Historias de Kid Crimson: Capítulo 02

HISTORIAS DE KID CRIMSON
Capítulo 2

El frío mar del espacio. A algunas personas les encanta. Disfrutan en él. Nunca lo he entendido. Para ellos representa la libertad. A mí me parece una prisión, o peor todavía, un verdugo apostado encima de ti, esperando la aparición de esa brecha en el casco que te aspirará al exterior.

Por alguna razón, siempre me pongo un poco morboso cuando estoy a punto de aterrizar. El Centro de Carga Covalex se estaba acercando. Por el altavoz de mi sistema de comunicaciones crepitó una voz.

-Prepárese para verificación de identidad. -Examiné mis identidades hasta encontrar una que estuviera limpia y la envié. La inspeccionaron durante un par de segundos.
-Gracias, señorita Bally-wa. Ala 2, hangar 4, bahía de atraque 32. –El controlador de tráfico cortó la transmisión.
Varios consorcios de transporte habían unido esfuerzos para construir todo un grupo de estos Centros como lugares donde poder detenerse y efectuar transferencias de carga, así como para los comerciantes y transportistas que no quisieran tener que tratar con las molestias que representa tener que aterrizar en un planeta. En pocas palabras, aquí es donde me gano la vida.
-Hey, Ethan. –Oh, venga. Si acababa de llegar.
Me di la vuelta lentamente. Raj Benny. No se me ocurría ninguna razón por la que pudiera estar enfadado conmigo.
-Hey, Raj. ¿Buscas algo?
-Sí, ya sabes. Mirando cómo está la cosa.
Para ser un matón, Raj era bastante decente. Pero podía volverse muy irascible. Aunque eso suele ser habitual con los tevarin, yo había visto cómo sus ataques de ira lo llevaban a sitios donde no habría hecho falta ir. En el pasado eso había sido la causa de alguna tensión entre nosotros, pero claramente hoy no. Dicho esto, uno de estos días probablemente acabaremos matándonos uno al otro. Pero hasta entonces, no había ninguna razón por la que no pudiéramos comportarnos civilizadamente.
-¿Algo prometedor? –pregunté mientras me volvía hacia la multitud. Raj se encogió de hombros y tomó un trago de HydroFroz.
-En realidad, no. –Sus ojos negros como la pez se fijaron entonces en algo y hizo un rápido gesto con la cabeza. Era una agente de la Fiscalía. No la reconocí. Tampoco estaba intentando ser discreta.
-Hasta luego. –Raj me abandonó y desapareció entre la multitud. Yo hice lo mismo.

La Puerta era un tugurio donde transportistas, mercaderes y comerciantes podían comer y beber algo, quizás hasta dormir una o dos horas en alguno de los armarios litera para una sola persona que albergaba en su parte trasera. Era divertido de ver. Verás, cuando reúnes en un mismo sitio a un grupo de vagamundos con dinero en los bolsillos, el lugar se convierte en un imán para los oportunistas, los cuales por desgracia incluyen a gente como yo.
Conseguí algo de RealWater y me senté en una esquina desde donde tenía una buena vista de la sala.
Tres vasos vacíos más tarde las cosas no parecían demasiado halagüeñas. Entonces se escuchó romper un vaso. Un par de cabezas se giraron, la mía incluida. Un transportista se puso en pie, completamente borracho. Las venas de su frente palpitaban como si estuvieran intentando soltarse del cráneo. Era una partida de Trigger que había terminado mal.
-¡Te he llamado tramposo! Si me dices que lo repita, te lo grabaré en la cara, a ver si así me oyes. –Seguridad empezó a rodearlo. Los demás jugadores se quedaron quietos, temerosos de que el menor movimiento o reacción lo incitará todavía más.
-¡Resolvedlo fuera!-gritó el barman.
-¡Que te den, escoria! A menos que tú también quieras bailar. –Los de Seguridad agarraron al borracho por los brazos y lo arrastraron hasta la entrada. Pateó un par de mesas durante el trayecto, derramando las bebidas. Se echó a reír, disfrutando de la perturbación que causaba.
El tipo prometía. Lo arrojaron fuera. Logró ponerse en pie y soltó un torrente continuo de obscenidades durante unos cinco minutos antes de disponerse a marcharse.
Lo seguí con cuidado a pesar de que estaba apenas consciente, sólo por si algún otro buitre había presenciado el espectáculo. Finalmente logró encontrar el camino de vuelta a las bahías de atraque. Subió a una baqueteada MISC Fiera, resbalando dos veces en la escalera. En la panza de la nave había una bodega de carga desechable. Sus motores empezaron a encenderse con lentitud.

Repitiendo una y otra vez el número de registro de la nave, corrí de vuelta a mi bahía de atraque y despegué.
Lo alcancé en el exterior de la bahía de despegue. Los propulsores principales de la Fiera terminaron por fin su proceso de encendido y la nave empezó a acelerar con lentitud. Mantuve las distancias, de nuevo más preocupado por cualquier competidor potencial que de que este idiota se diera cuenta de mi presencia.
Le llevó tres horas separarse del tráfico. No sabía a dónde se estaba dirigiendo, pero resultaba obvio que quería pasar desapercibido. A mí ya me iba bien. Haría que mi trabajo fuera cien veces más fácil. Le dejé ir a la deriva un ratito más. Que se convenciera de que todo estaba bien y tranquilo. Entonces hice mi jugada.

Aparecí justo enfrente de la carlinga de la Fiera, activando la electropiel mientras calentaba mis cañones principales. La pintura en el fuselaje de mi nave cambió al diseño salpicado de sangre por el que yo era conocido.
Podría verlo en su carlinga, con la boca abierta, completamente atónito. Establecí comunicación.
-A juzgar por la expresión de tu cara, deduzco que sabes quién soy. –Apenas fue capaz de asentir con la cabeza-. De acuerdo, estas son las reglas. Si huyes, mueres. ¿Estamos de acuerdo en ese punto?
Asintió de nuevo. Le resumí rápidamente el resto de mis reglas. Todas terminaban más o menos igual que la primera. Para cuando le ordené que soltara su carga, estaba completamente sumiso. Desacopló la carga y se apartó de ella.
Maniobré en torno a la carga hasta que estuvo acoplada a mi nave.
-Ahora lárgate. –Salió pitando de allí. Yo no iba a hacer un examen exhaustivo no fuera el caso de que decidiera acudir a la policía, pero tenía que echar por lo menos una ojeada. A los sistemas de mi nave les llevó un poco de tiempo aceptar el protocolo de computación de la carga, pero cuando lo hicieron pude tener acceso visual a su interior.
-Ven aquí, día de paga.
En mi pantalla apareció una imagen. Tuve que intensificar la señal para aclararla. Por fin pude ver lo que había dentro…
Gente. Hambrienta. Demacrada. Algunos humanos, unos cuantos banu y tevarin, y un par que no pude reconocer. Empecé a verlo todo en rojo. Era un traficante de sentientes. Los mayors bastardos parásitos comedores de escoria en toda…
Puse los propulsores a máxima potencia y di la vuelta. Apenas podía ver el resplandor de sus propulsores en la distancia. No iba a escapar. Al infierno con todo.
Estaba cada vez más cerca. Con este iba a tomarme mi tiempo. Cortarlo tan lentamente y durante tanto tiempo que no sería capaz de recordar una vida sin dolor. Primero pensaba…
Dos misiles me adelantaron dirigiéndose contra el traficante. El primero destruyó su propulsor, el otro estalló justo detrás de la carlinga. La explosión de antimateria incineró la Fiera por completo. Mis compensadores de polarización se activaron. Cuando se apagaron, la nave había desaparecido. Y el autor de los disparos había hecho lo mismo. No había ningún rastro de él en los sensores.
De forma que allí estaba yo. Solo y con una carga llena de esclavos. Con mi sangre todavía hirviendo.
Raj no era el único con problemas de temperamento.

CONTINUARÁ. . .

Original.