Volando en Solitario

EL PUNTO DE VISTA DE UNA PERSONA SOBRE LOS VUELOS EN SOLITARIO

Hey, gente. Bienvenidos de nuevo a “Lejos de casa“. Os doy las gracias a todos los que me habéis sintonizado. Espero que esta vez haya un poco menos de estática porque he conseguido encontrar un nuevo tablero de transmisiones para mi sistema de comunicaciones. He tenido que abrirlo por la mitad y recablearlo de arriba a abajo para conseguir que el maldito aparato encajara en mi vieja dama, pero por suerte Shana siempre se ha mostrado muy servicial cuando he tenido que meterle mano por debajo de la falda. Eso es algo que hay que reconocérselo a la Lancer del 32. Es verdad que se estropean, pero es una nave que es muy divertida de arreglar. Caramba, si el asiento de copiloto no se hubiera venido abajo, ¿se me habría ocurrido alguna vez meter en su lugar una mininevera?

Para aquellos de vosotros que quieren seguirme el rastro, ahora mismo estoy flotando por encima de Hyperion. Tíos, es todo un espectáculo. Ahí abajo las tormentas de polvo son, en el mejor de los casos, una molestia, y un peligro mortal en el peor, pero vistas desde aquí arriba hacen un amanecer esplendoroso. Pasé por Fora para hacer una parada y repostar y pillar unos cuantos de esos palitos de carne que tienen en Purgatory. Estos días no como mucha carne, pero cuando lo hago, por la razón que sea, lo que quiero meterme por el gaznate es un poco de esa carne que sirven al extremo de un palito. Tal vez sea algún instinto primario. Estando aquí fuera completamente solo hace que acabes conociéndote a ti mismo bastante mejor de lo que se conoce la mayoría de la gente, pero esa es la parte cerebral. La parte profunda. La otra parte, la parte física… bueno, normalmente estás desconectado de tu ADN de hombre de las cavernas que te dice que el fuego es bueno y la carne al extremo de un palo es todavía mejor. Pero dame un horizonte y un firmamento, y sufro una regresión completa al estado de hombre primitivo. Detesto imaginar qué es lo que la gente piensa de mi cuando bajo a la superficie. Jack ya me conoce lo suficientemente bien ahora que cuando me ve aparecer se limita a sacar unas cuantas servilletas más y espera a que termine de comer antes de intentar siquiera entablar una conversación civilizada.

Fue Jack quien me señaló dónde encontrar la Aurora de la que recuperé el dichoso tablero de transmisiones. La pobrecita se había estrellado unos cuantos días antes. Lo único que han averiguado es que el piloto había fijado un rumbo hacia Hyperion justo antes de estrellarse. Murió a los mandos. Se desplomó suavemente hacia adelante, y eso fue todo. Por suerte, había apuntado bien y la nave se estrelló sin sufrir grandes daños. Un poquito hacia la izquierda o hacia la derecha y quién sabe cuánto tiempo habría pasado hasta que alguien la hubiera encontrado. Aunque supongo que si se hubiera estrellado contra el sol en vez de contra el planeta le habría ahorrado a todo el mundo unos cuantos problemas en lo que respecta a asistir a su funeral, pero, en todo caso, yo pude hacerme con el condenado tablero. Nunca entenderé a la gente que menea la cabeza cuando oye hablar de salvamento, como si rapiñar unos restos fuera algo de mal gusto. Así es como funciona la naturaleza. ¡Imaginaos como sería si no existieran las hienas, y los skallons, y los insectos y todos esos bichos que se aprovechan de los muertos! Estaríamos enterrados entre cadáveres, o, para completar la analogía, los restos de naves destruidas nos llegarían hasta el cuello. Recuperar y reutilizar, ese es mi lema. En cualquier caso, quiero darle las gracias al piloto de esa Aurora. Espero que al final hallara su camino.

Bueno, algunos de vosotros habéis pillado la costumbre de enviarme transmisiones con preguntas acerca del vuelo en solitario y pidiendo consejos para sobrevivir en la negrura, así que he pensado que hoy podría dedicar otro rato a responder algunas las preguntas que me hacéis.

Aquí tengo una de Calton, que está en Corel, y que me pregunta: “¿Conoces algún truco para evitar que te aborden mientras estás durmiendo?”. Me temo que este Calton padece una enfermedad que he descubierto que afecta a la mayoría de personas cuando empiezan a volar en solitario. Yo la llamo “Demencia del sueño”. La gente se echa a descansar en sus literas con nada más que el zumbido de los filtros de aire para distraer sus pensamientos, y sus mentes empiezan a divagar. ¿Y si mi nave va a la deriva hasta el sol? ¿Y si un asteroide se estrella contra mi? ¿Y si mi litera se queda atascada y no puedo abrirla y muero gritando que alguien me ayude? ¿Y si unos forajidos me encuentran? Mi respuesta inicial a todas estas preguntas es la misma. Puede pasar. En algunos aspectos, es una de esas cosas que hace que la vida sea tan digna de ser vivida. Pero, para seros sinceros, en los más de veinte años que llevo flotando por ahí fuera, todavía no he visto que pasara ni una sola vez. Aunque tomo precauciones. La más importante consiste en desconectar todos los sistemas excepto el de soporte vital antes de irme a la cama. Con eso consigues que sea realmente difícil que tu nave sea detectada y reduce en gran medida las probabilidades de tener algún disgusto. Evidentemente, el inconveniente de todo esto es que, cuando resulta que surgen problemas, puede llevarte cierto tiempo poner todo en marcha. Aunque eso no es siempre algo malo.

Nunca me ha pasado que unos forajidos me atacaran mientras yo dormía, pero hace dos años la Armada y los vanduul empezaron una reyerta a menos de un kilómetro de mi popa. Mi reacción instintiva fue largarme de ahí a toda velocidad, y es bastante probable que si lo hubiera hecho, eso habría supuesto mi final. Pero en vez de ello, debido a que tenía todos mis sistemas apagados, la única opción que me quedó fue quedarme ahí sentado y morderme las uñas hasta llegar a los dedos. Eso me salvó la vida. En esa ocasión estaba volando en una Starfarer. Yo mismo le había reconstruido los propulsores.

Calton, espero que mi respuesta te ayude a dormir un poquito más tranquilo.

Veamos que más hay que pueda responder. Aquí tengo una pregunta de Trin, que me la manda desde aquí al lado, en Fora. Trin pregunta: “¿Puedes recomendarme algún buen libro?”. Mira, esa es una muy buena pregunta. La respuesta es, evidentemente, cualquier título de la serie Cielos Ardientes. La gente dice que son para lectores jóvenes, pero yo os digo que el corazón se me acelera cuando estoy leyendo una de esas escenas de batallas épicas. Tienen de todo. Acción, comedía, hasta un poco de romance. Sólo lo justo para mantener el misterio, si entendéis lo que quiero decir. Yo os aconsejo que empecéis por el primer libro, pero si sólo vais a leer uno de esos libros, os aconsejo que probéis con “Un último amanecer”. No os desvelaré nada, pero cuando lo hayáis leído, transmitidme vuestra opinión acerca de esa parte en la que están todos cantando.

Oh, vaya. Quería contestar muchas más preguntas, pero el tiempo se me ha echado encima. Todavía me queda algo de trabajo por hacer antes de que empiecen las llamaradas solares. Seguid enviándome preguntas, y hasta la próxima, recordad que incluso aunque estéis volando en solitario, nunca estáis solos.

Aquí el Viejo Jegger, corto y cierro.

Original.