Hoy en la Historia: La Batalla por Centauri

HOY EN LA HISTORIA

24 de junio, 2610 SET

La Batalla por Centauri

Diezmadas tras la conclusión de su primera guerra contra la humanidad, las fuerzas armadas de los tevarin habían quedado dispersadas por los rincones más apartados del universo, su mundo natal, Elysium IV, había sido conquistado para su posterior colonización humana, y el héroe de guerra Ivar Messer había recibido el honor de ser la primera (y última) persona en ocupar el cargo de Primer Ciudadano de la UPE. La humanidad, convencida de su victoria absoluta, creía que la amenaza tevarin había quedado neutralizada por completo. Se equivocaba.

El 15 de febrero de 2603 SET, una flota de batalla de tamaño monstruoso penetró en el sistema Fora a través de un punto de salto hasta entonces desconocido. Retransmitiendo en todas las frecuencias, Corath’Thal, el nuevo Caudillo tevarin, dio a conocer sus demandas. Los tevarin habían regresado para recuperar Elysium IV. La UEE podía mantenerse a un lado o Corath’Thal se abriría paso a fuego y sangre hasta su hogar ancestral.

Hubo algunas personas en el Congreso que, reacias a entrar en otra guerra, aconsejaron ceder la concesión del planeta, argumentando que la demanda de los tevarin era razonable y despertaba simpatías. Sin embargo, todo debate sobre el tema terminó definitivamente cuando el Imperator ordenó un ataque completo. No habría ninguna cesión de territorio de la UEE. La Segunda Guerra Tevarin había empezado.

En esas primeras batallas, las fuerzas armadas subestimaron gravemente las capacidades de los tevarin. Esperando enfrentarse a una demostración de fuerza parecida a la que habían combatido anteriormente, las pérdidas iniciales de la UEE fueron graves. Corath’Thal había aprovechado bien el tiempo que los tevarin habían pasado en los Confines, actualizando su tecnología gracias a un intenso comercio con otras especies y reconfigurando su estrategia militar para sacar el máximo partido de las lecciones aprendidas de su anterior derrota. Bajo su mando, los tevarin se abrieron paso lentamente a través de sistema tras sistema. La Armada de la UEE, incluso cuando resultaba victoriosa en la batalla, era incapaz de obligar a los invasores a retirarse. Por último, tras siete largos años de combates prolongados, la guerra había llegado hasta el sistema centauri, apenas a un salto de distancia del mundo natal tevarin.

Los repetidos intentos habían demostrado que los ataques directos contra la flota tevarin eran en vano. Aunque la UEE los superaba en número, los tevarin volaban en una formación de falange única que se basaba en naves capaces de generar potentes escudos con los que presentaban un frente casi inexpugnable. Si debían ser detenidos, esta vez iba a ser necesario algo más que potencia de fuego en bruto.

La Armada de la UEE situó el grueso de sus fuerzas en torno al punto de salto Centauri-Elysium, sabiendo que ése era el objetivo principal de Corath’Thal, pero el Caudillo negó a la UEE la oportunidad de atrincherarse. En lugar de eso dividió sus fuerzas para bombardear los centros urbanos densamente poblados de Yar y Saisei. Sufriendo numerosas bajas civiles, la Armada maniobró la mayoría de sus portanaves para que contuvieran y repelieran esos ataques, dejando solamente un pequeño contingente atrás para que siguiera protegiendo el punto de salto. La decisión de dejar atrás un portanaves en concreto, el UEES Countenance, suele ser citada por los historiadores como el punto de inflexión crucial de la Batalla por Centauri. La razón por la que el Countenance fue elegido en lugar de cualquier otro navío ha sido el tema de numerosos debates académicos, pero una cosa es segura, el hecho de que fuera la nave base del entonces poco conocido Escuadrón 42 no tuvo ninguna influencia en esa decisión.

El Escuadrón 42 era lo que, en la jerga military de esa época, era conocido como un “escuadrón de quilla”. Fundado durante la Primera Guerra Tevarin, había sido asignado como unidad disciplinaria para manejar pilotos problemáticos. Aunque a menudo insubordinados y de poca confianza, estos astronautas altamente entrenados representaban una inversión significativa de la Armada en tiempo y créditos, y se les consideraba demasiado valiosos, especialmente en mitad de una guerra, para limitarse a encerrarlos o licenciarlos mientras todavía fueran capaces de volar. Aunque que en siglos anteriores se les habría pasado por debajo de la quilla por sus transgresiones, ahora en lugar de eso eran asignados al Escuadrón 42, donde se les encargaban las misiones “demasiado indignas” para los pilotos normales. Aunque el escuadrón había volado en muchas batallas, lo habían hecho sin distinguirse, casi siempre en la periferia del combate. No fue hasta la Batalla por Centauri, con el escuadrón bajo el mando de la legendaria capitana Alexandra Dunlevy, que el Escuadrón 42 que conocemos hoy en día empezó a cobrar forma.

La capitana Dunlevy, una oficial prometedora con una aguda mente analítica, había sido asignada al Escuadrón 42 tras haber sido declarada culpable de insubordinación por haber dicho que el plan de ataque de su anterior comandante era “estúpido”. Al principio, la capitana Dunlevy intentó dirigir su nuevo escuadrón como habría hecho con cualquier otro, pero cuando lo que deberían haber sido simples misiones de reabastecimiento siguieron tomando el doble de tiempo de lo asignado debido a rencillas internas y competiciones acrobáticas entre pilotos, la capitana comprendió que iba a hacer falta un enfoque diferente. El problema no residía en sus habilidades de vuelo. Ya en sus primeros informes había señalado que la mayoría de estos pilotos eran los mejores que jamás había visto. Sin embargo, la misma capacidad de tomar decisiones en una fracción de segundo y la fuerte confianza en sí mismos que hacían de ellos grandes pilotos resultaban también en un intenso desprecio hacia la estructura de mando tradicional de la Armada. La mayor parte de las veces había sido esta actitud lo que les había hecho acabar siendo asignados al Escuadrón 42 en primer lugar. Decidida a darle un giro radical a su escuadrón, la capitana Dunlevy puso en práctica el siguiente experimento: en lugar de detallar a sus pilotos una ruta de vuelo y plan de misión específicos, se limitaba a decirles únicamente dónde iba a ser el punto de recogida. El experimento demostró ser todo un éxito cuando las misiones de abastecimiento empezaron a ser completadas horas antes de sus mejores estimaciones. Las sospechas de la capitana Dunlevy se habían confirmado: el Escuadrón 42 era capaz de hacer cualquier cosa que le pidieras, siempre y cuando no te importara la manera en que la hicieran. Ahora todo lo que le quedaba por hacer era convencer al almirante Fraser de lo valioso que podía llegar a ser su escuadrón. La oportunidad de hacerlo se presentó por sí misma poco después de que los ataques a Yar y Saisei hubieran empezado.

Era evidente que los tevarin estaban utilizando los ataques planetarios como una distracción para obligar a la Armada a centrarse en defender a la población. El Countenance y demás portanaves que habían sido dejados atrás para defender el punto de salto se colocaron directamente en medio de la trayectoria de aproximación de los tevarin, estableciendo una formación de disparo defensiva en preparación para la inevitable carga. La capitana Dunlevy ya había visto esta estrategia antes y sabía que aunque probablemente fuera capaz de contener a los tevarin el tiempo suficiente para que los refuerzos regresaran, las fuerzas humanas sufrirían un alto número de bajas mientras que la línea de escudos de los tevarin protegería sus propias naves de la mayoría de los daños. El resultado sería otro empate, y la guerra continuaría. La capitana Dunlevy creía que existía una estrategia mejor: ceder el punto de salto.

En una entrevista realizada poco antes de su muerte, al almirante Fraser se le preguntó porqué había accedido a llevar a cabo el plan de la capitana Dunlevy. Tras un momento de reflexión, su respuesta fue la siguiente:

- Estaba cansado.

A medida que Corath’Thal y su flota se iban aproximando al punto de salto, los portanaves humanos fueron retirándose lentamente bajo las andanadas de disparos tevarin. Con su meta largamente anhelada por fin a la vista, Corath’Thal ordenó a su flota que saltara a Elysium. Debido a que el punto de salto no era lo suficientemente grande como para que toda la flota tevarin pudiera pasar por él a la vez, se vieron obligados a dispersar su formación defensiva habitual a medida que se iban acercando a la apertura. Justo cuando la primera nave tevarin estaba a punto de realizar el salto, el Escuadrón 42 encendió sus motores y empezó su ataque.

La capitana Dunlevy y el resto de sus pilotos habían estado flotando a la deriva en sus Retaliators, ocultándose entre los escombros y esperando a que las naves tevarin los rodearan. ¿Su única orden? Eliminar los escudos. Con la protección de la flota tevarin debilitado por su nueva formación para entrar en el punto de salto, el Escuadrón 42 logró explotar un punto débil crítico en la armadura de su enemigo. Los tevarin no tardaron en desplegar cazas para que se encargaran del enemigo que acaba de aparecer repentinamente entre sus filas, pero el daño ya estaba hecho. En esos breves momentos, el Escuadrón 42 acababa de conseguir lo que nadie más había podido en siete años de guerra. Ahora que una parte significativa de las capacidades defensivas de los tevarin había quedado anulada, los portanaves de la UEE renovaron su ataque de inmediato, haciendo llover la destrucción sobre el enemigo que los había acosado durante tanto tiempo.

Aunque Corath’Thal consiguió escapar a través del punto de salto junto con un puñado de naves, la Batalla por Centauri había supuesto la firma de la sentencia de muerte para la armada tevarin y allanado el camino para la victoria final en Elysium IV. La capitana Dunlevy y su osado Escuadrón 42 recibieron elogios del mismísimo Imperator, iniciando su transformación en el escuadrón más reputado en la historia militar.

Original.