Las Lágrimas de Casandra: Capítulo 09


LAS LÁGRIMAS DE CASANDRA
Capítulo 9

El ligero chasis del P52 rechinó ante el tirón del interespacio. Todo se volvió borroso. El sonido iba alternando entre el de una turbina aullando y un silencio absoluto. El ala de estribor fue arrugándose hasta ser arrancada de cuajo. La popa de la Caterpillar aparecía y desaparecía de la vista. Cal luchó con la nave para permanecer dentro de su estela. Era eso o el fin.
* * * * *
El puesto aduanero de la UEE en el punto de salto de Ferron al Protectorado Banu estaba especialmente transitado hoy. El agente de aduanas contempló la manifestación de monotonía; una fila de naves, cargueros y transportes que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Se tomó un momento para resignarse con el largo y aburrido día que se le presentaba, y luego llamó a la primera nave para que se situara ante los escáneres. Pasó la identificación de la nave a través de la base de datos mientras los bots de escaneo hacían su trabajo.
Un transporte Caterpillar emergió del punto de salto y avanzó torpemente hacia el punto de control. El agente de aduanas le echó un vistazo. Se quedó helado ante lo que vio.
Un P52 había emergido también. Había perdido una de las alas. El morro estaba doblado. Oxígeno y fluidos brotaban de grietas en el fuselaje. Un motor pulsaba suavemente con vida. El otro permanecía apagado.
El agente de aduanas salió de su estupor y encendió las alarmas.
En cuestión de minutos, policías y equipos médicos descendieron sobre el P52. El agente escuchó el frenético parloteo por los comunicadores. Alguien dijo que el piloto era un militar de la UEE y milagrosamente seguía con vida.
* * * * *
Cal Mason despertó sobre una mesa de operaciones. Estaba rodeado de médicos listos para empezar a operar, sorprendidos de que estuviera despierto.
-¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? –dijo sin desperdiciar un minuto. El médico jefe tartamudeó. Los otros intercambiaron miradas de incredulidad. Cal se sentó. Su cuerpo se sumió en el dolor. Se arrastró fuera de la mesa.
-¡Señor… señor! –dijo una de las enfermeras mientras intentaba devolver a Cal a la mesa. Cal no disminuyo el paso mientras arrastraba los pies hacia la puerta. Un reloj en una de las pantallas le indicaba que había pasado poco más de una hora. Los médicos y enfermeras persiguieron apresuradamente a su paciente rebelde.
Cal se abrió paso a través de más médicos, guardias, un par de agentes de aduanas que habían acudido a mirar, y finalmente logró llegar a la bahía de aterrizaje donde estaban los restos del P52. A su alrededor había un par de mecánicos maravillándose ante su estado.
-Hey, ¿tenéis una omni-herramienta a mano? –dijo Cal a uno de los mecánicos. Se quedó mirando a Cal, estupefacto, y le entregó una.
Cal subió al P52 y empezó a desatornillar un panel.
-¿Teniente Mason? –retumbó una voz desde la entrada del hangar. Cal no se detuvo. No había duda de que la Phoenix estaría en movimiento, continuando con su plan. Cal todavía tenía una oportunidad de alcanzarlos, pero si saltaban a otro sistema, le resultaría imposible.
Los P52, como muchos cazas de corto alcance, vienen equipados con balizas de localización enlazadas con su nave nodriza. Los hace mucho más fáciles de recuperar. Muchos piratas y contrabandistas apagan la baliza tan pronto como pueden. Poca gente sabe que, con unas pocas modificaciones, la baliza puede ser invertida. De forma que en lugar de la Constellation siendo capaz de localizar el P52, el P52 puede localizar la Constellation. Cal, sin embargo, sí lo sabía.
-¡Teniente! –tronó la voz de nuevo, esta vez más cerca. Cal alzó la mirada. Un supervisor de aduanas se erguía ante él con una sonrisa divertida en la cara-. ¿Se encuentra bien?
-Sí, estupendamente.
-Quizás debería dejar que un doctor le echara un vistazo. Para estar seguro.
-Me encantaría. Ahora mismo voy un poco escaso de tiempo –contestó Cal mientras extraía el último tornillo y sacaba la baliza. Estaba apagada, como suponía, pero intacta-. ¿Supongo que no tendrá alguna nave que pueda usar?
El supervisor de aduanas se dio la vuelta mientras un par de policías entraban en el hangar.
-Pregúnteselo a ellos.
Treinta minutos de discusión después, Cal despegaba del puesto aduanero a bordo de un Cutlass recientemente incautado por contrabando. Una docena de policías y personal médico bastante confundidos contemplaron cómo desaparecía en el punto de salto.
Este viaje hacia territorio banu iba a ser mucho más agradable que el anterior. En el otro lado, Cal conectó la baliza del P52 a su sistema de navegación. Mientras esperaba que la computadora importara los datos, calibró a su gusto las ayudas de pilotaje. A todo el mundo le gusta pilotar en automático. Era un hecho que le desconcertaba y molestaba.
Su radar emitió un sonido. La Phoenix seguía en el sistema. Habían aterrizado en Queeg, el tercer planeta del sistema y su capital. Se traba de un planeta seco y árido, propenso a sufrir enormes tormentas de polvo. El radar fue refinando su localización a medida que Cal se acercaba al planeta. La baliza situó la Phoenix en un pequeño asentamiento en el lado oscuro del planeta. Consistía sólo en un par de docenas de edificios agrupados, cada uno de ellos construido con ángulos afilados para ayudar a minimizar el impacto de los fuertes vientos.
Cal aterrizó en una de las pistas de aterrizaje más exteriores. Encontró un generador de aire respirable y algo de equipo atmosférico dejado por los anteriores propietarios del Cutlass. El viento ya estaba soplando furiosamente cuando Cal salió de la nave.
Localizó la Phoenix con bastante facilidad. No había muchas Constellations ocupando espacio aquí y ni siquiera se habían preocupado de intentar esconderla. Cal vio una tenue luz a través de la cabina, procedente del interior de la nave. Había alguien allí. Cal encontró un buen lugar donde esconderse y esperó.
Trunk bajó de la nave y selló la Constellation. Miró a su alrededor antes de dirigirse hacia las estrechas calles abarrotadas de banu, humanos, y tevarin a pesar de avecinarse una tormenta de polvo. Cal mantuvo una buena distancia. Tal vez demasiado buena. Estuvo a punto de perder a Trunk entre la multitud un par de veces, así que se le acercó un poco.
Por último, Trunk bajó unas escaleras que conducían al sótano de un edificio. La sección por encima del suelo del edificio estaba segmentada en varias estructuras enormes en forma de aletas que se asentaban sobre plataformas giratorias que las mantenían siempre orientadas hacia el viento. Todas las ventanas en los dos primeros pisos estaban pintadas de negro. Era difícil estar seguro por culpa de la condenada arena, pero el lugar parecía abandonado.
Cal esperó un rato antes de acercarse a las escaleras por las que Trunk había desaparecido. Cuando miró abajo, vio que llevaban hacia una única puerta. Descendió por los escalones y empujó la puerta. Cerrada.
Miró a su alrededor en busca de otra forma de entrar. A unos quince metros en el hueco entre las placas giratorias y la parte superior del edificio, vio luz saliendo de algún tipo de ventilación o rejilla.
Se apretujó por el hueco y reptó hacia la reja. El viento cambió de dirección. Los sensores del mecanismo despertaron a la vida y giraron el edificio sobre él.
Cal se deslizó dentro del estrecho hueco de ventilación. Tras abrirse camino a través de la acumulación de polvo y suciedad, se topó con otra reja y se dejó caer al interior de una habitación vacía. Cal se movió con cautela por las oscuras salas abandonadas. Algo metálico sonó a lo lejos. Poco después se oyeron voces. Cal se dirigió hacia ellas.
Asomando la cabeza por una esquina, vio que la sala se abría a un viejo auditorio. Ahora era una especie de laboratorio. Hileras de ordenadores y recipientes de contención transparentes rodeaban una pieza de equipo gigantesca escondida bajo una lona. Varios cables se hundían por un agujero en el suelo para conectarse con la red de suministro energético subterránea del asentamiento.
Trunk estaba sentado sobre la caja más cercana a Cal. Sasha estudiaba algunas de las descoloridas banderas banu que se pudrían colgadas de una pared. Mahony estaba hundido hasta los codos en las entrañas de una de las máquinas robadas de Yar. Cal dedujo que se había equivocado al suponer que Mahony era el mecánico de la Phoenix. Por lo visto, era algún tipo de ingeniero… y algún tipo de lunático. Murmuraba para sí mismo mientras extraía con cuidado un contenedor de metal liso. Por su aspecto, lo que fuera que hubiera en su interior tenía que ser muy valioso o extremadamente peligroso.
-Simplemente no pueden entenderlo. El umbral de un descubrimiento que podría cambiar el rostro de la humanidad, ¿y qué hacen? ¿Qué es lo que hacen? ¡Lo matan! –divagaba Mahony mientras trasladaba con sumo cuidado el contenedor hasta uno de los recipientes de contención. A Cal le resultaba difícil estar seguro, pero parecía como si en su interior hubiera terrones de tierra cubierta de hierba-. ¿Se preocuparon por los hombres y mujeres que dedicaron sus vidas a ello? No. Sólo una palmadita en la espalda, una amenaza de que “ni se os ocurra hablar de ello”, y echarlos por la puerta de una patada.
Mahony conectó algunos cables al contenedor, sin dejar de murmurar para sí mismo. Sasha se le acercó lentamente para ver mejor.
-No está bien. Se trata de vidas. A esos burócratas se les debe recordar eso– dijo Mahoney sellando el recinto. Sasha asintió con la cabeza pero con la mirada vacía; no pensaba involucrarse.
Mahony fue a una de las consolas y limpió de polvo la pantalla. Miraba el recipiente de contención cuando apretó un botón. El contenedor se abrió por un nanosegundo. Sasha observaba con atención. Por unos segundos nada pareció suceder.
-Pensé que tú… -empezó a decir, pero Mahony la hizo callar. Su mirada iba del recipiente de a la consola y su cuerpo rezumaba energía frenética. Sasha volvió a mirar el recipiente. Incluso a esa distancia, Cal también podía verlo.
La hierba y el polvo se estaban descomponiendo. En segundos, se convirtieron en un légamo gris. Entonces empezó la auténtica magia, empezaron a ser reconstruidos. Para cuando finalizó el proceso, esa pequeña dosis de lo que fuera que estaba en el contenedor había reconstruido los terrones herbosos exactamente como eran… excepto en que la hierba ahora era de color violeta.
-Te dije que funcionaría. ¡El abuelo tenía razón! –gritó Mahoney dando saltos mientras Sasha se inclinaba para ver mejor.
Mahony fue apresuradamente hasta el equipo en medio de la habitación y tiró de la lona. El corazón de Cal dio un vuelco.
Por su forma, aletas de cola y sensores de guía, no podía haber ninguna duda.
Era una bomba.

CONTINUARA. . .

Original.