Historias de Kid Crimson: Capítulo 09

HISTORIAS DE KID CRIMSON
Capítulo 9

A varias manzanas de distancia de la estación de policía, Quell esperó pacientemente a que yo forzara un deslizador. Encontré un modelo antiguo, así que no me hizo falta ningún revientacódigos, sólo unas herramientas de toda la vida.
- Espero que esto no vaya a ser añadido a la lista de cargos – dije y abrí la cerradura.
- Todavía no lo he decidido – contestó atenta a cualquier señal de los asesinos.
- Sólo digo que esto podría calificarse como instigación al delito – dije mientras trasteaba con el encendido -. Sabes, esto podría ir un poco más rápido sin los grilletes.
- Bueno, la vida es injusta.
Dos minutos más tarde el motor empezó a toser hasta encenderse.
Quell escogió la habitación más barata de la pensión de mala muerte más barata. En el cabecero de la cama había manchas de sangre seca. Las persianas enrollables de la ventana estaban cerradas permanentemente por el oxido. Olía a tela húmeda y podrida. Procuré no tocar nada.
- ¿No te podías permitir una habitación mejor? – dije dando un vistazo al lavabo, más por curiosidad morbosa que otra cosa. No me decepcionó.
- Es más discreto.
- También lo sería un lugar con cañerías. Hay un montón de esos por aquí.
Quell encendió la pantalla de pared y fue cambiando de canal hasta encontrar el de noticias. Estaban haciendo un avance de la próxima temporada de Sataball, así que fue al escritorio. Limpie una silla de la basura que la cubría y la situé junto a ella.
Había encendido la luz y examinaba la insignia que había cogido del cadáver de la mole. A mí me parecía bastante oficial, pero claro, siempre me las he arreglado para evitar tener que mirar una de estas de cerca.
- ¿Lo ves? Tiene gente en tu propio departamento.
- Es falsa- dijo sin vacilar. Rascó los chips codificados incorporados a la insignia para autorizar al agente a saltarse los protocolos de seguridad. Eran pegatinas -. Y una de las más torpes que he visto jamás. Alguien hizo esto con prisas.
- Bien, entonces no eran agentes corruptos de la Fiscalía. Aún así, Hannigan sabía que me estabas llevando a esa estación y se limitó a enviar algunos matones disfrazados que le hicieran el trabajo.
- O podría tratarse de cualquier otro criminal al que hayas cabreado en el pasado. Quizás alguien con un buen hacker en nómina capaz de acceder a canales de la policía – me dijo reclinándose en la silla y mirándome con suspicacia.
- Piensa en ello. Hannigan está en el Subcomité para el Desarrollo y Expansión, lo que significa que tiene acceso a planetas llenos de mano de obra indocumentada. Tiene suficiente influencia política como para estar enterado y manipular cualquier investigación imperial. Eso explica porqué Caro resulta tan difícil de atrapar.
- No sé. Lo del político pluriempleado como cerebro criminal me parece demasiado traído por los pelos.
- ¿Acaso no vienen a ser lo mismo?
Raina Quell se echó a reír. Introdujo la foto que la malo tenía en su identificación. Tenía un historial bien largo. Piratería, asalto, asesinato por encargo… había sido un matón muy polifacético, pero no había nada que lo vinculara a Hannigan. Hora se sacar las armas pesadas.
- ¿Esta pantalla tiene memoria? – pregunté señalando la pantalla de pared.
- No lo sé. Probablemente.
- Una habitación mejor sí que lo tendría – solté mientras pasaba a su lado para acercarme a la pantalla.
- Déjalo ya – replicó mirando lo que hacía.
- Fui al archivo del canal de noticias de la SSN, seleccioné el reportaje del discurso de Hannigan, y avancé fotograma a fotograma hasta que vi a Marcadeláser.
- Ese es el tipo. El que acribilló al traficante en la pista de aterrizaje que me dijo que podría implicar a Caro.
Quell se acercó a la pantalla para poder verlo bien. Se inclinó un poco para mirar bien de cerca el conglomerado de pixeles.
- La compresión de datos es demasiado densa como para poder obtener una identificación.
Estaba considerando mi historia. No podía determinar si se la creía, pero necesitaba que esto se hiciera a mi manera.
- Te apuesto mi libertad.
Quell se me quedó mirando, divertida.
- En serio. Si estoy equivocado, dejaré que me eches el guante.
Esa fue la segunda vez que logré hacerla reír.
- ¿Tú me dejarás? Si ya te he echado el guante.
Dejé caer las esposas. Había cogido la llave cuando ella pasó a mi lado.
- Iba a dejar esto para más tarde, quizás la próxima vez que me dejaras solo en el coche…
Abrí los grilletes de las piernas, los dejé sobre el escritorio, y me recosté contra la pared. Quell ya me estaba apuntando con la pistola.
- Tú ganarás pase lo que pase. Si tengo razón, pillarás al traficante más infame del universo. Si estoy equivocado, me habrás pillado a mí. ¿Qué dices?
* * * * *
Quell permaneció en silencio durante cinco minutos y luego estableció dos reglas. Primero, yo no podría tener un arma. Segundo, si desaparecía de su vista lo consideraría un intento de fuga, me encontraría, y me pegaría un tiro.
Ahora, estábamos de nuevo a bordo del deslizador robado dirigiéndonos al Archivo de Noticias de la SSN para ver las grabaciones sin comprimir de Hannigan y intentar obtener una identificación de Marcadeláser. Pero antes, le hice una petición: teníamos que volver a la estación de policía. Me puedo desprender de la mayoría de las cosas, pero había una en el maletero de su vehículo de la que no sería capaz.
Quell frenó el deslizador cuando la estación de policía estuvo a la vista. Había policías por todas partes examinando la destrucción. Por suerte, su vehículo estaba aparcado un poco más lejos del bloque de edificios. Así que fuimos caminando. Un par de policías nos siguió con la vista cuando pasamos por el lugar.
-¿Te importa contarme qué es tan importante? – me siseó -. Por todo lo que sabemos, podrían seguir aquí. Vigilando.
- Ya lo verás.
Llegamos hasta su deslizador. Fue al maletero y lo abrió. Dentro estaba el LR-620 y una de mis bolsas. Abrí la bolsa y saqué la cuchilla vanduul. Eso despertó su curiosidad.
- ¿Es eso lo que creo que es?
- Sí.
Ateniéndome a la Regla nº 1, se la entregué.
- No la pierdas.
- Pensaba que sólo los vanduul podían tenerlas. Cualquier otra especie sería marcada y cazada.
Examinó fascinada la exquisita artesanía del forjado; refinada, intrincada y elegante en su simplicidad.
- Excepción especial.
Di un vistazo a la estación de policía. Un policía nos estaba mirando.
- Tengo que oír esa historia.
- Luego. Deberíamos largarnos.
Es asombroso las puertas que te abre tener algo de autoridad. En el Archivo de Noticias de la SSNtv, desde el instante en que Quell enseñó su placa, nos fueron concedidas todas las cortesías y comodidades. Disfruté de una fantástica taza de té mientras el personal buscaba los chips con la copia de seguridad original de la cámara.
- Esto es asombroso. Debería haber sido policía – dije, frotando la copa -. Con esto has conseguido que cambie de bando.
- Por favor. No habrías logrado pasar el entrenamiento – contestó Quell con una sonrisa.
- He visto regimientos de entrenamiento de la Fiscalía. Yo también sé hacer footing.
Indiqué al asistente que me sirviera otra taza. Ella rió por tercera vez.
El extremadamente estirado administrador de datos se nos acercó y pidió disculpas por el retraso. Nos acompañó a una sala de visionado. Buscando entre las horas y horas de grabaciones, llegamos finalmente a la hora de la verdad. Con la resolución sin comprimir, podíamos ver incluso el leve sudor en su frente. Obtendríamos una identificación con facilidad.
En la pantalla, Hannigan terminó su discurso, bajó del estrado, y se salió del encuadre.
Nos miramos el uno al otro. Quell rebobinó y volvió a pasar la grabación fotograma por fotograma. El resultado fue exactamente el mismo.
Marcadeláser no estaba allí.
* * * * *
Nos apresuramos a volver al hotel para intentar desentrañar este lío.
- Alguien lo implantó en la emisión. ¿Tienes idea de lo difícil que es eso?
Aunque conducía a toda velocidad, mi mente iba más rápido que el deslizador.
- Quienquiera que accediera a la emisión de la SSN tuvo que dejar huellas. Lo que significa que podremos rastrearlos, como mínimo empezar a figurarnos quién está tirando de los hilos aquí – reflexionó Quell -. ¿Cómo están tus habilidades de Sistema?
- Definitivamente no al nivel que nos hace falta, pero tengo un tipo con el que puedo ponerme en contacto.
- ¿Podemos confiar en él?
- Bueno, es un criminal, por lo que técnicamente no, pero sabemos que han logrado acceder a canales de la Fiscalía, así que no tenemos muchas opciones.
De vuelta en nuestra habitación, llamé a Raj Benny. Había sido uno de los mejores a la hora de reventar sistemas antes de pasar a dedicarse a reventar cráneos. La suerte quiso que estuviera haciendo algún trabajo de protección en este sistema y pudiera estar aquí a la mañana siguiente.
- Mira esto – dijo Quell mostrando en la pantalla de pared una imagen de la mole grabada en el registro de la estación de policía. Fui leyendo los datos. Parecían más o menos los mismos.
Más o menos.
Había un hecho añadido, enterrado en la cronología de crímenes. El archivo decía ahora que la mole había servido en el ejército en alguna unidad desconocida antes de ser expulsado por conducta deshonrosa.
- Uh. Eso es raro.
- En realidad, no – dijo Quell, con una sonrisa de complicidad en la cara. Mostró otra imagen y se echó hacia atrás, esperando a que me quedara impresionada. La unidad en la que se suponía que la mole había servido era una de las unidades de guardia asignada a un sistema en desarrollo. De forma que eso lo vinculaba al Subcomité para el Desarrollo y Expansión, y por lo tanto, a Hannigan.
Quell se levantó de un salto, con el ánimo recuperado, y se dirigió a la pantalla.
- Son las piezas de un rompecabezas perfecto señalando que Hannigan es en realidad Caro. Suficientemente complicadas para que ningún investigador tenga la sensación de que está siendo engañado.
- O un asesino potencial con una cuenta que ajustar con los esclavistas.
- Exacto – Quell se giró para mirarme -. Querían que empezaras a husmear y fabricaron esta ficción para que la siguieras.
- ¿Entonces quién está detrás de todo esto? ¿Quién quiere ver muerto a Hannigan?
- Bueno, ahora sabemos dónde empezar a buscar. Quiero decir, ¿quién tiene un agravio con Hannigan? – dijo ella. Sacudí la cabeza. Esto era increíble. Me volvió a mirar con una sonrisa -. Parece que es posible que pierdas esa apuesta.
- Eso parece.
Pasamos la noche hablando y escrutando la vida de Hannigan. Sus rivales políticos. Contactos en el mundo de negocios. Desarrolladores a los que podría haber molestado. Incluso su ex-esposa. Para cuando terminamos, la lista de posibles sospechosos era larga.
El sol asomaba por entre las oxidadas persianas enrollables cuando llamaron a la puerta. Raj se puso en contacto conmigo por el comunicador anunciando que todo estaba despejado. Era un viejo truco. Llamar sin usar el comunicador significaba problemas.
Quell se quedó a la vista, con la mano en su pistola, sólo por si acaso.
Abrí la puerta. Raj entró en la habitación. Parecía como si no hubiera dormido desde que nos habíamos visto en el Centro de Carga Covalex. En el momento en que vio a Quell su mano voló inmediatamente hacia su arma. Me puse entre ellos.
- Tranquilo, Raj. Es legal – dije levantando las manos. Quell hizo lo mismo.
- ¿Qué demonios, Ethan? – contestó Raj mirando alrededor con suspicacia -. ¿Trabajas ahora con la ley?
- Confía en mi. Cuando te haya explicado…- dije. El tevarin se relajó lentamente. Le explicamos. Todo. El asesino camuflado, el rastro hasta Falso-yo, Marcadeláser y Hannigan, Caro, el engaño, todo.
Raj escuchó, meneando la cabeza con incredulidad un par de veces al principio. Dejó de hacerlo poco antes de terminar.
- De forma que necesitamos que averigües quién accedió a la emisión. Rastrearlo hasta un terminal o, aún mejor, un nombre – dije.
- ¿Puedes hacerlo? – añadió Quell.
- Quizás – contestó Raj pensando en ello -. Puede que esté un poco oxidado.
Quell inició su sistema y Raj se dispuso a trabajar. Nos sentamos en la cama y esperamos. Pasó alrededor de una hora.
- El informe sobre este caso va a ser una pesadilla – dijo Quell finalmente con un gemido.
- ¿Quizás deberías dedicar tu vida al crimen? Hay muy poco papeleo.
- Pensaré en ello – sonrió. Pasaron unos segundos, se levantó y se dirigió al lavabo.
- Hey, Ethan – masculló Raj -. Mira esto.
Se apartó de la silla para que yo pudiera sentarme. Miré la pantalla. Tenía todos los archivos recopilados en un único directorio.
Y los estaba borrando.
Apenas noté la aguja presionando contra mi piel. Una fría sensación de entumecimiento se extendió rápidamente por mi sistema. Mi cuerpo se derrumbó antes de que pudiera reaccionar. Raj me agarró y me puso en el suelo.
- No podías limitarte a seguir el juego como el pequeño y predecible mono rabioso que eres – susurró.
Oí la cadena del retrete. No
Raj me dedicó una sonrisa y desenfundó una pistola. Mi pistola. La que había perdido en la pista de aterrizaje. Luché por moverme. Gritar. Hacer algo.
Raj caminó con calma hasta la puerta del lavabo. Ella era rápida. Mucho más rápida que Raj. Podría con él. Sólo tenía que avisarla de alguna manera.
Se abrió la puerta. Raina Quell entró secándose las manos.
No.
Raj le disparó en la nuca. Nunca lo vio venir. Su cuerpo quedó paralizado por un segundo. Aturdido. Se desplomó sobre la sucia alfombra mirándome directamente a los ojos.
Vi como la vida la abandonaba.
Raj abrió la puerta. Entraron Marcadeláser y un par de matones.
- Asegúrate de que encuentran el cuerpo – dijo Raj entregando mi pistola a los matones y bajando su mirada hacia mí -. Parece que acabas de ejecutar a una agente condecorada de la Fiscalía, Ethan.

CONTINUARÁ. . .

Original.