Historias de Kid Crimson: Capítulo 07

HISTORIAS DE KID CRIMSON
Capítulo 7

Caro era el Senador Hannigan. En el instante en que encajé las piezas, todo empezó a cobrar perfecto sentido: las naves del Senado no están sujetas a las inspecciones aduaneras, su cargo le permitía controlar y obstaculizar las investigaciones de la Fiscalía, el bastardo estaba incluso en el Subcomité para la Expansión y Desarrollo, lo que le daba acceso completo a todos esos mundos vírgenes, repletos de mano de obra por esclavizar.
Cuantas más vueltas le daba a la idea en mi cabeza, más obvio me parecía. La solución también empezó a parecerme evidente.

El proyectil del rifle de riel de precisión K&W LR-620 puede atravesar 36 milímetros de titanio a una distancia de tres mil metros. Es caro, pero si quieres una muerte asegurada, vale lo que cuesta.
En el ático de Dovkin, el fusil parecía una más de las carísimas obras de arte que adornaban las paredes. El diseño limpio. La colocación impecable de cada elemento. Era hermoso. Quién sabe, puede que incluso llegara a alcanzar la santidad una vez hubiera reventado el cráneo del peor traficante en toda la UEE.
Dovkin me trajo una bebida. La cogí y tomé un sorbo. Había sacado el mejor material que tenía. Esperada poder hacer una venta.
Dovkin era un hombre diminuto con un rostro huesudo. Se alisó la chaqueta mientras se apoyaba contra la pared y me vigilaba. Raj nos había puesto en contacto un par de años atrás. Aunque ya había varias transacciones entre nosotros, no éramos amigos bajo ningún concepto. Dovkin no negociaba con amigos. Era un arreglador, sólo negociaba con conocidos.
-El registro está limpio. Te garantizo que no aparecerá en ningún sistema.
-Ahórrame la verborrea, Dovkin –dije mientras levantaba el rifle, encendía las mirillas, y comprobaba su peso. Se sentía bien, equilibrado-. Ya sé que sólo tratas con mercancía limpia.
-Recuerda eso cuando te diga el precio –su boca se torció en una sonrisa abyecta.
-Lo vale.
A Dovkin le brillaban los ojos.
-Debe ser alguien importante. Casi me gustaría saber quién –dijo Dovkin riendo entre dientes. Yo seguía con la mira un taxi moviéndose a lo lejos.

* * * * *

Tenía la herramienta. Ahora necesitaba centrarme en el hombre, ver cómo vivía. Finiquitar un Senador de la UEE no es algo que deba tomarse a la ligera. Aunque matar a alguien es fácil (dilemas éticos y morales aparte), la auténtica dificultad consistía en salir bien librado de ello.
Las celebraciones del Día de la Ciudadanía en Terra duraban todo el fin de semana y el Senador Hannigan era el invitado de honor. Repasé las NewsOrgs locales y me resultaron de mucha ayuda a la hora de confeccionarme una agenda aproximada de las apariciones del Senador.
De aquí en adelante, tenía que convertirme en un fantasma. Marcadeláser sabía que yo seguía ahí fuera. Se le podía ocurrir la idea de que Falso-yo hubiera tenido tiempo de revelarme la auténtica identidad de Hannigan, pero yo conocía la reputación de Caro, y era la de alguien tan escurridizo que resultaba sumamente improbable que hubiera estado alguna vez cerca de Falso-yo. La visión de Marcadeláser junto a Hannigan en el canal de noticias había sido puro accidente. No tenía manera de saber que yo había visto eso. Aún así, apostaría mi nave a que Marcadeláser era un tipo precavido, así que daba por seguro que habrían aumentado el número de agentes de seguridad, apostado contra-francotiradores, y quizás incluso realizaran barridos aleatorios entre el público en busca de armas.
En la pantalla, el canal de noticias mostraba grabaciones de Hannigan en la inauguración de algún nuevo vivario. Las cámaras capturaban cada uno de sus movimientos. Sonreía a cada paso que daba entre la multitud, como lo haría un hombre sin ninguna carga en su conciencia, alguien convencido de que ninguno de sus muchísimos pecados llegaría alguna vez a reaparecer para atormentarlo. Mi cabeza empezó a dar vueltas…

* * * * *

Corría. Sangre, sudor, y ese maldito polvo rojo seguían metiéndose en mis ojos. Teníamos que mantenernos en movimiento, por lo menos hasta que se hiciera de noche. En los corrales, yo había oído a los guardias quejarse de lo malos que eran sus visores ópticos. Eso significa que de noche les resultaría más difícil seguirnos el rastro. Tendríamos una oportunidad.
Así que corrimos. Podía sentir su mano sujetando la mía. Incluso a través de la áspera arcilla roja apelmazada que nos cubría a los dos, seguía pudiendo notar su piel. Aferré con fuerza su mano.
Y entonces desapareció.

* * * * *

-¡Hey!
Estaba de vuelta. El esquelético tendero fumador de Estim estaba inclinado sobre mí. Comprobé la pantalla. Esta vez habían pasado veinte minutos. Las noticias habían dejado de hablar de Hannigan. Y ahora estaban cubriendo algún disparate cometido por alguna estúpida celebridad local.
-¿Qué demonios pasa contigo, amigo? -murmuró el tendero exhalando una columna de humo.
-Muchísimas cosas –le contesté-. Pasé mi tarjeta por el desvencijado sensor para pagar mi té y salí del local.
De nuevo en la calle, volví a pensar únicamente en la tarea que tenía entre manos. Había dos eventos que parecían prometedores.
Estaba previsto que Hannigan diera un discurso de inauguración en la Universidad Técnica dentro de ocho horas. Contando los estudiantes y sus familias, se esperaba que asistieran miles de personas, por lo que de seguro habría puntos débiles. Lo malo, que iba a realizarse en un auditorio. Conseguir entrar iba a ser difícil, salir del inevitable cierre del edificio una vez el disparo hubiera sido efectuado resultaría todavía más difícil.
Mañana, estaba programada su asistencia al Baile del Gobernador para las celebraciones de clausura. La seguridad para ese evento sería prácticamente impenetrable, pero se celebraba en una plataforma al aire libre justo enfrente de la bahía, y había un montón de edificios altos alrededor. Ese iba a ser el Plan B. Aunque por lo general soy capaz de hacer que un disparo alcance el blanco que pretendo, entre la distancia y los vientos cruzados, esto iba a precisar una puntería magistral.
Visité primero la Universidad y la examiné durante una hora o dos, viendo dónde efectuaban controles los equipos de avanzada y dónde buscaban explosivos los olfateadores. Ninguna señal de Marcadeláser o cualquier otro rostro familiar del baile de la última noche en la pista de aterrizaje.
Un grupo de estudiantes remoloneaba cerca de una puerta lateral, fumando Estims uno tras otro. Me llevó unos veinte minutos convertirme en su nuevo mejor amigo. Eran los técnicos del escenario, y estaban un poco más que disgustados por haber sido sustituidos por el equipo de iluminación personal del Senador. Tras otros quince minutos de escucharlos se me ocurrió un plan.

* * * * *

Faltaban dos horas. El LR-620 descansaba sobre mi cama. Ajusté los últimos componentes de mi traje. Vigilaba el canal de noticias atento a cualquier cosa que pudiera desbaratar mis planes. Me esforcé al máximo en mantener la concentración. Me imaginé obstáculos potenciales y desarrollé contingencias. Era un rompecabezas que estaba más que dispuesto a resolver.
Quizás estaba demasiado concentrado.
Oí el pitido justo antes de que la puerta explotara. La fuerza de la onda expansiva me arrojó contra la ventana. El mundo se convirtió en un torbellino de imágenes y sonidos. Para cuando el humo y mi visión se hubieron despejado, había una pistola apuntando mi cara con la agente de la Fiscalía al otro lado.
-Te pillé.

CONTINUARÁ. . .

Original.