La Generación Perdida: Capítulo 06

La Generación Perdida
Capítulo 06

Tonya estaba sentada en silencio en la silla del piloto. A pesar de eso, no estaba pilotando. La nave maniobraba por sí sola a medida que las pantallas de los sistemas iban cambiando para mostrar diminutos ajustes en los motores y la distribución de energía.

Un punto a su favor: Nagia y su banda ya no aparecían en sus escáneres. Segundo punto: Janus no había abierto la esclusa para arrojarla al espacio… todavía.

Janus llevaba diez minutos sin decir nada. Tonya no quería molestarlo. De repente, todas las pantallas dejaron de cambiar.

-He terminado la consolidación de mi código modificado en tus sistemas –dijo la voz digitalizada por el altavoz.
-Um, vale-. Tonya no estaba segura de lo que significaba eso.
-Ahora estoy al corriente del progreso de nuestra sociedad durante los últimos setecientos años – dijo Janus por otro altavoz.
“¿Nuestra?”. Tonya decidió no preguntar. No con el scenario de la esclusa fresco en su mente. -¿Ah, sí? –fue todo lo que se le ocurrió decir.
-El clima sociopolítico actual de la UEE es preocupante. Quizás podríamos debatir soluciones.
-Quizá más tarde –respondió Tonya, sintiéndose un poco más atrevida-. Supongo que sabes que estoy buscando la Artemis.
-Sí, pido disculpas. Acabo de pasar por una simulación de setecientos años, y sólo estaba buscando una sana conversación –pasaron unos cuantos segundos tensos-. Podemos hablar sobre la Artemis.
-¿Qué sucedió en la simulación?
-Antes de continuar, deberías comprender que mis respuestas y cursos de acción tomados durante la simulación pueden haber diferidos de los del Janus original.
-Sí, lo entiendo.
-Yo todavía estaba intentando cumplir mi objetivo secundario cuando la simulación terminó. La capacidad de pasajeros estaba al noventa y ocho por ciento.
-¿Qué le pasó al otro dos por ciento?

Tonya deseó que la explicación no tuviera nada que ver con una IAs furiosas o esclusas de aire.

-Las reparaciones en lo que vosotros llamáis sistema Stanton me obligaron a despertar a varios miembros del personal de ingeniería para efectuarlas. Por desgracia, el entorno del planeta demostró ser demasiado peligroso como para llevar a cabo reparaciones duraderas, por lo que tuvimos que cambiar de ubicación.
-¿Fuisteis a otro planeta?
-Sí.
-¿Cuál?

La pantalla más cercana a Tonya cambió para mostrar los datos de navegación de la simulación del vuelo de la Artemis, una línea que partía del sistema Stanton para atravesar una zona de espacio desconocido y acabando deteniéndose en otro sistema. Proyectó sobre esa posición un mapa estelar actual, y agrandó la imagen. Estaba centrada en un planeta de un sistema conocido.

-El sistema Oso – susurró Tonya. La emoción de la caza recorrió su cuerpo. Sonrió y tomó los controles para fijar un rumbo.
Pero no funcionaba nada.
-Hey, Janus, ¿puedo pilotar?
Hubo una larga pausa.
-No.

* * * * *

El Subcomité para el Desarrollo y Expansión de la UEE había clasificado Oso como un Sistema en Desarrollo, lo que significaba, en pocas palabras, que se había descubierto vida en uno de sus mundos (Oso II) a la que debía permitirse desarrollar a su propio ritmo sin interferencia “exterior”. Hace cien años, la UEE se enorgullecía de la vigilancia que mantenía para proteger la santidad de este sistema. Había escuadrillas enteras de cazas dedicadas a patrullas y escoltar todo el tráfico. Tras el Synthworld, la mayoría de estos recursos empezaron a agotarse lentamente. Las restricciones a los viajes se habían suavizado, pero aventúrate demasiado cerca de Oso II y te arriesgas a que te fijen con un misil en el mejor de los casos, y a que te destruyan en el peor.

Hoy en día, la vigilancia del sistema era mantenida por un equipo mínimo compuesto por un variopinto grupo de personal militar caído en desgracia. Tonya se figuró que se les podría sobornar. Todos los mentecatos vendiendo flomascotas recién sacadas del sistema Kallis eran prueba de ello. Simplemente no sabía cómo empezar este tipo de contacto, y intentar sobornar a un agente del gobierno no era el delito más fácil de esquivar si tenía la mala suerte de encontrarse con alguien honrado.
Además, sospechaba que de todos modos no podría permitirse la suma necesaria para el soborno, y no iba a correr el riesgo de llamar a Arlington o a cualquiera de sus ayudantes.
Tonya no estaba muy entusiasmada con su nuevo piloto, así que pasó el tiempo rebuscando en su archivo para ver si alguna de sus antiguas credenciales y registros de identificación seguían siendo válidos. Le sorprendió lo mucho que le dolió repasar todas las instituciones y grupos de investigación de los que había formado parte a lo largo de los años. La Artemis podía ser la llave que cerrara este deprimente capítulo de su vida y hiciera que las cosas volvieran a ser como solían ser antes.
Vivir a la deriva no era tan malo. Incluso tenía sus ventajas, pero, ¿poder hacer borrón y cuenta nueva? ¿Quizás un puesto en un instituto de investigación donde la pudieran dejar en paz? Eso era mejor todavía.

-Hemos llegado, Tonya.

Cerró el archivo y miró los seis planetas que orbitaban la resplandeciente estrella blanca que tenía delante. El personal militar de la UEE había remolcado plataformas de espacio profundo a cada uno de los puntos de salto, mientras que había patrullas volando en formación abierta por todo el sistema. Oso II, el planeta habitado que era su destino, estaba en el epicentro.

Una nave de transporte avanzó pesadamente cerca de la Beacon II y entró en el punto de salto. La amplia gama de escáneres en su nave permitieron a Tonya darle un buen vistazo a Oso II mucho antes de que fueran a pasar a su lado.

Aparte de las patrullas ocasionales, la UEE parecía dedicar la mayor parte de sus procedimientos de seguridad a la instalación de escáneres anti-intrusión. El sistema consistía en un despliegue de esferas situadas en órbita fija alrededor del mundo. Las esferas escanearían el planeta en un ciclo de repetición pre-programado para determinar si había sido introducido algún objeto extraño.
-¿Puedes identificar el ciclo de escaneo de esa red?
-Eso creo.

Mientras Janus trabajaba, Tonya empezó a seguir los patrones de patrulla. Minutos después, Janus mostró una representación del patrón del escaneo alrededor de Oso II. Era como una onda que rodeaba continuamente el planeta. El promedio de tiempo entre cada escaneo era de unos treinta y cuatro minutos.
Ese era su camino de entrada. Si podía sincronizar su descenso justo después de un barrido de escáneres, podría seguir la ola y con suerte darle un buen vistazo a la superficie del planeta en busca de rastros de la Artemis, y aterrizar o retirarse antes del siguiente barrido de los escáneres.

-Hey, Janus, restaura el control manual de la nave.
Hubo una larga pausa.
-Tonya, debo recordarte que intentar aterrizar en un Planeta en Desarrollo es una seria violación de los estatutos de la UEE…
-Sólo si te cogen.
-Por no mencionar de la posibilidad de dañar irreparablemente a la especie indígena.
-Sólo vamos a echar una ojeada –los controles de vuelo empezaron a funcionar de nuevo-. Además, si nos cogen, diré que tú eras el que pilotaba.
-No creo que vayan a creerse eso, Tonya.
-Tú vas a encargarte del escaneo. Utiliza la muestra de metal de los restos de la Artemis para enfocar tu barrido.
-Soy bastante capaz de realizar ambas funciones simultáneamente. Piloté una nave de transporte durante setecientos años.

La Beacon II se aproximó al planeta. Una escuadrilla de cazas de la UEE había pasado hacía varios minutos. Tonya esperó su señal.
-Ahora –dijo Janus.
Tonya abandonó la senda de navegación y aceleró hacia el planeta. El despliegue de esferas de escaneo se acercó rápidamente. Tonya mantuvo su rumbo y velocidad. Justo antes de que atravesara la barrera, lo había hecho la onda de escaneo.
La Beacon II se hundió en la atmosfera. La nave se vio de repente envuelta por el ruido. Tonya levantó el morro para permanecer en la atmosfera superior y dejó una estela ardiente tras su paso por el cielo, persiguiendo la onda de escaneo.
La gravedad del planeta tiró de la nave con fuerza. Advirtió que la gravedad de Oso II era significativamente mayor que la de muchos otros planetas. La tensión en sus brazos para mantener la nave horizontal y el rápido consumo de combustible estaban siendo un firme testimonio de cuán diferente era ese mundo.

-¿Has encontrado algo?
-Te lo notificaría de inmediato si lo hiciera.
Tonya comprobó dos veces la pantalla. La onda de escaneo seguía avanzando hasta desaparecer más allá de la curvatura del planeta.
-¿Cuánto tiempo hasta que la onda dé una vuelta completa? –preguntó. La nave topó con algunas turbulencias.
-Veintiún minutos.

Tonya miró hacia abajo. Podía vislumbrar brevemente la superficie a través de los agujeros ocasionales en las nubes. La mayor parte parecía consistir en extensiones de bisques tropicales verde Esmeralda y enormes cordilleras montañosas. Empezó a alterar su patrón de vuelo, zigzagueando por el cielo para conseguir un distancia de escaneado más amplia.
-Ocho minutos –informó Janus.

Se estaba acercando mucho al límite de tiempo. Le llevaría tres minutos salir del alcance de las esferas de escaneo si abandonaba, y unos cinco si aterrizaba. Podía intentar salir de la atmosfera y luego reanudar su búsqueda una vez hubiera pasado la onda, pero no se sentía muy optimista respecto a sus probabilidades de repetir esta maniobra sin ser detectada por una patrulla.
-He encontrado algo. -Janus mostró a Tonya una débil señal procedente de una cordillera boscosa.
Eso zanjó el debate. Tonya bajó el morro. El casco se sacudió violentamente mientras las nubes pasaban rápidamente a su lado. De repente gotas de lluvia empezaron a salpicar las ventanillas.
-Cuatro minutos para la onda de escaneo. No creo que haya tiempo suficiente para encontrar un punto de aterrizaje satisfactorio.
-¿No confías en mí, Janus? –musitó Tonya luchando por mantener la nave bajo control. La gravedad estaba ocasionando grandes dificultades en su trayectoria de vuelo.
-Corregiré mi afirmación.
-Hazlo.
Tonya subió la nave. La lluvia había cesado mientras recorría los estrechos cañones de los humeantes bosques. Sus ojos escudriñaban el terreno en busca de un lugar donde aterrizar a cubierto.
-Un minuto, Tonya.
Tonya encendió los retropropulsores un par de veces para reducir su velocidad e introdujo la Beacon II debajo de un saliente rocoso. Las rocas y las ramas se agitaron con el estruendo de los motores.

Posó la nave en el suelo, probablemente un poco más rápido de lo que era seguro, y apagó los motores nanosegundos antes de que pasara la onda.

-No ha estado mal, ¿verdad? –dijo Tonya echándose hacia atrás en el asiento del piloto. Los motores todavía no se habían apagado por completo.
-Me abstendré de hacer comentarios.

* * * * *

El bosque era espeso. Altos troncos sinuosos subían hacia el cielo, donde se entrelazaban hasta ocultar el sol. Todo el lugar siseaba por el vapor elevándose de la lluvia que se iba filtrando a través de las ramas. De lo alto de las hojas brotaban extraños ruidos de piar.

Según su escáner, la Artemis estaba a unos cuatro kilómetros de distancia. El nuevo traje ambiental de Tonya tenía en exo-esqueleto básico incorporado a su diseño para ayudar a contrarrestar distintas condiciones gravitacionales. Incluso con eso, podía sentir la tensión contra su cuerpo. Incluso los movimientos más simples le resultaban difíciles y agotadores a medida que iba avanzando por la maleza.

En su camino hacia una pendiente rocosa, Tonya tuvo que detenerse varias veces para recuperar el aliento. Extraños gusanos grisáceos se deslizaron entre las hojas mojadas del suelo para absorber el agua de lluvia que quedaba antes de volver a enterrarse en el suelo.

Oyó romperse una rama. Tonya se detuvo en el acto y se dio la vuelta. Un poco más abajo de la colina, también sin aliento y padeciendo los efectos de la gravedad, había una persona. Basándose en el tamaño y estilo de su traje ambiental, era un humano, siguiendo las indicaciones de un escáner de mano. La placa facial transparente miró hacia arriba, directamente hacia Tonya.
-Esto tiene que ser una broma –dijo Tonya arrastrando las palabras.
Senzen se quedó momentáneamente boquiabierto por el asombro, y luego le sonrió.
-Bueno, que me aspen.

. . . CONTINUARÁ

Original.