Asuntos Pendientes

Hola de nuevo, gente. Aquí está el Viejo Jegger con otra dosis de Lejos de casa. Primero de todo, voy a empezar a hacerlo mejor a la hora de transmitir estos programas de forma regular. Durante el último par de semanas perdí la noción del tiempo, por lo que pido disculpas a quienquiera que esté ahora mismo sintonizando en busca de un poco de compañía durante su recorrido por la negrura.

He estado recibiendo un montón de preguntas que se han ido acumulando durante todo este tiempo en que no os he dicho nada, así que probablemente lo mejor sea que me ponga inmediatamente a contestarlas.

Marian Kenoshi es la primera de lista, y pregunta: -¿Cómo te las apañas para quedarte a la deriva durante tanto tiempo? ¿Tienes algunos consejos acerca del consumo de combustible? -. Vaya, esta es una pregunta que he oído docenas de veces y toda la gente que conozco la responde de una forma diferente. La gente te hablará hasta la saciedad acerca de la personalización de tu nave, equilibrar tus tomas de hidrógeno o la distribución de masa, pero la respuesta es muchísimo más sencilla de lo que os pensáis. La respuesta es… es, bueno, lo único que te hace falta saber es adónde te diriges. Lo siento, ya se que lo que he dicho no tiene mucho sentido… lo que tenéis que hacer es…

Lo siento muchísimo, Marian, pero parece que hoy no logro centrar mis ideas.

Mientras os estoy hablando, tengo Croshaw justo a mis seis. Ya sé que quienes ya me han escuchado en anteriores ocasiones sabrán que este sistema no me entusiasma precisamente. Cuando yo tenía dieciséis años conseguí convencer a un transportista que se encaminaba fuera del sistema para que me llevara en su nave y desde entonces no me he pasado mucho por aquí. Nunca me he arrepentido de no haberlo hecho. Veréis, en la época en la que el Viejo Jegger era más bien el Joven Jegger, mi familía era propietaria de una tienda de reparaciones en el rincón más recóndito de Vann. Mi padre se largó justo después del nacimiento de mi hermano, pero eso no importó mucho, porque mi madre era un genio con las herramientas y yo mismo no era demasiado malo con ellas.

Así pues, nos fuimos haciendo grandes ayudando en los quehaceres de la tienda. Algunos años fueron mejores que otros. El plan de mi madre fue siempre que yo y Lethem acabarámos juntos al cargo de la tienda, pero yo no quería perder ni un segundo por salir de ese planeta. Mamá supo entender cuales eran las razones por las que yo quería irme, pero Lethem no. Esto hizo que él y yo tuviéramos unos cuantos encontronazos bastante épicos, que terminaron con la noche en la que yo conseguí plaza en la nave de ese transportista que he mencionado antes.

Bueno, pues resulta que tras hacer mi último programa recibí una transmisión. Como ya he dicho, llevo sesenta años sin hablar con mi familia o pasando por aquí, pero parece ser que Lethem llevaba unos cuantos años enfermos, no había podido recuperarse y acababa de fallecer.

Cuando aparecí por la vieja tienda, parecía estar exactamente igual que el día en que me fuí. Encima de la puerta seguía estando esa estúpida foto de familia donde estamos mama, yo y Lethem en Jele City. Eso me dejó tocado. Toda esa rabía que yo me había estado guardando durante todos estos años desapareció de repente. Por supuesto que podía seguir recordando las peleas y las pullas, pero esa rabia ahora ya no era más que un recuerdo. Yo había dejado de estar enfadado.

Conocí a la esposa de Lethem, a su hijo Max, y a su família. Max era quien se encargaba ahora de la tienda. Conocí por primera vez a Aaron, el hijo de mi sobrino… me sorprendió lo mucho que él y su padre se parecían a su abuelo.

Le hicieron a Lethem un funeral realmente bonito antes de entregar su cuerpo a la estrella. Nos pasamos el resto del día sentados dentro de uno de los hangares de los recintos de la tienda y charlando. Yo iba teniendo esos momentos, destellos de momentos, a decir verdad, en los que volvía a estar en el pasado: charlando y haciendo bromas con mi hermano otra vez.

Max me contó que cuando la enfermedad de su padre empeoró, Lethem había intentado solicitar al Concejo local que le dieran permiso para ser enterrado en Vann. Se lo denegaron. Un pedazo de roca helada como ésta y denegaron su petición. Le dijeron que “reduciría el valor de la propiedad”. Cuando oí eso me pasé media hora riéndome solo. Esa era precisamente la diferencia entre nosotros dos. Yo no podía esperar el momento de salir de esta roca, mientras que él nunca quiso abandonarla.

Volviendo a lo que me ha llevado a contaros todo esto, sólo quería decir que lo siento, Lethem.

Ojalá no hubiéramos sido tan condenadamente estúpidos…

Perdón por la divagación, gente. En el próximo programa volveremos a nuestro formato habitual y, como ya os he dicho antes, voy a hacer que este programa vuelva a transmitirse cumpliendo un horario regular.

Así que, para no terminar este programa con un tono tan sombrío, me gustaría deciros a todos lo que estáis ahí fuera lo siguiente: Aunque no os puedo ver y es posible que jamás lleguemos a conocernos, os agradezco que me acompañéis en este viaje y espero que sepáis que yo os acompaño en el vuestro.

Aquí Jegger, corto y cierro.

// FIN DE LA TRANSMISIÓN

Original.