La Generación Perdida: Capítulo 10

La Generación Perdida
Capítulo 10

La esclusa de aire dentro de la nave de Nagia siseó mientras empezaba a presurizarse. Tonya pudo darle un buen vístazo a lo que quedaba de la otra esclusa, la que habían intentado usar para abordar la Beacon II.

La Beacon II… por la pequeña portilla podían verse las dos mitades de la nave colgando en el vacío. Iba a tener que empezar en pensar en una Beacon III.

Un panel de la puerta interior de la esclusa emitió un sonido corto y metálico y se abrió deslizándose, revelando a Nagia, un esbirro y un par de armas láser que la apuntaban.
-¿No es estupendo? –dijo Tonya mientras levantaba las manos-. Estoy un poco decepcionada, Nagia, emboscar un punto de salto parece indigno incluso de ti –el esbirro le puso las esposas sin tan siquiera quitarle antes el traje. Tonya miró por encima del hombro al esbirro-. ¿Te importaría cambiar mi suministro de aire hacia el filtro? Estas cosas no son baratas.
El esbirro se quedó mirándola por un momento.

-No me pareces graciosa –dijo finalmente el esbirro. La arrastró hasta una silla y sujetó sus esposas a un gancho en la pared.
-Parece que a tus chicos no les caigo muy bien –replicó Tonya a Nagia.
-Lem es simplemente poco entusiasta –contestó Nagia mientras se sentaba en la silla del piloto y volvía a tomar el control de la nave-. Turov quería tener unas palabras contigo antes de que te liquidemos.
El esbirro, Lem, mantuvo en todo momento su arma cargada y no le quitó el ojo de encima.

Tonya se recostó en el asiento, intentando ponerse cómoda. Iba a ser un vuelo muy largo.

* * * * *

Los demás matones a sueldo de Nagia adoptaron una formación dispersa detrás de su nave en el camino hacia Kallis IX.

El sistema estaba rebosante de actividad. Equipos de inspección y naves de escaneo en órbita profunda circundaban los ocho otros planetas. Senzen Turov debía haber quedado realmente impresionado por las primitivas pinturas en Oso para haber destinado tantos recursos al sistema. Tonya no tenía ni idea de dónde podría haber sacado Senzen un láser minero orbital, pero allí estaba, abriendo agujeros con precisión quirúrgica a través de las nubes en el pequeño planeta. Le encantaría ver cómo Senzen podría intentar explicar esto a cualquier autoridad que no tuviera en su bolsillo. Como Oso, este era un sistema en desarrollo y técnicamente fuera del alcance de cualquier tipo de actividad de minería o prospección. Senzen debía estar contando con el hecho de que el descubrimiento de la Artemis bastaría para que cualquier político no pusiera ninguna pega para mirar hacia otro lado.

Nagia se zambulló en la atmósfera y emergió en una ventisca. La nave se sacudió mientras iba atravesando las tumultuosas nubes. Cuando estas se abrieron finalmente, proporcionando el primer vistazo de la superficie del planeta, todo lo que alcanzaba la vista era una tundra helada. A lo largo del horizonte había criovolcanes expulsando gigantescos penachos de magma congelándose en el aire.

La nave empezó a descender, pasando entre patrones conflictivos de viento que sacudieron la recia nave de Nagia como si fuera un juguete. Tonya podía ver pequeños equipos de mineros apostados en cada uno de los agujeros que el láser había perforado en el hielo. Estaban poniendo boyas de escaneo sobre plataformas anti-gravedad y dejándolas caer por los huecos.

-¿Hay alguna posibilidad de que Senzen suba a bordo para regodearse? Odio el frío.
Nagia se echó a reír. Lem mantuvo su actitud adusta y se limitó a mirarla.

Finalmente, estaban en el suelo. Nagia y Lem se pusieron sus trajes y arrastraron a Tonya hasta la esclusa de aire. La puerta exterior se abrió con un siseo, permitiendo que un remolino de hielo y nieve entrara en la antecámara. El HUD de su traje mostró la composición de la atmósfera, algo de oxígeno, en su mayor parte amoníaco, antes de aconsejarle amablemente que no intentara sacarse el traje.

Con un rápido empujón del cañón de su arma, los tres salieron afuera. Lem se separó y taladró agujeros en el hielo donde introducir ganchos de apoyo que impedirían que la nave se deslizara. Cualquier esperanza que le quedara a Tonya de vencer a Nagia por su cuenta se desvaneció cuando el resto de su tripulación emergió de la tormenta de nieve y la rodeó. En el lado positivo, le quitaron las esposas.

Nagia comprobaba constantemente la dirección que le indicaba su escáner mientras caminaban por la nieve. Tonya podía entre las nubes destellos de luz procedentes de lejanos disparos del láser. Eso era prácticamente lo único que podía ver en estos momentos; la implacable tormenta de nieve había arreciado y los vientos de galerna aullaban. Tonya tuvo que reducir el volumen de sus micrófonos externos.

Entonces, la tormenta cesó de pronto. Tonya, Nagia y el resto de los matones se detuvieron para intercambiar miradas de desconcierto. Nagia se encogió de hombros y siguió caminando.
Ahora que la nieve había cesado, el Glas de Nagia los estaba llevando hacia un pequeño equipo minero que tenían delante, preparando el escaneo de un agujero recién perforado.

-¡Turov! –gritó Nagia. Senzen se dio la vuelta mientras se le aproximaban. Tecleó unas cuantas órdenes en su MobiGlas antes de levantar la mirada. Los escánares empezaron a descender en su plataforma anti-gravedad.
-Hey, Tonya –le dio la bienvenida Senzen, casi decepcionado-. Estoy un poco sorprendido de que lograras escapar de la UEE con tanta rapidez.
-Gracias por llamarlos, por cierto.
-Hey, estaba preocupado por lo que esos osolanos pudieran hacerte. Pensé que te estaba ayudando.
-Estoy segura de ello.

Senzen suspiró y se quedó mirándola por unos momentos.
-No sé qué vamos a hacer contigo –dijo, meneando la cabeza-. Realmente preferiría no tener que matarte, pero me lo estás poniendo condenadamente difícil –hizo una pausa y meditó durante unos segundos-. Supongo que podríamos ponerte en un nicho de estasis por unos cuantos meses.
-Dijiste… -empezó a protestar Nagia.
-Te dije que matarla no era negociable –le interrumpió Senzen-. Relájate, recibirás tu paga de todas formas.

Nagia se calló y refunfuñó para sus adentros. Senzen volvió a centrar su atención en Tonya y se quedó pensando un poco más Al final se encogió de hombros y alzó las manos.
-Lo siento, Tonya, no se me ocurre nada –se volvió hacia Nagia-. Esta toda vuestra.
Eso no pintaba nada bien. Nagia sonrió. Uno de sus matones la agarró por el brazo

-Esperad, si me matáis, perderéis vuestra mejor forma de encontrar el siguiente fragmento de la Artemis.

Tonya se liberó de la presa del matón, quien se abalanzó para volver a agarrarla, pero Senzen lo detuvo con un gesto de su mano. Tonya aprovechó para seguir.

-Tienes que estar preguntándote cómo logré salir de Oso.

Tonya podía darse cuenta de que estaba en lo cierto. No tenía muchas esperanzas de que Janus hubiera sobrevivido al ataque de Nagia, pero era la única carta que le quedaba. Pero dado que ya había demostrado sus recursos durante su huída de la plataforma militar de la UEE, a lo mejor a Janus se le ocurriría alguna idea brillante acerca de cómo salir de este embrollo.

-Habla –dijo finalmente Senzen. Tonya sabía que había despertado su curiosidad, ahora a por el clavo final en el ataúd.
-Tengo a Janus.
-¿Cómo? –preguntó Senzen tras unos instantes. No pudo disimilar en su voz la ardiente curiosidad que sentía.
-Conseguí una copia del programa original y la hice pasar por una simulación del vuelo de la Artemis. No era una copia exacta, pero me llevó hasta Oso. Ya hemos hablado sobre lo que la tripulación pueda haber estado haciendo en Kallis… -Tonya se estaba inventado esa parte, pero sabía que…

-No.

Tonya tartamudeó por un segundo.
-¿Eh?

-No, Tonya –repitió Senzen-. Incluso si es verdad, lo estás utilizando para conseguir alguna otra cosa. Quizás, en el pasado, me habría entretenido la idea, asumiendo que sería capaz de anticipar tu inevitable traición. Pero esta vez no, no me lo voy a tragar.

Tonya permanecía en silencio. Esto iba realmente mal. Su mente buscaba frenéticamente alguna alternativa.
-Te arrepentirás de esto, Senzen –fue todo lo que se le ocurrió decir, y las palabras salieron de su boca como si fuera una mala estrella de vídeo leyendo su diálogo.
-Si, quizás, pero confío en mis instintos.

Senzen dio unos golpecitos en su MobiGlas, hizo un gesto de asentimiento a Nagia, y se dio la vuelta. El pirata dio un paso hacia Tonya, desenfundando su arma. Tonya agarró a Senzen y le dio la vuelta para que le sirviera de escudo.
Nagia y los demás matones empezaron a reír.
-Tonya, en serio –dijo Senzen-. ¿De qué te va a servir esto?
-Cállate.
-Deberías escucharlo, T –dijo Nagia mientras cargaba su arma. El resto de los matones se separó para cortarle cualquier vía de escape-. No tienes ningún arma ni lugar a donde ir.

Estaban equivocados, sí que había un lugar a donde ir.
Tonya le arrebató el MobiGlas de Senzen, empujó a este contra Nagia, y saltó al interior del agujero perforado en el suelo.

Descendió en caída libre durante unos cuantos segundos antes de estrellarse contra una de las plataformas de escáneres anti-gravedad. Sus manos buscaron frenéticamente algo a lo que agarrarse mientras su cuerpo se deslizaba hacia el borde.
Sus dedos se cerraron alrededor de un asa un nanosegundo antes de caer al vacío. Tonya miró hacia arriba. Podía ver siluetas reunidas alrededor del agujero y mirando hacia abajo. Incluso con el ruido del viento, podía oír a Senzen gritando.

La plataforma seguía descendiendo, sus compensadores ajustándose automáticamente a la nueva masa. Tonya se puso en pie y miró a su alrededor. Destellos de los escáneres se reflejaban sobre capas y más capas de hielo. Alcanzaba a ver la red de grietas que se entrecruzaban hasta perderse en la distancia.

Un disparo láser pasó a su lado. Tonya podía ver varias figures empezando a descolgarse por el agujero, quejándose mientras lo hacían.
Otro disparo alcanzó la propia plataforma. El aparato entero se tambaleó hacia un lado y a duras penas logró recuperar el equilibrio. Tonya podía ver una de las grietas en el muro a unos cuantos metros por debajo de su posición, lo suficientemente ancha como para que ella pudiera meterse dentro. Miró el MobiGlas de Senzen. Todavía tenía abiertos los controles para la plataforma AG.
Frenó la velocidad de la plataforma y saltó al interior de la grieta momentos antes de que otra andanada de disparos acribillara la plataforma. El sistema falló del todo y el aparato empezó a caer hasta desaparecer en la oscuridad.

Tonya se abrió paso arrastrándose por la estrecha fisura en el hielo. Un poco más adelante, podía ver que se incorporaba a un sistema de cavernas más grande. Un grito de sorpresa resonó en el hueco detrás de ella. Alguien pasó por delante de la abertura, maldiciendo.

Tonya se dejó caer en el túnel y miro a su alrededor. A unos cuantos miles de metros de distancia, un haz del láser orbital atravesó la superficie y iluminó todo el lugar.
Tonya comprobó el Glas de Senzen. Aparte de la pantalla de control para la plataforma AG destruida, había un programa ocupado en crear una imagen compuesta a partir de los diferentes escaneos realizándose por todo el planeta. Las anomalías en el hielo estaban siendo aisladas y catalogadas, pero también le proporcionaba un mapa aproximado del sistema de túneles que se había formado por debajo del hielo.

Tonya sabía que el mapa tenía un valor incalculable, pero Nagia había encontrado a Senzen por medio del Glas, de forma que debía dar por supuesto que podría volver a hacerlo. Con lo que se le planteaba una elección: utilizar el mapa permitiendo que Nagia la rastreara, o ir a ciegas y quizás acabar cayendo en un sumidero.
El sonido de pasos procedentes del agujero en el techo aceleró su decisión. Se quedó con el aparato y empezó a correr.

Oyó a alguien deslizarse por el agujero en el techo y dejándose caer en el interior del túnel.
-¡Tonya! –gritó Senzen, más furioso de lo que le había oído nunca. Efectuó un disparo. Pasó de largo y fundió un agujero en la pared.

La caverna se fue oscureciendo a medida que el disparo del láser orbital se desvanecía. Tonya encendió la luz de su casco y siguió corriendo. Comprobó el Glas para asegurarse de que no iba derecha a un agujero.

Corrió y patinó por los retorcidos corredores. Las pisadas de Senzen resonaban tras ella.
Tonya miró hacia atrás: a juzgar por las luces ondeantes de su casco, Senzen estaba a unos treinta metros de distancia y los matones de Nagia apenas eran visibles como unos destellos de luz rebotando en las paredes de hielo. Les estaba costando más acostumbrarse al suelo resbaladizo.

El Glas de Senzen empezó a sonar suavemente. Lo comprobó mientras seguía corriendo. Una de las anomalías aislada por los escáneres se estaba acercando. Entonces fue cuando chocó contra un muro.
El impacto la hizo perder el equilibrio. Cayó al suelo y se deslizó patinando durante unos cuantos metros. Su visión se puso borrosa momentáneamente. El Glas se deslizó unos cuantos metros más por el corredor. Para cuando se le despejó la cabeza, tenía a Senzen de pie a su lado.

-Maldita sea, Tonya… -jadeó, tratando de recuperar el aliento. Levantó su arma.

El láser orbital perforó otro agujero en la superficie y fue abriéndose paso hacia abajo, bañando de luz el interior del túnel. Fue entonces cuando Tonya lo vio, enterrado en el hielo detrás de Senzen.
Senzen se dio cuenta del asombro en su rostro. Al principio dudó, pero al final dio un paso atrás y se dio la vuelta para ver lo que fuera que estaba mirando.

Era un cuerpo. Encerrado en el hielo, a mitad de movimiento. Bañado por la luz reflejada del láser, tenía un aspecto surrealista. Fuera lo que fuese, parecía como si hubiera quedado congelado de repente, tal vez atrapado en una de las erupciones de los criovolcanes. Pero independientemente de cuál hubiera sido la situación, por su postura y ojos cerrados parecía como si la estuviera esperando, como si no le hubiera cogido por sorpresa.

Tonya se puso en pie, completamente olvidada la amenaza de Senzen, y se acercó al cadáver. Era humano o muy parecido. Anatómicamente, había una cabeza, dos brazos, dos piernas. La piel era de un color gris claro, de una palidez casi marmórea. Por debajo de la piel corría una red de venas oscuras, casi negras. Parecían casi líneas de circuitos, corriendo en paralelo al sistema nervioso. También podrían haber sido tatuajes. Tonya no podía saberlo.

No tenía ni idea de a quién estaba mirando.
Senzen se puso a su lado, igual de boquiabierto.

-Mira sus ropas –murmuró haciendo un gesto con la cabeza.

Tonya se acercó para poder ver más de cerca. En los oscuros restos deshilachados de la camisa, había una palabra dibujada apenas distinguible.
Kenlo.
El corazón de Tonya se saltó un latido. Podría haberse puesto a llorar por el asombro. Casi setecientos años después, estaba contemplando a un tripulante de la Artemis.

De repente, una carga sísmica retumbó por el túnel, sacudiéndolo violentamente. Tonya y Senzen dieron varios resbalones, intentando mantener el equilibrio. El temblor se detuvo con la misma rapidez con la que había llegado. Se miraron el uno al otro. Otro temblor les golpeó, más violento que el anterior.

-Esto no es bueno –dijo Senzen en voz baja.
-¿Crees que abrir agujeros en el planeta con un láser orbital podría no haber sido la mejor idea?
-Tenemos que sacar esto de aquí –dijo Senzen abriendo su comunicador-. Nagia, ¿dónde estás? –Silencio-. ¡Nagia!.

Tonya trató de seguir de pie. Vio como por el hielo se iban abriendo y extendiendo unas grietas gigantescas. Más abajo del túnel empezaron a combarse y desplomarse bloques de hielo.
-Todo el lugar se está viniendo abajo –dijo Tonya. Se oyó el ruido de un disparo de láser.
Senzen no estaba prestando atención. Estaba disparando en torno al cuerpo de Kenlo, intentando liberarlo del hielo. No lo estaba logrando.
-No te quedes ahí sin hacer nada, ayúdame.
-Tenemos que salir de aquí –Tonya apenas era capaz de creerse lo que estaba diciendo. Todo por lo que había trabajado. Un descubrimiento sin precedentes a apenas unos metros. Era la gloria, un legado congelado en el hielo. Pero, en realidad, era la muerte. No podrían extraerlo, no podrían transportarlo. Lo único que iba a hacer era llevárselos con él. Tonya empezaba a darse cuenta de ello.

El arma de Senzen disparó a toda potencia. Otra gigantesca sacudida del planeta liberó chorros de gas y vapor dentro del túnel.
Tonya se tambaleó intentando mantener el equilibrio y pisó un charco. Todo el lugar se estaba derritiendo.

-El láser ha alcanzado el núcleo, tenemos que irnos, ¡ya! –gritó tirándole del brazo para sacarlo de allí. Senzen se quitó a Tonya de encima, haciéndola resbalar y caer al suelo.
-¿Qué pasa contigo, Tonya? –dijo, casi como un maníaco. Senzen siguió disparando hasta que el arma necesitó hacer una pausa para recargar-. Este es el descubrimiento del siglo. Esto lo es todo. Sería un imbécil si dejara pasar esta oportunidad.
-Tienes que dejarlo ir.
-¿Dejarlo ir? –repitió meneando la cabeza-. ¿DEJARLO IR? –Parecía consumido, golpeando el hielo con la culata del arma y arrancando trozos con las manos.
El suelo se agrietó de repente y cedió. Senzen desapareció en una nube de vapor cayendo al oscuro abismo del planeta.

Tonya se quedó mirando el vacío, momentáneamente aturdida. Cuando levantó la mirada, se dio cuenta de que el último temblor había sacado también el cuerpo de Kenlo de su tumba helada. El cadáver yacía de costado descongelándose.

Quizás podría lograrlo. Quizás sería capaz de llevarlo hasta la superficie. Estos pensamientos se antepusieron a su mente racional y hicieron pasar por delante de sus ojos las visiones de gloria y legado. Todo lo que tenía que hacer era saltar por encima del abismo que se había llevado a Senzen…

Tonya se dio cuenta de que Kenlo la estaba mirando. Sus ojos, de un azul pálido, estaban fijos directamente en ella. Parecía sorprendida, asombrada. De la misma forma en que Tonya lo había estado cuando la vio por primera vez. Sus labios formaron débilmente una sola palabra.

-Corre.

Sus ojos se cerraron. Su cuerpo se relajó.

Dejándola atrás, Tonya corrió.

Tonya corrió casi en piloto automático por los túneles derrumbándose y las fisuras abriéndose. Su mente era incapaz de asumir lo que acababa de experimentar. Apenas recordaba haber trepado a la superficie y subido a uno de los transportes mineros.

No fue hasta que el transporte hubo despegado de Kallis IX, viendo las turbulentas nubes agitándose y cambiando desde el espacio, que intentó siquiera comprender lo que había sucedido.

Por una vez, no tenía ni idea.

* * * * *

Tierra, sistema Sol

2 meses después SET

Melvin Hartley Jr. recorrió animadamente el vestíbulo del museo. Cubo y fregona en mano, iba a la caza de cualquier mota de polvo o suciedad que hubiera escapado a su vigorosa limpieza.
Sonó un reloj. Hartley se limpió la garganta y dio a la habitación una última mirada apreciativa. Guardó los útiles de limpieza en el armario y comprobó su traje en un espejo cercano.
-Muy bien, a decir verdad –dijo, mostrando su genuina sonrisa de vendedor. Dio la vuelta y caminó con orgullo hacia la puerta principal. Sus zapatos rechinaron en el suelo de mármol.
Apretó un botón junto a la entrada. Una pancarta se desplegó automáticamente justo dentro de la entrada, poniendo: “La Artemis: un nuevo descubrimiento, presentado por Shubin Interstellar”.
Sonrió mientras lo leía por milésima vez, luego abrió las puertas.

Afuera aguardaba una multitud. Adultos, niños, periodistas, miembros de la comunidad científica, todos aguardaban impacientes a poder pasar por la entrada y comprar su ticket.
Tonya contempló a Hartley vendiendo tickets de entrada. Había logrado llegar a un acuerdo con Gavin Harlington para que el artefacto de la Artemis del sistema Stanton se exhibiera en el museo de Hartley.

Hartley la distinguió entre la multitud. Sus ojos se llenaron de lágrimas. La saludó con la cabeza.

Tonya sonrió y le devolvió el saludo.

* * * * *

Sistema Kallis

2 semanas más tarde SET

Las dos mitades de la Beacon II flotaban en el espacio. Tonya contemplaba los restos desde la cabina de la Beacon III, que su generosa póliza de seguros había pagado. El rastro se había terminado. Había regresado a Kallis IX en busca de Kenlo o cualquier otro indicio de la Artemis, pero sin suerte. Cuando le dio su informe final a Arlington, ni siquiera mencionó el cuerpo. No la creería. Nadie lo haría. Apenas se lo creía ella misma.
Eso solo quería decir que tendría que ser creativa, seguir buscando cualquier otra pista. Tenían que estar ahí fuera, y ella no iba a dejar de buscar.

Un mensaje apareció en una de sus pantallas. Transferencia completa. Tonya se recostó en su silla y esperó.

-Hola, Tonya –dijo Janus por los altavoces.
-Bienvenido de vuelta.
-Gracias –una pausa-. ¿Tienes algún curso en mente?
-Por supuesto –Tonya lo introdujo en el ordenador de navegación.
-Comprendido –dijo Janus. Los sistemas empezaron a activarse, luego hubo una pausa-. ¿Te gustaría pilotar?
Tonya lo pensó por un momento.
-No, todo tuyo.

FIN

Original.