La Generación Perdida: Capítulo 02

La Generación Perdida
Capítulo 02

La Artemis.

Lanzada en 2232, era una nave generacional con cinco mil almas en crioestasis dirigiéndose hacia GC 667Cc con Janus, un Núcleo IA, al timón. Fue la primera expedición a las estrellas de la humanidad. Poco después de haber abandonado nuestro sistema solar e internarse en espacio desconocido, perdimos el contacto.

Habían cambiado tantas cosas desde ese día: puntos de salto, Primeros Contactos, grandes logros y tragedias en prácticamente igual medida. A pesar de los centenares de expediciones, estudios y simulaciones realizados a lo largo de los siglos, nadie llegó a encontrar nada. Muchos acabaron asumiendo que se había estrellado, volado al interior de una estrella o caído dentro de un punto de salto. La Artemis se convirtió en una leyenda.

Hasta ahora…

* * * * *

Tonya se quedó mirando un fragmento de historia. Aquí, rodeado de lava, se encontraba el santo grial de los exploradores de toda la galaxia. Por lo menos, una parte de él. Su mente apenas era capaz de sobreponerse al torrente de pensamientos, esperanzas e ideas que la asaltaron en el instante en que lo vio. Miró alrededor.

Todos los demás estaban igual de asombrados que ella. El rostro de Senzen iba mudando de expresión como si se estuviera reiniciando a sí mismo para poder comprender lo que estaba mirando. La visión de la Artemis había sido capaz de alcanzar incluso el cerebro empapado de alcohol de Squig. “¡Ni hablar!” era todo lo que era capaz de decir.

Gavin Arlington le concedió a todos unos breves momentos para que se hicieran cargo de la situación. Finalmente, se aclaró la garganta. Era obvio que la presencia del CEO era necesaria en otros lugares.

-Ahora ya saben por qué les he convocado a todos ustedes aquí –dijo mientras un ayudante le entregaba un MiniGlas, que fue leyendo a medida que continuaba hablando-. Lo que tenemos aquí es una situación delicada…
-¿Qué tiene de delicado? Tiene que contárselo a la gente – interrumpió Deke Johnson. Todos los ayudantes de Arlington abrieron los ojos por el asombro y la indignación de que semejante desecho de la sociedad se atreviera a interrumpir a su jefe.
-No, señor Johnson, eso es precisamente lo que no voy a hacer –replicó Arlington, sin apenas interrumpir su discurso-. En caso de que alguno de ustedes no estuviera de acuerdo con mi decisión, permítanme recordarles que en base a los acuerdos que han firmado todos, si cuentan una palabra de esto a cualquier otra persona sin mi autorización expresa, el infractor, su familia y sus amigos serán eviscerados legalmente, profesionalmente, financieramente, socialmente… -miró a su abogado- ¿físicamente?
El abogado asintió.
-Físicamente –terminó Arlington.
-Informar a la UEE significaría la clausura de este mundo, y… evisceraría… su operación minera – -replicó Tonya.
Arlington miró a su alrededor y sonrió. La absoluta falta de emoción tras ese simple gesto humano provocó escalofríos a Tonya.
-No tiene ningún sentido notificar a las autoridades o la comunidad científica hasta que sepamos qué hemos encontrado. Por eso están ustedes aquí. Quiero hallar el lugar donde se estrelló la Artemis. Los escáneres de minería y el personal de mi instalación estarán a su entera disposición. Quien encuentre los restos de la nave compartirá el crédito por el descubrimiento así como una atractiva remuneración.
Todos se miraron el uno al otro, evaluando a sus competidores. Arlington aguardó expectante.
-Pueden empezar ahora –dijo finalmente.

* * * * *

Tonya regresó apresuradamente a la Beacon II. Atravesó corriendo la bodega de la Freelancer, agarrando herramientas de excavación, escáneres, capturadores de video, su MiniGlas biblioteca… se detuvo un segundo para recuperar el aliento. Cada fibra de su ser estaba en llamas, cargada con la posibilidad de ser la persona que revelara el destino de la Artemis. Era todo tan difícil de creer. Se dio un momento para disfrutar de la emoción que sentía. Corrió de vuelta al lugar de excavación. Cuando llegó allí, Tonya comprendió que no era la única que se sentía entusiasmada por el posible descubrimiento.

Senzen ya había encargado al personal de minería que excavara el fragmento de la Artemis. Iban socavando con cuidado el bloque de lava negra, intentando ver cuanto más del antiguo metal yacía enterrado.
La Cutlass de Deke Johnson los sobrevoló, levantando una tormenta de rocas sueltas. La panza de la nave estaba iluminada por los escáneres sondeando el paisaje circundante.
Sobre una colina cercana, Squig bebía de su petaca mientras blandía un escáner casero.

Arthur Morrow pasó caminando a su lado cargando equipo y escáneres de roca profunda. Apenas prestaba atención a ellos o al artefacto.
-¿No estás interesado en analizar esto, Art? –preguntó Tonya desempaquetando su cámara y herramientas. Arthur la miró y resopló.
-El dinero no está en eso. El dinero está en algún sitio ahí fuera –contestó haciendo un gesto al mar de lava solidificada que los rodeaba y continuó su camino.
-A algunas personas les falta visión –le dijo Senzen a Tonya con una sonrisa.
Tonya sacó una serie de fotos del fragmento de la Artemis y las fue uniendo hasta componer una imagen. Una vez hubieron encajado todas las piezas de la imagen, la comparó con una base de datos de imágenes de la Artemis, intentando determinar a qué parte de la nave podría proceder el fragmento metálico.
Tonya se dio cuenta de que Senzen estaba de pie detrás de ella.
-Esa es una buena idea – sonrió maliciosamente y volvió a dar órdenes a los trabajadores.
-Alguien debería decirle a Deke que deje de escanear desde tan cerca. La gravilla podría dañar el metal.
El MiniGlas de Tonya emitió un zumbido. Basándose en las letras grabadas y las marcas descoloridas, había muchas probabilidades de que lo que estaban viendo hubiera formado parte del fuselaje del propulsor de estribor.
Era un dato útil pero no concluyente. Ese trozo de fuselaje podría haberse desprendido mientras la nave se estrellaba o en el espacio.
En el transcurso de las siguientes horas, Tonya, Senzen y los trabajadores lograron extraer con éxito el fragmento y lo depositaron cuidadosamente en el suelo. Tonya rodeó lentamente el metal y lo fotografió desde todos los ángulos.
En su totalidad, la pieza medía aproximadamente dos por cuatro metros. Los bordes habían quedado fundidos por el baño de lava. Por suerte, su blindaje térmico había conseguido proteger esta parte de ella durante el tiempo suficiente para que la lava se enfriara.

Cuando hubo terminado, Tonya se sentó y se quedó mirando el artefacto.
-Bastante difícil de creer, ¿verdad? – dijo Senzen sentándose en la grava a su lado. Bebió un poco de agua.
-No puedo dejar de mirarlo –replicó ella-. Después de todo este tiempo, podríamos llegar a saber…
-Sí –asintió él y le ofreció el agua. Tonya miró la botella vacilante.
-Tranquilízate, Tonya. Somos competidores, pero eso no significa que no podamos ser civilizados.
Tonya tomó la botella y bebió. No se había dado cuenta de lo sedienta que estaba y acabó bebiéndosela entera.
-De nada –dijo Senzen con una sonrisa.
-Lo siento.
-No te preocupes. Me pueden traer unas cuantas más.
Senzen miró a su alrededor. Uno de los ayudantes de Arlington partió apresuradamente hacia la sede corporativa a por más botellas.
-¿Ya tienes a sus ayudantes yéndote a buscar cosas?
-Trabajo rápido –replicó Senzen encogiéndose de hombros. Cogió las botellas-. Salud y gracias -. El ayudante se esfumó. Senzen se volvió hacia Tonya -. ¿Vamos?
Estudiaron minuciosamente cada pulgada del metal de la Artemis, por delante y por detrás. Tonya lo limpió lo mejor que pudo, y luego buscó cualquier indicio que sirviera para explicar lo que le había sucedido. No había nada. Los bordes estaban fundidos hasta un punto que resultaba imposible determinar si el panel de fuselaje había sido arrancado o no. Analizó muestras microscópicas del metal. Otro callejón sin salida.
Volvió a sentarse y trató de desconectarse del rompecabezas. Con la esperanza de que unos cuantos minutos sin pensar en ello le dieran algo de perspectiva, se fijó en Deke, quien seguía escaneando el paisaje desde su nave.
Squig estaba estirado sobre la ladera de la colina intentando arreglar su escáner. Sacó un módulo de exploración entero y lo arrojó pendiente abajo.
Entonces se vio golpeada por la inspiración. Conteniendo su impulso de echar a correr, intentó dar un paseo casual hasta el artefacto. Escaneó de nuevo los bordes del panel de fuselaje. Senzen se le acercó.
-¿Tienes algo?
-No lo sé. Quizás –contestó Tonya recorriendo con los dedos el borde del metal-. Pero si lo tuviera tampoco te lo diría.
-Me parece bien –fue su respuesta. Se inclinó hacia ella y observó.
Tonya agarró el metal y comprobó su peso. Podía darle la vuelta por su cuenta, pero no sin que se le escapara o correr el riesgo de dañarlo.
-Dadme una mano –dijo a los trabajadores. No se movieron, se limitaron a mirarse el uno al otro y luego a Senzen.
-Sí, ya he llegado a un acuerdo con ellos para que sólo me ayuden a mí –comentó Senzen encogiéndose de hombros con expresión de inocencia.
Tonya le fulminó con la mirada y luego dio la vuelta al artefacto ella sola. La cara metálica golpeó contra el suelo revelando el otro lado. Le dolió hacerlo, pero no iba a ceder ni una pulgada ante Senzen.
El lado interior de la placa era muy parecido al exterior. Metal. Fundido. Había un trozo menos deformado que el resto. Tonya examine cada milímetro con su zoom óptico. Por fin, encontró un borde. Un borde limpio.
Eso era. Tuvo que disimular la oleada de euforia que sentía para no revelar su mano. Miró a su alrededor, pero Senzen había desaparecido.

* * * * *

Cinco minutos después, Tonya estaba fuera de la oficina temporal de Arlington. El ayudante la acompañó al interior. Tonya volvió a contener el ansia de subir corriendo esos últimos escalones. Arlington estaba tras su escritorio, revisando entradas de datos sobre los activos de la compañía.
-¿Ha encontrado algo? –preguntó sin levantar la vista.
-No creo que esto sea el lugar de un accidente, señor Arlington.
Arlington le concedió por fin su atención. Tonya mostró unas cuantas fotos y amplió la sección indemne hasta encontrar el borde limpio.
-¿Ve eso? El borde no fue desgarrado o doblado. Fue cortado –dijo Tonya mostrando varias pantallas de datos adicionales sobre sus hallazgos-. Mi análisis indica que fue realizado con un láser de precisión que, aunque tosco comparado con los estándares actuales, coincide históricamente con el tipo de tecnología incluía en la Artemis.
-Prosiga.
-Creo que se pararon aquí para hacer reparaciones –dijo Tonya, sintiendo volver esa euforia -. Sigue ahí fuera.
-Todo un descubrimiento en efecto, señor Turov –dijo Arlington a una puerta lateral. Tonya miró a su alrededor, confundida. Senzen entró en la sala.
-Le dije que habíamos descubierto algo grande –dijo Senzen poniéndose al lado de Tonya.
-¿Habíamos? –balbuceó ella. Su confusión dio paso rápidamente a feroz indignación-. Señor Arlington, no sé qué es lo que le habrá contado…
-Señorita Oriel, por favor –la interrumpió Arlington haciendo un gesto con la mano-. Me ha convencido.
Tonya miró a Senzen, deseando repentinamente poseer poderes piroquinéticos.
-La oferta sigue en pie –dijo Arlington mientras volvía a centrar su atención en sus entradas de datos-. Ahora, vayan ambos a encontrarla.

. . . CONTINUARÁ

Original.