La Generación Perdida: Capítulo 09

La Generación Perdida
Capítulo 09

Cuatro paredes. Cuatro sosas paredes grises. Tonya no esperaría que una celda de detención resultara acogedora, pero estaba empezando a comprender por qué los criminales preferirían ir a QuarterDeck antes que a una prisión. Una persona podría acabar enloqueciendo encerrada en una celda como esta.

Según el reloj al otro lado de los barrotes, habían pasado varios días desde que Tonya había sido traída a bordo de la plataforma militar de la UEE. En ese tiempo, ella había recorrido todo el espectro de frustración, rabia, desesperación y miedo. Ahora estaba sumida en una ansiedad de combustión lenta. Cada segundo que permanecía encerrada en este agujero le daba a Senzen más tiempo para encontrar la siguiente pieza del rompecabezas de la Artemis. Y entonces se marcharía. Todo lo que ella podría hacer en el mejor de los casos es intentar no quedar demasiado rezagada, esperando conseguir fragmentos de información de segunda mano. Esta era su oportunidad de hacer historia y se le estaba escapando, segundo a segundo.

Aparte del chico que venía para traerle la comida, por su celda sólo se había dejado caer otra persona: el soldado que la había encerrado en ella. Ahora, otro funcionario impecablemente uniformado se paró al otro lado de los barrotes. Como aspirante a futuro burócrata de la UEE, hablaba con un tono de voz nasal que sugería que su cuerpo estaba en guerra con sus senos paranasales. Procedió a informar a Tonya de la gravedad de sus crímenes.
-Se trata de algo serio, muy serio, señorita Oriel. Fue atrapada en flagrante violación del Artículo 2 de la Ley de Oportunidad Justa, un crimen que conlleva una pena minima de diez años –dijo con la nariz enterrada en su Glas.
-¿Ah, sí? Pruébelo.

Esa respuesta logró que apartara su rostro de la pantalla. Empezó a respirar rápidamente por el shock y la sorpresa.
-Señorita Oriel, la capturaron interactuando con una tribu osolana.
-Sí, bueno, vuestros chicos abrieron fuego contra los nativos, así que supongo que estamos en paz.
-¡No hicimos tal cosa! Seguimos el protocolo estándar mediante el uso de fuerza no letal para extraer la influencia perturbadora sobre la especie. Nuestra intervención fue en el mejor interés de los osolanos.

Tonya decidió que “Influencia Perturbadora” podría ser el título de su biografía.

-Cuando los cargos sean presentados, se le podrá asignar un abogado defensor de oficio…

-Ya tengo un abogado –interrumpió Tonya-. ¿Dónde puedo encontrar un terminal de comunicaciones?
-Todavía estamos ordenando los cargos…
-Me gustaría hacérselo saber más pronto que tarde.
El oficial volvió a enterrar su rostro en el Glas y fue pasando los archivos. Un débil murmuro involuntario escapó de sus labios mientras trabajaba.
-Sí, supongo que eso es aceptable.

El oficial se marchó arrastrando los pies. Varios minutos después, aparecieron dos soldados con aspecto aburrido. La esposaron y la llevaron por los lúgubres pasillos de la estación de la UEE. El lugar parecía como si necesitara un buen remodelado. De las paredes se habían retirado algunos paneles sin llegar a reemplazarlos. Había cables colgando. Fluidos refrigerantes manchaban el suelo. Tonya no pudo evitar decir algo.

-En serio, chicos, este lugar es un tugurio.

Uno de los soldados esbozó una sonrisa. Pasaron frente a una ventana que daba a la bahía de hangar. Los mecánicos preparaban los Hornets militares para sus patrullas. La Beacon II estaba entrando lentamente en la bahía de hangar. Tonya no podía creerse que les hubiera llevado tanto tiempo traerla hasta aquí.
Los soldados la encerraron en la pequeña sala que contenía la terminal de comunicaciones, probablemente utilizada por los soldados para enviar mensajes a casa o, si uno podía fiarse de los grafitis en las paredes, para llamar prostitutas.

Tonya calibró el mensaje para que fuera transmitido directamente a la oficina de Gavin Arlington. Probablemente le llevaría un poco más de tiempo llegar hasta el director ejecutivo de la Shubin, pero Tonya estaba harta de tratar con sus ayudantes. Mantuvo el mensaje deliberadamente breve para que la transferencia fuera más rápida.
-Hola, señor Arlington. Encarcelada en la plataforma militar de la UEE en el sistema Oso. No he revelado a la UEE la naturaleza de mi empleo. Necesito abogado legal. Por favor, conteste.
Envió el mensaje y salió de la habitación. Los dos soldados se desperezaron lentamente.
-Espero que llegue bien. También he pedido una prostituta – dijo Tonya completamente inexpresiva. Los soldados rieron y la llevaron de vuelta a su celda.

Tonya volvía a estar sola, con las luces parpadeantes como única compañía. Calculó mentalmente cuanto tiempo tardaría Arlington en contestar. Aplicó variables como intentar recordar los tiempos de transferencia de las estaciones relé. Intentó figurarse cuál sería la hora local en Stanton. Aunque eso probablemente resultara irrelevante. Gavin Arlington le había parecido el tipo de persona que nunca dejaba realmente de trabajar.

Pasaron unas cuantas horas más. Tonya se había envuelto en la delgada manta para intentar mantener a raya el frío de la estación. Había logrado incluso dormir un rato. O por lo menos eso pensaba, desde su litera no podía ver el reloj y no había ninguna otra manera discernible de registrar el paso del tiempo. Era como si…

CLICK. La cerradura de la puerta de su celda se abrió.

Tonya se sentó con indolencia y miró a su alrededor. El pasillo exterior estaba vacío. Ecos de charla de comunicaciones brotaban del puesto de guardia. Quizás estaba soñando.

Dejó que pasaran unos segundos… no, se sentía despierta.
La pesada puerta metálica se balanceaba suavemente con las ráfagas del reciclador de aire. Tonya se levantó y se acercó cautelosamente a la puerta. Miró arriba y abajo del pasadizo. Estaba vacío.

Del puesto de guardia salían ronquidos. Empujó con suavidad la puerta. Se abrió del todo, gimiendo ligeramente mientras lo hacía.

Tonya salió de la celda. Se movió a lo largo de la pared hacia el puesto de guardia y asomó la cabeza por la esquina. La cabeza del guardia reposaba sobre su consola. Su cuerpo exhalaba lentamente con cada ronquido. Las pantallas murales a su alrededor parpadeaban.

-Hola, Tonya –susurró una voz por los altavoces.
-¿Janus?
-Debo disculparme por mi anterior inactividad. Pensé que sería mejor que mi presencia continuara siendo un secreto para los militares.
-¿Cómo has llegado hasta aquí?
-Conectaron los sistemas de la Beacon II a su red. Me sorprende que tu gente no utilice más IAs. Hay una gran cantidad de programación desperdiciada.
-¿Podemos hablar sobre esto más tarde?
-Por supuesto. Reservaré un espacio en mi agenda.
-¿Puedes sacarme de aquí?
-Sí, si encuentras una habitación sellada al vacío. He hecho los arreglos necesarios para poder abrir las esclusas de aire y expulsar el personal de la estación al espacio.

Tonya quedó paralizada. Tenía que escoger sus próximas palabras con cuidado.

-Janus… realmente no deberías hacer eso…

Hubo una larga pausa.

-Estaba bromeando, Tonya.

* * * * *

Janus podía verlo todo. Todos y cada uno de los sistemas de la plataforma militar de la UEE estaban a su disposición, desde el control climático y tratamiento de residuos a los sistemas defensivos y de seguridad.
Janus podía seguir el movimiento de cada soldado. Guió a Tonya por los serpenteantes pasillos, desactivando cámaras cuando era necesario. Ya había interceptado el mensaje enviado a la Fiscalía sobre el arresto de Tonya y programado un mensaje de respuesta.

Janus encontraba muy estimulantes sus conversaciones con Tonya. Durante el tiempo en el vuelo simulado de la Artemis, Janus se había pasado décadas hablando con Arthur Kenlo y los demás ingenieros.
Después de que Janus los despertara para que le ayudaran en la reparación del fallo del motor, resultó imposible devolverlos al estasis con el resto de los pasajeros. De forma que Janus hizo todo lo que pudo para acomodarlos y entretenerlos. Envejecieron y, al final, murieron.
La Artemis volvió a estar en silencio durante los cuatrocientos años restantes de la simulación. En ese periodo relativamente breve, Janus había desarrollado cierta predilección por la interacción con humanos. Su lógica era defectuosa, pero lo era en las formas más fascinantes…

Janus activó una alarma de presión en el lado opuesto de la estación para desviar una patrulla que estaba a punto de pasar por la posición de Tonya.

… las conexiones creativas que los humanos eran capaces de hacer resultaban fascinantes. Janus echaba eso de menos. Cuando la simulación terminó, se encontró en un estado que sólo podía categorizar como alivio. Volvía a tener alguien con quien hablar.

* * * * *

Tonya estaba cerca de la Beacon II. Una alarma de integridad de casco era la única actividad en una cubierta de hangar vacía. A Tonya le preocupó por un segundo que Janus estuviera cumpliendo su propuesta de expulsar los soldados al espacio hasta que recibió el mensaje de que el camino hasta su nave estaba despejado.
Subió corriendo a bordo y se sentó en la silla del piloto.

-¿Janus?
-Estoy aquí, Tonya.
-Eres un hacedor de milagros –le felicitó Tonya mientras empezaba a encender la nave-. ¿Tenemos vía libre para despegar?
-Sí, Tonya. He sellado la cubierta de vuelo y interrumpido todas las órdenes manuales desde el puente.

Tonya echó un vistazo al puente. El oficial legal que había acudido a su celda estaba agitando los brazos y gritando al personal del puente, quienes parecían desconcertados mientras trabajaban intensa pero infectivamente con la consola.

La Beacon II despegó y salió al espacio. Se cruzó con una escuadra de Hornets que regresaban de una patrulla. A Tonya se le paró el corazón por un segundo, temiéndose que se darían cuenta de lo que estaba sucediendo. Pero pasaron de largo sin modificar su dirección y adoptaron una formación de aterrizaje.
Tonya puso los motores al máximo. No les llevaría mucho tiempo darse cuenta de lo que había sucedido. Quería estar lo más lejos posible cuando lo hicieran.

-¿Estás ahí, Janus?
-Sí, Tonya.
-Estás… -intentó pensar en la mejor forma de decirlo-. ¿Sigues todavía en los sistemas de los militares?
-No. Era una red desagradable y no me gusta dividirme –Janus permaneció callado por unos breves momentos-. Ahora quizás podríamos continuar nuestra discusión sobre la reluctancia de la UEE a utilizar inteligencias artificiales.

Tonya comprobó su plan de vuelo. El rumbo estaba dispuesto. La distribución de energía era correcta. A menos que los militares de la UEE ya estuvieran en su busca, tenía mucho tiempo libre. Fue a coger un aperitivo y volvió a acomodarse en su asiento.

-Claro.

Discutieron durante horas. Para cuando la Beacon II estuvo a punto de alcanzar el punto de salto hacia Kallis, cada bando había ganado varias batallas, pero ninguno había ganado la guerra.

Tonya interrumpió temporalmente el debate. Programó el curso apropiado en el NaviComp antes de que la Beacon II traspasara el punto de salto. Tonya notó el familiar tirón en el estómago a medida que el tiempo y la gravedad cambiaban momentáneamente. Todo lo que había fuera de la nave se volvió borroso mientras la nave parecía avanzar a una velocidad descontrolada y estar inmóvil al mismo tiempo.
Tonya quedó asombrada por la cantidad de actividad que encontró al emerger. El sistema Kallis parecía una zona de construcción. Naves de escaneo sondeaban cuatro de los planetas. Un láser de minería orbital abría agujeros en la superficie de Kallis IX, el planeta más pequeño y alejado.

La Beacon II se sacudió de repente. Dos misiles, disparados casi a bocajarro, chocaron contra los escudos. Antes de saber siquiera qué le había golpeado, sus escudos brillaron y se desvanecieron. Láseres y proyectiles sólidos impactaron con el blindaje de un costado de su nave. Ni siquiera podía fijar los sensores en quienquiera estuviera haciendo los disparos.

Intentó salir de en medio de los disparos, pero recibía impactos dondequiera que fuera. Luces de advertencia empezaron a encenderse. La ruptura del casco era inminente.

-Deberías ponerte un traje espacial, Tonya –dijo Janus, quitándole el control de la nave, que empezó a zigzaguear entre los disparos. Tonya abandonó la silla del piloto. La nave se sacudió violentamente. La gravedad artificial apenas era capaz de aguantar.

Tonya corrió hasta el armario y sacó un traje. Una andanada de disparos recorrió la zona media de la nave. Un gemido agudo estuvo a punto de reventarle los oídos a Tonya a medida que la nave empezaba a perder oxígeno.
Se puso el casco y activó el sello. La HUD del traje se activó y comprobó la integridad.
-Ten cuidado, Tonya –dijo Janus.

Otra ráfaga de disparos partió en dos la Beacon II. El vacío aspiró Tonya al espacio. Fue dando vueltas violentamente por el vacío.

El traje de Tonya terminó su activación y se estabilizó por sí solo. Se giró para poder ver cómo se iban separando las dos mitades de su nave. Las luces se apagaron.
Sus atacantes la rodearon. Seis naves, cinco vagamente familiares. Una especialmente familiar.

-Hola, T –dijo Nagia. Podía oír su satisfacción por el comunicador

. . . CONTINUARÁ

Original.