Ensayo Clínico

Hay quienes buscan créditos, y quienes buscan poder, pero mi nombre es Parker Terrell y en este programa se habla de la única moneda que tiene verdadero valor: la PURA VERDAD.

Los ignorantes y quienes están aliados con los imperialistas han descrito la cuarentena del sistema Goss como un éxito. Pero según un ciudadano, el brote de fiebre de Lynch en el sistema Goss no ha sido ningún accidente. Fue un ensayo clínico cuidadosamente planificado. Si ésto fuera cierto, ¿podría tratarse del primer paso en el plan del gobierno por utilizar la fiebre de Lynch como arma biológica?

A todos los que estáis preguntando qué razón podría tener el gobierno para querer utilizar la fiebre de Lynch como arma biológica, dediquemos un minuto a pensar en ello. Imaginad un planeta al borde de la revuelta y de la revolución, buscando quitarse el yugo de sus opresores imperialistas. Ahora imaginad que una tercera parte o tal vez incluso la mitad de esa población se pone repentinamente enferma. En cuestión de días el número de personas en los mitines empieza a disminuir y el fervor revolucionario se va disipando a medida que la fiebre literal se va extendiendo. De repente, el gobierno tiene una justificación para venir y aislar ese planeta del resto del Imperio. Y éste es tan sólo un posible escenario.

Puede parecer una locura, pero la realidad es que al Imperio sólo le llevó unos pocos días impedir a los ciudadanos y civiles comunes el poder entrar o salir del sistema Goss. A quienes quedaron atrapados en el sistema se les dijo que se quedaran en casa. A la gente que fue a zonas públicas se la vigiló estrechamente. Pero el peor destino fue el que tuvieron quienes fueron puestos en cuarentena. Gente inocente fue capturada y permaneció encerrada por periodos de hasta veintiún días sin seguir ningún proceso debido. Ésto es precisamente lo que le sucedió a una tal Khaleda McQuaid.

Khaleda está hoy con nosotros para contarnos la desgarradora historia de lo que le sucedió mientras estuvo en la así llamada “custodia protectora” de nuestro mismísimo gobierno, y por qué cree que el brote más reciente de fiebre de Lynch no fue tan accidental como se nos ha hecho creer.

Gracias por acompañarnos, Khaleda. Tu compromiso con la verdad es inspirador.

Khaleda McQuaid: Necesitaba hacer saber a otros lo que sucedió. Usted fue el único que quiso escucharme.

Me temo que eso es un hecho demasiado frecuente porque muchos de mis compañeros en los medios de comunicación son perros falderos de la mismísima UEE. Pero ahora, por favor, cuéntanos la verdad de lo que sucedió.

Khaleda McQuaid: Bueno, yo trabajo en la zona de aterrizaje de Meridian Transit en Lyre y alrededor de un día antes de que empezaran a emitirse los informes de gente poniéndose enferma, cuando fui a trabajar me encontré con que durante la noche habían instalado unas carpas gigantescas. Antes de que supiera lo que estaba pasando, nos habían detenido a todos.

Así que la obligaron a someterse a cuarentena, ¿verdad?

Khaleda McQuaid: Digamos que no me dieron ninguna elección a l respecto. Llegué para empezar mi turno, entré en la sala de descanso, y dos médicos vestidos con trajes protectores me pillaron.

¿Había estado usted expuesta a la infección del algún modo? ¿Mostraba en ese momento alguno de los síntomas de la fiebre de Lynch?

Khaleda McQuaid: No, yo no tenía ningún síntoma y no dejaba de explicarles que no trabajo con muevegente.

Perdone, creo que ese puede ser un término con el que tal vez no esté familiarizado todo el mundo.

Khaleda McQuaid: Los “muevegente” son las grandes naves de pasajeros de las astrolíneas. Todo el mundo iba diciendo que el brote había surgido de una de ellas, pero yo solamente manejo carga. Los tipos con trajes me hicieron una revisión rápida y dijeron que todo estaba bien. Todo el mundo estaba bien. Yo no conocía a ninguna persona que estuviera enferma en ese primer día. Así que, ¿de qué sirvió tenerme por allí? Tengo una familia de la que cuidar. ¿Quién demonios iba a cuidar de mi hija?

¿Y siguieron sin permitir que ninguno de ustedes se fuera?

Khaleda McQuaid: Dijeron que teníamos que quedarnos hasta que el periodo de incubación hubiera transcurrido o algo así.

Bueno, Khaleda, todo esto suena horrible y terriblemente inconveniente, pero seamos justos al respecto, ¿acaso no es todo ésto un procedimiento bastante habitual para una cuarentena? ¿No vale la pena sufrir un pequeño inconveniente, tal como ha dicho el gobierno, a cambio de la salud de miles de personas?

Khaleda McQuaid: Contestaría que sí de haber sido esa la razón por la que se realizaron esas cuarentenas.

¿Puede explicar qué quiere decir con eso?

Khaleda McQuaid: No había ni una sola persona enferma, pero a algunos de nosotros nos empezaron a dar lo que dijeron que era medicina. Cada día. Dijeron que iba a servir para potenciar nuestro sistema inmunológico o algo así. No fue hasta que empezaron a ponernos inyecciones que la gente empezó a morir. Algunas veces me levantaba y la persona que estaba en la litera de al lado había desaparecido así por las buenas. Era aterrador. Cada día había gente que desaparecía de nuestra tienda. Persona que salían para someterse a su revisión diaria y jamás regresaban. Y parecían condenadamente sanos cuando salían de nuestra tienda.

¿Y usted no se puso enferma?

Khaleda McQuaid: Me di cuenta bastante rápido que las únicas personas que recibían inyecciones eran las que se ponían enfermas. No sólo eso, sino que casi todas las personas que recibían inyecciones eran ciudadanos como yo. Si se trataba realmente de medicinas, ¿por qué no las estaba recibiendo todo el mundo? Y de repente todo encajó en su sitio. Sabían que yo había votado contra el Imperator en las pasadas elecciones y estaban usando la fiebre de Lynch como excusa para asesinarme.

Si el gobierno estaba tratando de asesinarla, ¿por qué no está usted muerta?

Khaleda McQuaid: Me di cuenta de que si contaba la verdad no serían capaces de hacerlo. Parecería demasiado sospechoso. Por eso empecé a enviar transmisiones a la prensa. La mayoría me ignoró, y algunos contestaros que la gente en cuarentena se había puesto enferma porque ya estaban enfermos desde el principio, pero usted me escuchó. Usted me escuchó y eso fue suficiente para salvarme la vida. Quiero que todo el mundo ahí fuera sepa que usted es un héroe y lo importante que es el trabajo que está haciendo.

Por favor, los verdaderos héroes son usted y los ciudadanos como usted. Se necesita muchísimo coraje para dar un paso al frente y hablar sobre ésto.

Tenemos que hacer una breve pausa, Khaleda, pero cuando estemos de vuelta quiero que compartas con nosotros tus últimos días en la cuarentena. Y entonces, el profesor y famoso epidemiólogo Topher Mullen nos guiará a través de otros brotes pasados y nos fijaremos en cuáles de ellos podrían haber sido causados también por agentes del gobierno. Quedaos aquí para eso y mucho más en la PURA VERDAD.

FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN

Original. Revisión por Frost.