Las Lágrimas de Casandra: Capítulo 04

LAS LÁGRIMAS DE CASANDRA
Capítulo 4

Cal Mason echó un último vistazo al Gemini, todavía haciendo esfuerzos por librarse del tirón gravitatorio de Yar, a Penny y al resto de la escuadrilla adoptando formación de aterrizaje.
“Vale la pena” pensó Cal. Para cuando hubiera convencido al almirante Showalter de que detrás de la incursión vanduul había algo más que simple pillaje, el clan vanduul se habría esfumado de vuelta a su territorio y el Mando Militar jamás autorizaría una operación en espacio enemigo. Así que debería hacerlo de esta forma. “Vale la pena”, se repitió a sí mismo mientras cargaba el archivo de la NaviRuta apropiada.
La computadora tomó el control mientras Cal se internaba en el punto de salto. Ahora todo lo que tenía que hacer era esperar mientras la computadora zigzagueaba por el intraespacio con perfección programada y esperar que los vanduul no estuvieran esperando en el otro lado, con las armas preparadas para volar en pedazos a cualquier idiota lo suficientemente valiente como para haberlos seguido… hmm… quizás debería haber tenido en cuenta eso antes.

Cal vigiló la cuenta atrás en su monitor. Poco a poco volvió a sujetar los controles de vuelo. Tenía un dedo alzado encima del potenciador de escudos sólo por si acaso.
Emergió al otro lado, preparado para cualquier cosa, y exhaló un suspiro de alivio. Todo bien. Podía ver la nave insignia reuniéndose con el resto de su clan: una flota de transportes, cargueros, destructores de bolsillo y naves cisterna, todos ellos probablemente los despojos de centenares de combates librados durante décadas en el espacio.
Cal desactivó todos los sistemas no vitales para minimizar sus emisiones energéticas y apagó los motores tras haber dirigido su nave hacia la flota. Debería ser capaz de acercarse lo suficiente a menos que decidieran cambiar su trayectoria. Para que pudieran detectarlo, tendrían que mirar por la ventana. Según sus escáneres, en su posición sólo habría espacio vacío. La gente confiaba demasiado en los escáneres y la tecnología para cuidarse las espaldas. Cal no podía contar la cantidad de veces que había logrado salir de un aprieto porque la gente no se fiaba o incluso ni siquiera usaba sus sentidos.

Cal se acercó lentamente a la flota, atento a cualquier señal de que lo hubieran detectado. Hasta ahora todo iba bien. Pasó al lado de lo que parecía ser una vieja nave granja que probablemente contenía los cultivos hidropónicos para el clan vanduul entero. Mientras avanzaba iba dejando una estela de humo a su paso.
El Mando había intentado compilar bases de datos con todos y cada uno de los clanes vanduul, pero siempre encontraban dificultades para conseguir información. A pesar de todo el tiempo que los humanos llevaban defendiéndose de los vanduul, Cal seguía asombrándose de lo poco que sabían sobre ellos. No ayudaba el hecho de que la propia especie estuviera tan fragmentada. Incluso aunque cada clan/flota vanduul poseía su propio conjunto de tradiciones, afiliaciones diplomáticas, incluso religiones, siempre había unas pocas similitudes. Sus cazas eran espeluznantemente parecidos, y lo mismo sucedía con sus naves insignia. Más de un analista se había vuelto loco intentando averiguar la razón. Era casi como si sus diseños estuvieran inscritos en su ADN. Algo que había sido sugerido.
A pesar de todo, no muchas personas habían estado en la posición de Cal y estado tan cerca de una flota vanduul. Así que la estaba aprovechando al máximo, fotografiando y registrando cada nave a medida que pasaba a su lado. Inteligencia Militar se lo iba a pasar bomba con los datos.

De repente, los gigantescos propulsores de la nave insignia resplandecieron. Estaban cambiando el rumbo. Cal no supo la razón hasta que un torrente de cazas empezó a surgir de su interior:
Alguien había mirado por la ventana.
Cal tenía unos treinta segundos antes de que se le echaran encima. Encendió los motores y se dirigió hacia el costado de la nave insignia. No podía intentar salir corriendo, incluso aunque llegara alcanzar el punto de salto, no estaría más cerca de averiguar qué estaban tramando. No. Tenía que quedarse aquí.
Los cazas vanduul salieron de las bahías de lanzamiento liderados por Garra Negra. Se abalanzaron sobre el estúpido y pronto difunto humano y se encontraron con que se dirigía a toda velocidad hacia el punto de salto.
Los vanduul persiguieron y, con su velocidad, alcanzaron fácilmente la nave de Cal. Garra Negra disparó la primera rociada de fuego láser. El resto de los cazas vanduul lo imitaron. En cuestión de segundos, la nave de Cal voló en pedazos.

“Una pena”, pensó Cal de pie sobre el costado de la nave insignia vanduul, “esa era una buena nave”. Se dio cuenta de otra cosa. Había otra nave en la distancia. Estaba demasiado lejos para identificarla, pero definitivamente no era otra nave vanduul. Cal caminó a lo largo del casco hacia uno de los enormes agujeros causados por la batalla con el Gemini y se metió dentro.
Cal se desplazó cuidadosamente por las entrañas de la nave hasta alcanzar un vestíbulo. El área había sido sellada tras haber perdido la integridad del casco. Cal examinó el cierre de una puerta. Estaba en vanduul, por supuesto. El alfabeto le resultaba completamente extraño. Entonces el cierre de la puerta se desbloqueó.
Cal se escondió antes de que la puerta empezara a abrirse. Un vanduul con traje ambiental entró en la sala. Cal lo vigilaba desde una hendedura en el muro, con la pistola preparada.
El vanduul se acercó al agujero en el casco y lo examinó. Debía ser un técnico evaluando los daños. Cal miró entre el vanduul y la puerta abierta. El técnico le daba la espalda. Cal pasó junto a él y atravesó la antecámara presurizada contigua para adentrarse en la nave en sí. Aunque era agradable volver a sentir la gravedad, todavía no podía quitarse el traje dado que los vanduul no respiraban oxígeno.
Intentando evitar pensar lo absurdamente suicida que era colarse en una nave insignia vanduul, Cal permaneció concentrado en la identidad de la nueva nave. Cuando apareció no se habían redirigido ni lanzado cazas, por lo que Cal supuso que esa nave no era ninguna sorpresa para los vanduul. En cuyo caso, tal vez se dirigiera hacia la bahía de aterrizaje.
Cal se movió con cuidado por las sinuosas pasarelas inclinadas, esquivando al ocasional soldado u oficial vanduul. Al fin vio un grupo de pilotos saliendo por una puerta. ¿Sería uno de ellos Garra Negra? Cal esperó hasta que hubieron desaparecido todos tras una esquina antes de comprobar la puerta por la que habían aparecido. Era el hangar.
Se movió más allá de las hileras de naves vanduul para ver una Constellation sumamente modificada aterrizando en la bahía. Un par de docenas de soldados vanduul esperaban con las armas a punto. Cal encontró un buen lugar donde esconderse y mirar.
La Constellation se posó sobre la pista de aterrizaje. Sus motores se apagaron, pero había alguien manejando la torreta. La bahía de aterrizaje se abrió. De ella salieron dos humanoides. Ambos llevaban trajes cerrados, dejando claro que no podrían respirar la atmosfera vanduul. Tenían el tamaño de un humano.
Cal había oído que algunos piratas tenían tratos con algunos clanes vanduul, pero que era bastante raro. La mayoría eran descuartizados cuando llegaban a la vista de una nave vanduul.
Las grandes piezas de equipamiento que habían sido tomadas del asentamiento en Yar fueron traídas y cargadas en la Constellation. Uno de los dos humanoides examinó el equipo mientras el otro hablaba con los vanduul. Cuando estuvieron satisfechos trajeron un par de cajas.
Un rifle de plasma emitió un zumbido al lado de la oreja de Cal.
¡Mierda!

CONTINUARÁ. . .

Original.