La Generación Perdida: Capítulo 03

La Generación Perdida
Capítulo 03

Tonya avanzaba a grandes zancadas por el pasillo con Senzen siguiéndola de cerca. Los empleados de la Shubin se apartaban de su camino. Unos minutos antes, Arlington los había abandonado dejándolos en presencia de uno de sus ayudantes, quien había explicado el funcionamiento de las cuentas de gastos y el protocolo de contacto. Tonya apenas prestó atención; todavía estaba echando humo por la jugarreta que Senzen le había gastado.

-Entonces, ¿por dónde quieres empezar a buscar? -dijo Senzen sonriendo mientras le daba una patada al nido de avispas. Funcionó. Tonya se dio la vuelta.
-¿Cómo diablos has podido venderle ese montón de mierda? –contestó ella al tiempo que le daba un empujón–. Era imposible que supieras lo que yo había encontrado. -Empujón número 2.
-Para ser alguien tan fascinado con las civilizaciones, realmente deberías aprender más cosas sobre la gente.
-Dímelo –insistió Tonya dándole un nuevo empujón. Senzen suspiró.
-Arlington es probablemente la única persona en el universo a la que no podría importarle menos la Artemis.
Un asistente corrió hasta Senzen y le entregó una taza de café.
-Ah, maravilloso, gracias –dijo sonriendo al asistente, luego volvió a dirigirse a Tonya-. Simplemente le he contado que habíamos estado trabajando juntos en el análisis del fragmento y encontrado algo que podría ser grandioso. Yo no quería hablar fuera de turno antes de que hubieras terminado con tu análisis, así que vine corriendo hasta aquí para asegurar una reunión rápida. Su imaginación, o cualquier programa en su cabeza que se encargue de esa función, hizo el resto.
Tonya se quedó mirándolo. Senzen tomó un sorbo de su café y esperó.
-Mantente fuera de mi camino.
-¿Eso es todo? –Senzen meneó la cabeza, decepcionado-. Venga Tonya, solías ser más ingeniosa que eso.
-¿Qué tal, no tienes ninguna oportunidad contra mí, y lo sabes? –tras decir esto, Tonya se dio la vuelta y empezó a alejarse.
-Eh, mejor –gritó Senzen-, pero a lo mejor te sorprendo.

* * * * *

Para cuando Tonya estuvo de vuelta en su nave, su mente ya había desmantelado la amenaza de Senzen Turov. Era un explorador astuto, eso seguro, pero Tonya sabía que su talento era sociológico antes que histórico. Durante el tiempo que mantuvieron su asociación condenada al desastre, Senzen demostró ser capaz de obtener información de las fuentes más improbables, pero esto era la Artemis. No había nadie con el que poder hablar, ningún soplón que pudiera darte información, todo estaba encerrado en la historia. Esa era la especialidad de Tonya.

Estaba encendiendo los motores cuando un pensamiento, una sola idea paranoica, se apoderó de ella. Quizás Senzen tenía razón: necesitaba empezar a estudiar a la gente. Empezando con la posibilidad de que le hubiera dejado algún regalito. Realizó un barrido con los sensores por todo el casco en busca de señales de salida. Mientras se estaba efectuando, quitó el envoltorio de su nueva cámara de análisis y descontaminación y la programó para que hiciera lo mismo.

Tonya entró en la cámara. Las barras de sensores giraron en torno a ella. Parecía que estaba limpia cuando… ping,
-Hijo de… -musitó saliendo de la cámara y mirando en la pantalla. Efectivamente, tenía un transmisor del tamaño de un guijarro colgando debajo de su cuello. Lo tiró al incinerador.
El barrido de sensores por toda la nave también estaba terminado. No había modificaciones extrañas ni se estaban transmitiendo señales no autorizadas.
-Buen intento, Senzen –murmuró Tonya mientras despegaba. Una pared de oscuras nubes se arremolinaba lentamente en el horizonte. Tonya vio un ejército de ingenieros de la Shubin preparándose para transportar el fragmento de la Artemis dentro del edificio antes de que la tormenta llegara hasta él. Atravesó las nubes y dejó atrás el planeta.

Tonya dispuso un rumbo para el punto de salto más cercano. Necesitaba estar sola. Tenía un nuevo acertijo por resolver y necesitaba ver con qué podía trabajar, de manera que cuantas menos distracciones tuviera, mejor.
Pasó por el punto de salto hacia el sistema Cronos. La masa inconclusa del Sythnworld era apenas visible contra el lejano sol. Las fuerzas militares de la UEE estaban practicando simulacros cerca, pero Tonya fue capaz de encontrar una bonita parcela de nada. Puso la nave en reacción automática y abandonó la cabina para dirigirse a la parte posterior de la nave.
Sacó todo el equipo que tenía y lo apuntó todo en la pantalla de la pared.
Lo mejor era empezar por el principio: puso en marcha un programa que convirtiera sus fotografías en un modelo 3D. A continuación se fijó en el mapa estelar. El destino original de la Artemis era GJ 667Cc, que se creía (en esa época) que podría ser un posible planeta habitable del tipo súper-Tierra. El fragmento de la Artemis fue hallado en el sistema Stanton, que estaba muy lejos de la trayectoria correcta para un viaje hacia el cúmulo estelar Gliese.
Entonces, ¿qué había pasado? ¿Por qué se desvió la nave? De acuerdo con su hipótesis de que la Artemis se había detenido para realizar reparaciones, ¿continuaría Janus con su destino original cuando la nave reemprendiera su viaje?
Tonya rebuscó por libros y artículos. Decidió inmediatamente descartar cualquier cosa que no fuera una certeza verificable. Las biografías, disertaciones y simulaciones eran pura especulación. Aunque había algunas grandes mentes que habían intentando resolver el misterio de la Artemis, en última instancia sólo podían hacer conjeturas, y Tonya no quería que su nueva evidencia se viera afectada por nociones preconcebidas.
Por desgracia, este enfoque descartaba el noventa y ocho por ciento del material disponible. Lo que quedaba no era más que trozos de datos, la ocasional cita de algún tripulante antes del despegue, y archivos de documentos de los canales de noticias acerca del lanzamiento en sí: el momento en que Janus asumió el control de la nave y encendió sus motores para internarse en el espacio desconocido.

Pasaron cuatro horas. Tonya tenía la mirada fija en la pared, con su hinchada lista de preguntas y inexistente lista de respuestas. Tonya hizo rotar el modelo 3D del fragmento de la Artemis una y otra vez, esperando que le viniera algún tipo de inspiración.
No le venía.

A pesar de eso, sí que se le ocurrió algo. El Museo Hartley. Tonya recordó haber visto hace años un artículo acerca de los intentos del museo por revelar “la exhibición sobre la Artemis más completa hasta la fecha, con impactantes nuevas evidencias” o alguna tontería parecida. En ese momento, lo había desdeñado como efectismos baratos para atraer a los ignorantes. Ahora, quizás valiera la pena darle un vistazo.

* * * * *

El Museo Hartley ciertamente palidecía en comparación con los establecimientos mucho más venerables del repertorio de museos de Londres. Su fachada se estaba desmoronando, y no de una forma precisamente venerable. Andrajosas banderas recicladas ondeaban en su porche anunciando la exhibición del “Desfile de los Reyes Antiguos de la Tierra”.

Tonya compró una entrada al hosco anciano de la ventanilla y entró empujando el barato torniquete de seguridad. El lugar estaba desierto. El sonido de sus pasos resonaba contra las paredes de imitación de mármol en la distancia. Examinó por encima una colección de esqueletos y momias apañados para que parecieran antiguos egipcios. Se detuvo ante un sarcófago con el esqueleto de un “faraón” en su interior.

-Buenas tardes, señorita –dijo una voz alegre tras ella. Se dio la vuelta. Era el mismo anciano de la taquilla de entradas, ahora vistiendo una chaqueta diferente y llevando gafas-. Estos son los restos mortales del poderoso faraón Kefrén, arquitecto de la inmortal Esfinge de Guiza.
-¿El faraón Kefrén? –repitió Tonya. Se inclinó para tener una mejor vista de los restos.
-En efecto. Su reinado durante la cuarta dinastía fue…
-Este fue un esclavo.
-Perdón, ¿cómo dice? –dijo el anciano dando un respingo.
-El desgaste y las cicatrices en los huesos alrededor de los tobillos indican que tuvo que transportar objetos pesados, de forma que probablemente sí que fue un arquitecto de la Esfinge, pero más del tipo que tenía que transportar piedras.
El anciano se quedó mirándola, aturdido y también un poco avergonzado.
-Yo…
-No pasa nada –le tranquilizó Tonya-. Quería preguntarle acerca de la exhibición sobre la Artemis que estuvieron intentando hacer.
-Oh, ojala hubiéramos podido –contestó el anciano desanimándose todavía más-. Se suponía que iba a ser nuestra salvación. Gasté hasta el último céntimo que teníamos intentando conseguir todos esos artefactos.
-Entonces, ¿siguen aquí?
-El banco se los quedó como garantía por préstamos no devueltos –dijo el anciano dejándose caer sobre un banco-. Dígame, ¿cómo se supone que voy a pagarles si no tengo ninguna exhibición nueva con la que poder vender entradas?
-¿Qué es lo que compró?
-Eran unos cuantos de los diarios personales de la capitana Danvers, esquemas y secuencias grabadas de prueba de la nave, una copia original de la IA Janus, conseguí incluso…
-Uau, frene un poco –le interrumpió Tonya y se sentó a su lado en el banco-. ¿Encontró una copia del programa IA?
-¿Janus? Sí, y no me salió barato, se lo aseguro.
-¿Cuál es el nombre de su banco?
El anciano, cuyo nombre era Melvin Hartley Jr, tal y como llegó a enterarse Tonya, se lo dijo. Tonya dejó a Hartley en su silencioso y vacío museo mientras se encaminaba a hacer unas cuantas averiguaciones por su parte.

La representante del banco fue servicial pero desdeñosa. Explicó que el banco tomaría en consideración cualquier oferta seria para la compra de los artefactos, pero tendría que ser examinada, lo cual llevaría semanas.
Por desgracia, Tonya no disponía de tanto tiempo.
Lo que significaba que tendría que robarlos.

. . . CONTINUARÁ

Original.