La Amabilidad de Desconocidos

Hola a todos mis compañeros vagabundos del espacio profundo. Gracias por pasar unos cuantos minutos conmigo en Lejos de Casa. Sé que hay mucho ruido ahí fuera. Hay un Espectro entero disputándose vuestro tiempo. ¿Cómo es que tantos de vosotros me habéis encontrado? ¡No tengo ni la menor idea!

Supongo que no tiene mucha importancia. Lo que sí la tiene es que tengo suficientes transmisiones por contestar como para llenar una Hull-C. Debo admitir que tener que leerlas todas resulta un poco sobrecogedor y profundamente abrumador. Aunque tal vez sólo sean manías mías. Nunca he sido una persona muy social.

Así que, si vuestra transmisión se queda sin respuesta, no os pongáis al rojo. No es algo personal ni nada parecido. Para algunas de vuestras preguntas, no puedo ofrecer ninguna respuesta… como “¿Cuál es la ruta más segura a través del Anillo Glaciem”? ¡Que me aspen si lo sé! Eso es territorio pìrata. No es un buen sitio para ir a la deriva en solitario.

Hay otras preguntas que tienen un enfoque más filosófico. Como… “¿Cómo puede el espacio considerarse tanto un lugar como un gigantesco vacío?”. Sinceramente, me gustan este tipo de preguntas. Son las que me hacen compañía mientras voy a la deriva. Pero eso no quiere decir que vayáis a recibir una respuesta. Preguntas como ésta no son para recibir una respuesta… sino para meditarlas.

Si queréis que os cuente algo sobre mí, contestaré preguntas personales sólo si tengo ganas. Algunos días me apetece y otros no. Pues bien… hoy me apetece. Gloria me ha enviado un mensaje realmente bonito y luego me ha preguntado: “¿Cuál es la mayor tontería que has hecho en el espacio?”.

Hablando en serio, Gloria, me resulta difícil reducir esa lista a una sola cosa. A lo largo de los años he hecho un montón de cosas cuestionables, y he intentado aprender de todas y cada una de ellas, pero hacer una tontería no es siempre algo malo. Es la vida. Cuando te metes en problemas en cuando haces la misma tontería por segunda vez.

Dicho esto, lo primero que me ha pasado por la cabeza es algo que estoy seguro de lo que muchos de vosotros sois culpables: volar borracho. No me refiero a beberse algunas cervezas bien frías, programar el piloto automático y quedarse contemplando las estrellas. No, una noche hace diez años, decidí celebrar el Día del Viajero tecleando coordenadas al azar en mi navicomp, poniendo en marcha el MC y descorchando una botella de White Lightning destilado por un colega.

Resulta que ese lote era lo suficientemente fuerte como para dejar K.O. a un tev. Algo de lo que sólo me di cuenta cuando ya había vaciado media botella. Claro que eso no me impidió terminarla, dejarme caer en la silla del piloto y apagar el piloto automático para ponerme al mando de Shana yo mismo.

Tal vez fue la bebida, quizá las fuerzas G, pero lo siguiente que recuerdo es despertarme con Shana avisándome de un impacto inminente. Cogí la palanca de vuelo y estampé contra un asteroide su propulsor principal de estribor. Los daños no fueron catastróficos, pero eran mayores de lo que mi bot de reparaciones podía manejar.

Así que ahí estaba yo, en algún rincón oscuro del sistema Corel, y no podía usar el MC con un propulsor dañado. No tenía nada cerca a lo que valiera la pena dirigirme. Y, oh, sí, era el maldito Día del Viajero. Ese día del año en que la mayoría de los viajeros espaciales están en la superficie de un planeta.

Evidentemente, tendría que haber enviado una llamada de socorro de inmediato, pero ese día yo estaba empeñado en ser tonto. Al ser un día festivo y todo eso, estaba convencido de que las compañías de seguros me cobrarían más por sus servicios. Así que, tozudo de mí, decidí aguantar y quedarme a la deriva todo el día para ahorrarme unos cuantos créditos.

Lo primero que hice fue apagar a Shana para conservar energía y reducir mis emisiones. En esos momentos sentía el interior de mi cabeza como un grupo de banu en un partido de sataball. Tenía pensado quedarme sentado en el puesto de piloto para estar atento a la presencia de carroñeros o piratas, pero todo lo que pude hacer fue quedarme tumbado. Cuando ya no pude soportarlo más, me fui a la despensa para descubrir que se me había agotado lo que más necesitaba: los ingredientes para mi cura casera de la resaca.

No hizo falta nada más. Una cura para la resaca era más importante que ahorrar créditos en lo que me costaría que me remolcaran hasta Lo, así que transmití una llamada de socorro y, para mi sorpresa, obtuve respuesta de la tripulación de una Reclaimer que también creía que el Día del Viajero debía celebrarse viajando.

Así que fueron a verme y lo dieron todo para reparar mi propulsor. Incluso lo arreglaron sin cobrarme ni un credi. Todo lo que me pidieron fue que celebrara con ellos el Día del Viajero compartiendo unas cuantas historias de mi último año y, lo más importante, enseñándoles mi cura para la resaca. Para ellos, eso era pago más que suficiente.

Me he esforzado toda mi vida por apañármelas solo, pero he descubierto que eso es un sueño inalcanzable. Todo el mundo tiene defectos y todos necesitamos ayuda. Incluso aunque te asuste pedir ayuda, a veces hacerlo es lo correcto. No puedes sobrevivir en el espacio tú solo, y, no sólo eso, tienes que ser bueno cuando se te presenta la oportunidad. Los veteranos del espacio, como la tripulación de esa Reclaimer, lo saben bien. Así que, gracias a la gente de la Evo Horizon, cuando recuerdo el día en que cometí mi mayor tontería, lo hago con una sonrisa en mi rostro.

De todas formas, cuando le conté a mi colega lo que había pasado, se rió tanto que me envió otra botella de White Lightning. Ésta tenía una etiqueta de advertencia indicando la dosis apropiada. Han pasado diez años y todavía no me he atrevido a abrirla. Sólo la idea de beberla ya basta para revolverme el estómago.

Y esto es todo, Gloria. Beber y volar sin el piloto automático es una tontería. Dañar a Shana en el proceso fue todavía más tonto, pero hacer eso sin tener todos los ingredientes necesarios para mi cura de la resaca fue la mayor tontería que he hecho en el espacio. La moraleja de esta historia: comprueba hasta el último de tus suministros antes de despegar. Nunca sabes cuál puede acabar siendo el suministro más vital en tu nave.

Bueno, éste es todo el tiempo del que dispongo hoy. Tengo que hacer unos cuantos diagnósticos en Shana para asegurarme de que está en forma. Como siempre, os agradezco que me hayáis sintonizado. Hasta la próxima vez…

Jegger corto y cierro.

// FIN DE LA TRANSMISIÓN

Original. Revisión de Frost