Historias de Kid Crimson: Capítulo 10

HISTORIAS DE KID CRIMSON
Capítulo 10

Los matones de Raj levantaron el cuerpo de Quell como si fuera un pesado trozo de carne. Supongo que eso es todo lo que era ahora: una cosa. Otra mancha de sangre en esta alfombra barata, algo sobre lo que el siguiente ocupante de esta habitación podría mirar y bromear.
Yo era incapaz de sentir o mover nada. Quería gritar y llorar y arder, pero mis miembros no me escuchaban, no era más que una conciencia de puro odio flotando dentro de un cuerpo inútil.
De repente el mundo se puso patas arriba. Alguien me había levantado y puesto contra la pared. Una leve sensación de presión fue llegando a través de la confusión paralizante. Me encontré mirando a Raj Benny. Al Raj Benny que pronto estaría gritando agónicamente.
-Hey, colega –me dijo con una estremecedora sonrisa tevarin. Hay una razón por la que no sonríen a menudo. La sensibilidad me iba volviendo poco a poco. Algo fue apretado alrededor de mis muñecas a la espalda. Vaciaron mis bolsillos y me cachearon en busca de armas. Marcadeláser salió de detrás de mí y caminó hasta la puerta.
-Venga, Ethan, ya se te debería estar pasando. Ya sabes lo mucho que odio las conversaciones unilaterales –dijo Raj contemplando mi cara floja-. ¿Estás de vuelta?
-Acércate un poco más y lo averiguarás –contesté arrastrando las palabras. Mi boca se movía como si estuviera formando palabras por primera vez.
-Así me gusta.
Raj se echo hacia atrás estirando los brazos. El entumecimiento desapareció del todo al cabo de unos segundos dejándome con un dolor en la columna vertebral. Intenté moverme. Parecía como si hubieran utilizado un sistema de retención QuikTie y me hubieran esposado a una tubería de la pared.
-El infame Kid Crimson colaborando con la Fiscalía. Quién lo hubiera pensado… -dijo Raj meneando la cabeza, sorprendido y decepcionado-. Sabes, después de todo lo que hemos pasado juntos, confiaba realmente en que serías capaz de hacer esto. Tenía una fe absoluta en que serías capaz de liquidar a Hannigan sin que te pillaran.
-Vamos a ver si lo he entendido bien –dije, las palabras fluían con más facilidad ahora. Raj volvió a echarse hacia atrás con un sonrisa satisfecha en el rostro que yo quería golpear hasta convertirlo en pulpa. Tenía que centrarme-. ¿Habéis planeado todo esto: ese cargamento de esclavos, ese idiota utilizando mi nombre, el rastro de pistas indicando que Hannigan era Caro, sólo para hacer que yo asesine a alguien?
-¿Impresionado?
-Sabes, para asesinar a un Senador no hace falta desperdiciar todo ese dinero y recursos. Podéis pagar a gente para hacer eso. ¿O no os enseñaron eso en el curso básico de genio del crimen?
La sonrisa de Raj se hizo todavía más amplia y meneó la cabeza con desdén.
-Oh, piensas que todo esto sólo va de Hannigan –dijo al fin.
-¿Entonces, quién? –pregunté. Sabía que este capullo arrogante estaba ansioso por contármelo para que yo pudiera darme cuenta de lo impresionante que era, pero estaba vacilando, de forma que procuré ponérselo más fácil-. Asumo que de todas formas vais a matar a Hannigan y colgarme el muerto a mí. Así que cuando la hayáis hecho me mataréis o me haréis desaparecer. ¿Por qué no contármelo, entonces?
Raj se lo pensó mejor y no mordió el anzuelo.
Se abrió la puerta. Marcadeláser entró llevando algunas bolsas y una lata de HidroFroz. Le pasó la bebida a Raj y dejó las bolsas sobre la cama. Contenían el LR-620, mi cuchilla, y todo lo que había en el deslizador de Quell.
Raj bebió un sorbo de HidroFroz y agarró el fusil.
-¿Dovkin te hizo un buen precio por esto?
Ignoré la pregunta y fulminé con la mirada a Marcadeláser, intentando figurarme la mejor forma de causarle dolor. El sentimiento era mutuo. El también me estaba asesinando con los ojos.
-Deberíamos matarlo ahora –dijo. Raj miró por el visor.
-No podemos. Nos quedan unas cuantas horas antes de que Hannigan muera, necesitamos que la autopsia cuadre con la línea temporal.
-Pégale un tiro ahora y tira el cuerpo a una estrella –dijo Marcadeláser sin que sus ojos me abandonaran por un momento. Raj lo pensó y se volvió hacia mí.
-¿Qué te parecería eso?
-Probablemente sea el movimiento más inteligente –contesté y miré a Raj-. De lo contrario, os voy a matar a todos.
Raj sonrió.
-Te echaré de menos, Ethan.
* * * * *
Pasó una hora y media. Tuve que contener el infierno de ferocidad que rugía en mi interior para ser capaz de vigilar y escuchar lo que pasaba. Encontraría una forma de salir de aquí. Sólo tenía que prestar atención y estar listo para moverme. Raj estaba trabajando en su consola y de tanto en tanto miraba la pantalla mural. Marcadeláser estaba en la ventana, contemplando la ciudad.
Los dos matones regresaron tras deshacerse del cuerpo de Quell. Uno de ellos le susurró algo a Raj, quien asintió. El otro cogió una silla para vigilarme. Empezó a rebuscar entre mi montón de cosas. Encontró las esposas y grilletes de Quell.
-Hey, Gaz, mira esto –dijo el matón. Marcadeláser / Gaz se volvió hacia él-. ¿Por qué no usamos esto?
-No te acerques a él –dijo Raj, tajante.
-Sólo intentaba ayudar –se quejó tirando las esposas a un lado. Algo llamó la atención de Raj en la pantalla mural.
-Oh, oh, Ethan –dijo Raj. Subió el volumen.
- … identificado como la agente Raina Quell. La Fiscalía no ha hecho ninguna declaración oficial, pero nuestras fuentes indican que los investigadores podrían haber encontrado una posible arma del crimen y están examinándola con la mayor rapidez posible.
-Eso no tiene buena pinta –dijo Raj fingiendo preocupación. Mantuve la vista al frente, negándome a darle la satisfacción de una reacción. Raj se levantó y empezó a meter el LR-620 dentro de una bolsa-. Bueno, me encantaría continuar esta emocionante conversación pero, desgraciadamente, tienes un Senador al que asesinar –Raj se dirigió hacia la puerta-. Intentad no matarlo en seguida.
-¿Y si trata de escapar? –replicó Gaz. Raj me miró y se encogió de hombros.
-Matadlo dos veces.
Raj salió por la puerta. Uno de los matones se fue con él. El otro se quedó con Gaz. Todo estaba tranquilo excepto por el ocasional paso de un deslizador. Gaz sonrió mientras se situaba delante de mí. Sacó su arma y la sostuvo a su lado. Pasaron unos diez segundos. Me senté y le devolví la mirada.
-¿Vas a dispararme o no, Gaz? –pregunté. Odio estos juegos de intimidación.
-Sólo quería enseñarte una cosa –contestó Gaz. Expulsó un cartucho de la cámara y lo sostuvo ante mis ojos-. Esto va a atravesar tu cráneo. Curioso, ¿verdad? Pocas personas llegan a ver la cosa que los va a matar.
-Uauh. Eso es profundo. Ahora entiendo por qué Raj te contrató.
Gaz sonrió y se sentó en la silla delante de mí.
Nos quedamos así durante otra media hora. Gaz se dedicó a ir lanzando la bala por el aire. El matón se estiró en la cama e iba cambiando de canal mientras ensayaba cortes con mi cuchilla vanduul.
Intenté figurarme el plan de Raj. Hannigan iba a aparecer en el Baile del Governador dentro de una hora. Tenía que salir de aquí. En parte porque Hannigan era una víctima inocente en todo este asunto, pero principalmente porque quería que Raj fracasara.
-Hey –dijo el matón. Era otra actualización de noticias sobre Quell. Habían obtenido mi identificación gracias al fusil. Mi cara y mi nombre estaban siendo transmitidos ahora mismo a los agentes de la Fiscalía y la Policía por toda la UEE. Mis dos compañeros empezaron a reír.
-Deberías estar dándonos las gracias por matarte. Porque estás acabado, amigo mío –dijo Gaz entre risas. No estaba equivocado. Si salía con vida de esto, iba a tener grandes problemas. Tras la actualización de noticias, el canal volvió a la cobertura en directo del Baile del Gobernador. Hannigan todavía no había llegado.
-¿Podemos terminar con esto? –dije-. Tener que escuchar hablar a dos idiotas como vosotros tiene que ser más doloroso que una bala en la cara.
Al diablo con todo. Algo tenía que suceder. O bien esto funcionaba, o bien me pegaban un tiro, pero estaba harto de esperar. Deslicé mis manos por la tubería hasta poder estar de pie.
-Siéntate.
No. Tengo las piernas cansadas y, dado que no parece que vaya a irme ahora mismo, me gustaría estirarlas.
-¿Eso es realmente lo que quieres? –dijo Gaz levantándose, su expresión ahora seria. Le estaba molestando. Bien.
-Más que cualquier otra cosa –dije, mirándole directamente a los ojos-. Aunque lamento no haber podido abrirte las tripas en la pista de aterrizaje.
Gaz cargó mi bala en su pistola. El matón empezó a sentirse incómodo.
-A lo mejor deberíamos conservarlo, ¿sabes? –dijo el matón nerviosamente mientras se levantaba de la cama-. Raj dijo…
-¡Que se joda! No está aquí– dijo Gaz quitando el seguro.
-Raj dijo que esperáramos. Necesito demasiado el dinero como para desobedecerlo –dijo el matón– así que mátalo si quieres. Pero yo no quiero ser parte de ello.
El matón salió de la habitación. Mis opciones tomaron un cariz mucho más alegre. Seguí mirando a Gaz a los ojos. Si alzaba su pistola, yo tenía dos movimientos preparados.
Gaz no lo hizo. Estaba pensando. Maldita sea. No quería dar marcha atrás, lo que era bueno, pero los pesados engranajes dentro de su enorme cráneo vacío estaban girando. Enfundó su pistola. Otra vez maldita sea.
-¿Sabes? Creo que una bala es demasiado buena para ti.
-¿En serio? ¿Y qué pasa con todo ese tiempo que pasamos juntos? –repliqué. Eso no le gustó.
Sacó su cuchillo y se abalanzó contra mí. Yo no tenía mucho espacio, pero me desplacé a la derecha justo antes de que me apuñalara. Al principio todo lo que sentí fue el impacto de la hoja. Luego el dolor empezó a burbujear a través de la conmoción. Mi movimiento en el último segundo había impedido que la hoja asestara un golpe mortal, pero todo estaba a punto de volverse muy doloroso. Sin embargo, ahora tenía a Gaz muy cerca, de forma que un punto para mí.
-No pienses que esto es todo. Acabamos de empezar –siseó a través de sus dientes apretados. Estampé mi frente contra su nariz. Noté cómo el cartílago se rompía. Se tambaleó hacia atrás, aturdido, tapándose con las manos el chorro de sangre que manaba de su rostro. Salté cerrando mis piernas alrededor de su cuello y las retorcí hasta derribarlo al suelo. Soltó instintivamente el cuchillo al intentar liberarse de mis piernas con sus manos.
El dolor en mi pecho era ahora casi insoportable. Mis brazos parecían como si estuvieran a punto de dislocarse, pero no pensaba soltarle. No podía. Apreté más fuerte. Gaz jadeó en busca de aire. Empezó a dar puñetazos contra mis piernas, esperando que el dolor me obligara a soltarlo. Sus puñetazos se fueron haciendo progresivamente más débiles. Entonces cesaron. Seguí apretando durante todo un minuto sólo para estar seguro. Gaz estaba en el suelo, con un poco de suerte muerto, pero sin lugar a dudas incapacitado.
Pateé el cuchillo a través de la alfombra hasta mis manos y empecé a cortar el QuikTie. Se oyó un golpe en la puerta.
-¿Has terminado? –preguntó el matón. El QuikTie se desprendió. Se abrió la puerta. Me arrojé sobre Gaz y arranqué la pistola de su funda. El matón apenas tuvo tiempo de procesar lo que veía antes de que yo le metiera tres balas en el pecho. Trastabilló hasta el pasillo y fue resbalando por la pared.
Bajé la pistola y comprobé mi herida. Había toallas suficientes para un remiendo temporal, pero necesitaba un medicentro o me desangraría.
Recogí mis cosas y me quedé con la pistola de Gaz, su MobileGlas, y el MaxOx P5 del matón antes de salir por la puerta. A mitad del pasillo me di cuenta de que me había olvidado de una cosa.
Volví a la habitación y le disparé dos veces a Gaz en la cabeza.
* * * * *
Salí a la calle. La lluvia había cesado y la ciudad parecía limpia por el momento. A los diez minutos estaba conduciendo otro deslizador robado abriéndome paso entre el tráfico en dirección al Baile del Gobernador. Por lo que oía en las noticias, Hannigan todavía no había aparecido. Eso era bueno, pero yo no tenía nada. Raj podía estar apostado en cualquiera de un montón de edificios. Tenía que hacerle salir, obligarle a cambiar su plan. De forma que llamé a la policía.
-Servicios de emergencia.
-Alguien va a asesinar al Senador Hannigan –dije. Hubo una pausa.
-¿Perdone? –dijo mi interlocutor.
-El Baile del Gobernador. Hay un francotirador.
-Espere un momento –cortó el interlocutor. Esquivé un autobús y pisé a fondo. Finalmente, una nueva voz sonó en la línea.
-¿Quién es usted?
-Tengo información de que va a haber un intento contra la vida del Senador. No le dejen ir al Baile del Gobernador.
-¿Quién es usted?
-No importa.
-Muy bien –la voz hizo una pausa-. Gracias por su preocupación. Lo investigaremos.
-Le estoy diciendo que si lo sacan ante los focos, su cabeza se convertirá en niebla un segundo después.
-¿Y cómo ha obtenido esta información?
Por su voz podía darme cuenta de que no se lo tragaba. Me estaba entreteniendo para rastrear mi llamada. Colgué.
Hora de un nuevo plan.
Me metí en la autopista que avanzaba paralela al río. Comprobé mi herida. Había perdido mucha sangre y no faltaba mucho para que esto se convirtiera en un problema serio.
El Baile del Gobernador se celebraba a unos pocos kilómetros de la costa. La plataforma flotante se desplazaba lentamente en paralelo a la autopista. Gracias a mi reconocimiento previo, sabía que los protocolos de seguridad incluían un escudo de proyectiles que la mayoría de las armas serían incapaces de penetrar. El LR-620 apenas se frenaría un poco. Esa era parte de la razón por la que lo había escogido.
Las noticias anunciaban que Hannigan acababa de llegar y estaba a punto de salir para su discurso. Saqué mi deslizador de la autopista y me dirigí directo hacia la plataforma. Cargué la carabina P4 y bajé la ventana.
Sobre el Spectrum, Hannigan había llegado y salió para recibir un aplauso atronador. Apoyé la P4 en la ventana y apreté el gatillo. La batería emitió un zumbido mientras rociaba el Baile del Gobernador con descargas láser. El escudo de proyectiles resplandeció para absorber los disparos, pero había logrado atraer su atención. Los donantes de 15.000 créditos por plato gritaron y corrieron despavoridos. El personal de seguridad de Hannigan se apresuró a llevarlos a un lugar seguro. El comentarista de las noticias informó frenéticamente que el Baile estaba siendo atacado.
Conduje el deslizador de vuelta a la ciudad antes de que la policía empezara a movilizarse. Me hubiera gustado que fuera tan simple, pero Raj no iba a darse por vencido con Hannigan tan fácilmente. Estaba seguro de que tendría planes de contingencia, pero ahora se vería obligado a implementarlos, lo que significaba que tendría que ponerse en movimiento.
Volví a meter el deslizador en el denso tráfico que ocupaba la red de calles. Empecé a dar vueltas alrededor de los cinco o seis edificios suficientemente altos como para que Raj pudiera tener un buen ángulo para asesinar a Hannigan. De repente, el MobileGlas de Gaz empezó a zumbar. Contesté pero no dije nada.
-Gaz, hemos tenido un problema. Será mejor que no los hayas matado todavía.
Era Raj. Sonaba como si le faltara el aliento. Me esforcé por escuchar los ruidos de fondo en busca de alguno que fuera único. Oí el agudo gemido de la bocina de un TrashDumper.
Entonces lo oí al otro lado de la ventanilla. Miré alrededor. Ahí estaba Raj, arrojando su bolsa dentro de un deslizador a la espera.
-¡Gaz! –gritó Raj, luego hizo una pausa- ¿Ethan?
Colgué y di la vuelta para seguirlos. El matón evitó la avenida principal y aceleró por las calles secundarias. Libre de espectadores civiles, pisé a fondo con mi deslizador y me mantuve pegado a ellos. Raj miró por encima de su hombro justo cuando yo sacaba la P4 por la ventana y apretaba el gatillo. Rápidas descargas láser acribillaron el costado de su deslizador. El matón giró bruscamente y aceleró. Lo seguí.
Los perseguí esquivando pasarelas y escaleras de incendios. El matón era bueno, controlado. De repente la ventana trasera del deslizador de Raj explotó hacia fuera. Un proyectil del LR-620 atravesó mi parabrisas y reventó el asiento de pasajero. Raj se preparó para efectuar otro disparo.
Giré e incliné hacia abajo el deslizador justo cuando disparaba de Nuevo. Apoyé la P4 sobre el tablero de mandos y apunte hacia arriba. Disparé una ráfaga esperando darle a algo. Los bajos de su deslizador quedaron llenos de agujeros. Empezó a perder fluidos por varias partes. Hubo un estallido y brotó una columna de humo. Los estabilizadores de emergencia empezaron a actuar. Seguí disparando.
El matón intentó girar, pero debía haber alcanzado los hidráulicos porque lo hizo con lentitud. Demasiada. El deslizador chocó contra la esquina de un mega-complejo. Resbaló por la superficie del edificio y se estrelló contra la calle debajo.
Di la vuelta y aterricé el deslizador. Alguien venía para intentar ayudar. Me vio acercarme con la pistola desenfundada y se lo pensó mejor.
La puerta del pasajero se abrió y Raj salió por ella. Sangraba por docenas de cortes y heridas. Intentó alejarse gateando. Su pierna estaba aplastada justo por debajo de la rodilla e iba dejando un rastro de sangre viscosa sobre el pavimento. Lo agarré por la pierna destrozada y le di la vuelta.
Comprobé el conductor. Estaba retorcido alrededor de la consola, un amasijo de sangre y huesos. Me concentré en Raj, quien estaba luchando por respirar.
-Supongo que me has pillado, Ethan –dijo Raj entrecortadamente.
-Dijiste que esto no iba de matar a Hannigan –dije-. Explícate.
Raj escupió un poco de sangre.
-Hannigan es un don nadie. Simplemente encajaba con el perfil que él estaba buscando.
-¿Quién?
-Caro –confesó Raj-. Es demasiado popular. Todo el mundo empezaba a conocer su nombre, por lo que ha decidido que es hora de un cambio de marca.
-Así que Caro quiere volver a empezar –dije mientras encajaba todas las piezas-. Y se busca un pringado que pueda cargar con las culpas en su lugar. Empieza a plantar pistas que apoyen el engaño para satisfacer cualquier investigación.
-Y entonces es asesinado por un criminal famoso por asesinar esclavistas –terminó Raj mostrando una sonrisa ensangrentada, casi regodeándose.
-El auténtico Caro regresa con un Nuevo nombre, construye una nueva organización, y nadie más lo sabe.
-¿Impresionado ahora?
-Quizás.
Incluso con la sangre que había perdido, no estaba mintiendo. Era bastante ingenioso.
-¿Me ayudarás ahora? Puedo conseguirte a Caro –me ofreció. Asentí, enfundé la pistola y lo agarré por la garganta. Empezó a ponerse nervioso otra vez-. ¿Ethan, no me has escuchado? Puedo conseguirte a Caro.
-Lo sé.
-Ethan, ¿qué estás haciendo?
-Tú fuiste quien quiso que yo fuera el asesino.
-Ethan, por favor…
Le pegué. A pesar de mi herida, recuperé las fuerzas para esto. Le pegué una y otra vez. Me pareció oírle decir que podía limpiarme de los cargos por el asesinato de Quell, pero yo no le estaba escuchando. Era incapaz de detenerme. Mi rabia quería consumirme y yo dejé que lo hiciera.
Finalmente me detuve. Raj era más gelatina que cuerpo. Se había formado una multitud. Contemplaban la escena estupefactos.
Me puse en pie a duras penas y empecé a caminar. La multitud se apartó de mi camino.
* * * * *
Dos semanas después, estaba de vuelta en el espacio. Estuve a punto de morir antes de llegar a un médico. Cuando volví a ser capaz de moverme, me di cuenta de que tenía un problema de transporte. La Fiscalía estaría sin duda vigilando mi nave, por lo que necesitaba unas alas nuevas. Acabé cogiendo las de Raj.
Seguí repitiendo sus últimas palabras en mi cabeza. Quizás si le hubiera perdonado la vida, Raj habría podido exonerarme del asesinato de Quell. Lo dudaba. Probablemente eran más mentiras.
Así que Kid Crimson es un asesino, un verdugo de la Fiscalía. No puedo escapar de eso ahora. Un acto que no he cometido va a perseguirme para siempre.
Supongo que así es como funciona el universo.

FIN

La hora mágica. El cielo fue cambiando a un color violeta a medida que el sol iba dando paso a la noche. Las luces empezaron a encenderse dentro de los gigantescos rascacielos de Nueva York. En el ático, las luces estaban apagadas. Los deslizadores que iban pasando se reflejaban en el suelo de madera pulida. Un par de pantallas murales brillaban encima de la mesa de mármol. La noticia principal de esta noche: un pistolero había efectuado varios disparos en un baile del Día del Ciudadano en Terra. Afortunadamente no había habido heridos. El Senador Hannigan había emitido la siguiente declaración…
La pantalla mural se apagó. La otra accedió a la base de datos de la Fiscalía. El archivo sobre Ethan Salassi, alias Kid Crimson, apareció en la pantalla.

Parecía que Raj le había subestimado.

”Caro” no cometería el mismo error.

Original.