Las Lágrimas de Casandra: Capítulo 07


LAS LÁGRIMAS DE CASANDRA
Capítulo 7

Penny se quedó mirando su SysBook en blanco. Estaba completamente muerto. Ni siquiera podía encenderse. Esto no podía estar pasando, no tras todo el trabajo que había invertido en personalizar este equipo. Pasó las siguientes horas desmontándolo y revisando cada pulgada de circuitería y cableado. No había ningún componente que pareciera quemado, roto, o ni siquiera desgastado.
Aunque en su interior estaba convencida de que la avería era resultado directo de haber accedido a archivos clasificados, rechazaba esa idea por dos motivos. El primero, que los archivos sobre el proyecto Casandra tenían cincuenta años de antigüedad, y el segundo, que nunca había oído hablar de una forma de reventar a distancia un sistema intruso, al menos no sin darle a ella algún tipo de advertencia. Habían pasado cuatro horas y su frustración ya estaba profundamente arraigada.
-Teniente Penelope Ayala –dijo una voz desde la puerta.
-¡Qué? –gritó mientras se giraba hacia la puerta, donde aguardaban tres policías militares-. Oh.
* * * * *
La tripulación pirata de la nave clase Constellation llamada Phoenix dormía. Se suponía que Nesser estaba pilotando, pero a juzgar por los ronquidos que reverberaban desde el puesto de timonel, se había dejado llevar por la bebida. Antes de dejarlo solo, habían dejado a Cal Mason esposado a la pared entre la carlinga y los anillos de atraque delanteros.
Había empezado a memorizar la disposición de las bahías de almacenaje, dónde guardaban las herramientas, o cualquier cosa que pudiera ser útil si la situación empeoraba. En estos momentos, estaba buscando algo que pudiera servir como ganzúa.
Un pitido procedente del puesto de timonel apartó a Cal de su búsqueda. Nesser seguía roncando. Finalmente, Cal oyó abrirse la puerta que llevaba a la bodega de carga y a los camarotes. Sasha caminó hasta el puesto de timonel y apagó la alarma. Trunk venía tras ella.
-Sácalo de aquí –dijo Sasha. Trunk arrancó a Nesser del asiento del piloto y Sasha ocupó su lugar.
-¿Qué demonios haces, tío? –preguntó Nesser arrastrando las palabras antes de que Trunk lo arrojara al suelo al lado de Cal.
-Quédate ahí –dijo Trunk poniendo un pie sobre el pecho de Nesser y señalándole con el dedo-. Cuando toquemos tierra, te pagamos y te largas. ¿Entendido?
-Nos estamos acercando –dijo Sasha. Trunk asintió. Entonces ambos miraron a Cal.
-Levántate –dijo Trunk.
Cal se levantó del suelo. Trunk desenganchó las esposas del muro y volvió a esposarle las manos mientras Sasha sacaba una pistola del armario y la cargaba. Empujó a Cal hasta la parte trasera de la nave donde se almacenaba la carga.
Vio la familiar silueta del P52 encajonado en el suelo entre las hileras de material cargado. Había pilotado una variante más pequeña de ese caza de corto alcance cuando estaba en El Hogar. Era una nave de principiante, un modelo para críos, pero para él había sido una válvula de escape. Con el paso de los años, había llegado a conocer al dedillo los componentes de esa nave.
Cal vislumbró momentáneamente a Mahony, el mecánico, vigilando desde los camarotes.
Sasha se detuvo ante una pila de cajas. Abrió un panel oculto y tecleó un código. Una puerta se abrió con un siseo. Todas las cajas de carga individuales eran en realidad un gran contenedor vacío para el contrabando.
Sasha le hizo un gesto con la pistola para que entrara. Cal estudió el interior antes de meterse dentro. Ello lo siguió y Trunk cerró el contenedor. Había sido usado recientemente para el contrabando de personas. En su interior había un taburete y un cubo vacío del que brotaba un olor apestoso. Por desgracia para Cal, le había tocado el lado donde estaba el cubo.
-Toma asiento –le dijo Sasha con una sonrisa-. Cal le dio la vuelta al cubo con el pie y se sentó sobre él. Sasha se sentó delante suyo, con la pistola apuntándole.
-¿No le harás falta a tu tripulación? –preguntó Cal mientras se sentaba sobre el cubo.
-Creo que podrán arreglárselas solos. Además, si Aduanas me detecta con un escaneo…” –respondió Sasha suspirando-, digamos que sería problemático.
-Quizás el estilo de vida criminal no te va.
-Oh, no. Me va muy bien. Además, dales un mes o dos y se olvidarán de todo. Vosotros siempre lo hacéis.
-Oh, venga. ¿Tener que estar siempre mirando por encima de tu hombro? ¿Sin saber en quién confiar? Esa no es forma de vivir.
-Claro. Porque vivir y morir según el antojo de los amos de la UEE es realmente el camino a seguir.
-Es una vida honrada –dijo Cal sin vacilar-. Sasha se lo quedó mirando por un segundo antes de echarse a reír.
-Bueno, como alguien que ha visto los efectos de la caída de las bombas de la UEE sobre Cathcart, acepto que lo llames vida si quieres, pero no te atrevas a llamarla honrada.
* * * * *
Una horda de naves se agrupaba en algo ligeramente parecido a una fila en la frontera del Protectorado Banu. El servicio de aduanas de la UEE llevaba a cabo una inspección exhaustiva antes de conceder el acceso al punto de salto. Torretas automatizadas y drones cubrían cada pulgada de la distancia entre el punto de control y el de salto para impedir cualquier intento de burlarlo.
La fila de naves, en su mayoría comerciantes y transportistas, avanzaba a paso de tortuga. La Phoenix flotaba lentamente hacia el punto de salto. Trunk estaba en los controles. Detrás suyo, Nasser paseaba en círculos mientras se mordía las uñas.
Por fin les llegó el turno. La Phoenix se deslizó hacia el punto de control. Un agente de aduanas apareció en el sistema de comunicaciones. Trunk transmitió la identificación. El casco de la nave zumbó mientras los escáneres lo recorrían.
* * * * *
En el interior del contenedor, Cal y Sasha se miraban fijamente. Ambos alzaron la mirada cuando escucharon los escáneres. Sasha fue la primera en volver a bajarla.
-Mira, una vez hayamos pasado, vamos a tener que tomar una decisión acerca de qué hacer contigo –dijo ella rápidamente-. La mayoría está a favor de la esclusa.
-Ya veo.
-Pero tienes una elección –le dijo, vacilando por un momento-. Ven con nosotros.
-¿Qué?
Cal no se esperaba eso.
-Ya has visto a Nesser, vamos a echarlo. Alguien como tú nos podría ser útil.
A pesar de la tenue luz, sus ojos esmeralda casi resplandecían.
-Sin las reglas y órdenes, la vida es salvaje, impredecible, apasionada. Y quién sabe, a lo mejor te gusta. Si no, gánate tu estancia por un par de meses y luego podrás volver.
-¿Me estás pidiendo que abandone mis amigos, mi nave, mi deber, para salvar la vida?
A pesar de sus palabras, Cal parecía estar considerando la propuesta.
-Si te mantiene lejos de la esclusa, ¿por qué no? –dijo Sasha encogiéndose de hombros y sonriendo-. No es que vayan a saberlo nunca.
-Yo lo sabría –respondió Cal clavándole la mirada, y cualquier indicio de que hubiera podido tener en cuenta su propuesta se desvaneció por completo-. Y eso es suficiente.
El escaneo cesó. Escucharon cómo los motores volvían a encenderse. Hubo ese familiar encogimiento de estómago al pasar a través del punto de salto. Cal y Sasha volvieron a mirarse en silencio.
Tras varios minutos, la puerta del compartimento siseó y se abrió. Trunk estaba allí. Sasha pasó junto a él. Trunk hizo levantarse a Cal y lo empujó de vuelta a la bodega de carga.
Sasha volvió a guardar la pistola en su litera. Trunk agarró a Cal con firmeza y miró a Sasha.
-¿Cuál es el veredicto? –preguntó-. Sasha permaneció callada por uno o dos segundos. Volvió a mirar a Cal. Él le devolvió la mirada, desafiante.
-Mátalo.

CONTINUARÁ. . .

Original.