brazo. Apoyé la cabeza contra el cojín del asiento y suspiré, dejando que el cansancio acumulado durante la última semana se apoderara de mí. A medida que mis párpados se iban cerrando, un último pensamiento cruzó mi mente:

- Creo que se llamará Abby, como mi madre.

FIN

Original.

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