Historias de Kid Crimson: Capítulo 04

HISTORIAS DE KID CRIMSON
Capítulo 4

Tres sistemas más allá de donde me había librado de la agente de la Fiscalía. Si seguía adelante empezaría a encontrarme con sistemas más poblados. La Instalación Minera Arshop flotaba entre las titánicas rocas del sistema Magnus. Lo que hace casi cincuenta años era una operación completamente automatizada ahora era una carcasa decrépita de su antigua gloria tecnológica, operado por una tripulación mínima de excavadores y mineros de espacio profundo.

Conocía a Klay de la temporada que pasé trabajando como cobrador de deudas (es decir, matón) para un miserable desgraciado de Armitage. Klay había sido Ciudadano, pero tras unas cuantas malas decisiones y un divorcio nefasto, empezó a tocar fondo. Para cuando me encargaron ir a por él, su Ciudadanía había sido revocada y su familia y vida habían desaparecido. Cuando abrí de una patada la puerta de su hotel, me pidió sin rodeos que le hiciera daño. Veréis, Klay había alcanzado un punto mucho peor que estar con la espalda contra la pared o haber tocado fondo. Había alcanzado el punto en el que sabes que el fondo sube a por tí, y mejor que tú estés en cualquier otro sitio antes de que te alcance. Bueno, al final no llegué a cobrarle la deuda, y a lo largo de los años he hecho lo que he podido para ayudarle. Ahora estaba trabajando como geólogo (no cualificado) en esta pequeña isla paradisíaca en la que había conseguido despejarme una bahía de atraque.

-No vas a quedarte mucho tiempo, ¿verdad? No estoy seguro de cuánto tiempo podré mantener esta bahía desconectada –dijo Klay-. Miró a su alrededor con nerviosismo.
-Tranquilo, Klay. Sólo me quedaré el tiempo necesario para ordenar mis pensamientos y luego me perderás de vista.
-Gracias. El jefe ha estado encima de mí toda la semana –Klay se relajó un poco.
-No te preocupes, colega. Todo irá bien –dije mientras abría la bodega de carga, revelando las pilas de esclavos comatosos. Klay estuvo a punto de tener un infarto.
-Pero qué… ¿estás loco? –se precipitó hacia adelante y trató de cerrar las puertas.
-¡Klay! Tranquilízate –me quedé mirándolo hasta que finalmente soltó la puerta.

Entré en la bodega y empecé a descongelar a un humano. Le llevó unos veinte minutos despertarse, otros diez para que su cuerpo se recuperara del trauma, y luego se desmayó y tardamos quince minutos más en volver a despertarlo. Para cuando estuvo consciente y capaz de moverse, Klay estaba casi histérico.
El humano estaba probablemente en los últimos años de la adolescencia. Los tatuajes locales y el código de procesamiento de un centro de detención juvenil lo situaban cerca de Terra. Pude ver que ya le habían implantado el taco identificador en su muñeca. Utilizado principalmente como localizador, también es un signo universal que marca a alguien como propiedad de otro. Estaba temblando cuando le conté a grandes rasgos lo que le había pasado. Se estaba tomando las noticias bastante bien.

-Bueno, siempre quise ver los otros sistemas algún día –dijo finalmente-. Klay y yo nos miramos el uno al otro. Bromeando. Este chico había evitado por poco una vida picando rocas en alguna luna lejana o algo peor, y estaba bromeando.
-¿Qué fue lo último que recuerdas?
-Ah… un club en Prime. Estaba hablando con esa chica tan guapa. Tío, tenía un cuerpazo…
-Por favor, cíñete al tema –le interrumpió Klay.
-Estábamos bailando y de repente ella empieza a hablar acerca de intentar conseguir un poco de Neón. Que si yo tenía un poco. Que si yo conocía a alguien que tuviera. Ya sabes, lo de siempre –se nos quedó mirando, pero al no encontrar la aprobación que estaba buscando, prosiguió.
-Así que voy a ver a ese tío, Kendrick, al que ya le había comprando antes. Dijo que no le quedaba, pero que tal vez conociera un tipo… –el pie de Klay golpeaba contra el suelo cada vez más y más rápido. Estaba perdiendo la paciencia a cada nanosegundo. Yo quería dejar divagar al chaval. A veces los mejores detalles se encuentran en hechos que parecen no tener nada que ver con el tema. Pero Klay tenía razón en una cosa, las cosas se podrían poner realmente feas si la persona equivocada entraba por esa puerta.
-Así que fuimos a la pista de aterrizaje. Allí…
-¿Dónde era eso? –necesitaba que el chaval empezara a decir cosas concretas.
-En el lado oriental, creo. Pasamos por un puente. -Me pareció que conocía ese lugar-. Así que llegamos a ese sitio y la chica empieza a… espera, ¿está aquí? ¿La has despertado también?
El chaval empieza a levantarse para mirar en la bodega de carga. Yo no había visto ninguna hembra humana en la lista. Debían haberla vendido a algún otro. Le hice señas de que continuara. Pilló la idea y se sentó lentamente.
-Ya, bueno, entonces fue cuando las cosas se pusieron chungas porque había como unos seis tipos esperando. Uno de ellos la agarra. Yo empecé a moverme y entonces… entonces todo se volvió negro. Lo siguiente que supe es que estoy aquí.
-¿Había algo que te llamara la atención de los tipos que os asaltaron, algo específico?
-No lo sé, ¿vale? –estaba empezando a ponerse nervioso. Su cuerpo empezó a agitarse de nuevo, su sistema todavía estaba luchando contra los efectos de las drogas. Klay le derramó encima un cubo de agua. Le dejé descansar un momento. Klay aprovechó para acercárseme.
-¿Qué vas a hacer con él? –me susurró.
-¿Él? ¡Tengo catorce más ahí dentro!
“Si no recuerda nada, no tengo nada”, pensé. Algo que se parecía a una idea me llamó la atención.
-Hey, Klay.
-¿Sí?
-Tus chicos no estarán buscando gente, ¿verdad? –Klay se quedó mirándome.
El resto de los esclavos salió del sueño más o menos como el chaval. Confusos y aterrorizados. Klay habló con el capataz y se les ocurrió una forma de que los esclavos se pagaran el viaje de vuelta a casa trabajando. Yo no confiaba del todo en el capataz, pero estaba bastante seguro de que Klay cumpliría su parte del trato. Si decía que podrían hacer que funcionara, yo le creía… porque él sabía que de lo contrario yo estrellaría esta estación contra la estrella más cercana.
Subí de nuevo al asiento del piloto, dispuesto a declarar todo este asunto una completa pérdida de tiempo, cuando el chaval vino corriendo, en la mano sujetaba un tazón de sopa.
-Hey, señor. Quería darle las gracias por todo lo que ha hecho.
-De nada, chaval.
-Siento haber perdido los nervios, pero creo que había una cosa más. Antes de que me quedara inconsciente, apareció alguien más. Alguien al que los otros tipos parecían conocer.
-¿Ah, sí? ¿Dijeron algún nombre?
-Sí. Lo llamaron Kid Crimson.

CONTINUARÁ. . .

Original.