Muerte de un Planeta

por Martin Betemit
Redactor

Hay momentos que recuerdan a la humanidad cuán extraordinario ha sido nuestro viaje hacia las estrellas. A pesar de los terribles errores que hemos cometido como especie, vale la pena celebrar los crecientes logros y los acontecimientos realmente fabulosos de que hemos podido ser testigos.

Durante años, la comunidad científica ha contemplado absorta lo que equivalía a un ballet a escala cósmica, después de que una colisión celestial entre un asteroide errante y la pequeña luna de Ellis XI dieran inicio al lento pero seguro descenso del satélite hacia la superficie del planeta. Algunos científicos llegaron a reunirse para discurrir ideas entusiastas pero en última instancia infructuosas acerca de cómo desviar el asteroide o, más tarde, devolver la luna a su órbita natural. Al final, la aparente falta de valor del planeta y los exorbitantes costes de los planes propuestos les llevaron a tener que admitir su fracaso.

Desde entonces, los esfuerzos de la comunidad científica tuvieron una doble vertiente: la mitad se dedicó contemplar y estudiar la lenta muerte de la luna y el planeta como niños esperando la llegada de la Navidad, mientras que el resto estaba enfrascado en llevar a cabo la abrumadora cantidad de cálculos necesarios para predecir todos los efectos de la colisión – y para minimizar el daño colateral. Desde entonces, ha habido una intensa y continua actividad en prácticamente todas y cada una de las oficinas de la UEE.

En el ojo del huracán, el senador Clay Harren se distinguió por encabezar la respuesta del gobierno, coordinándose con el Alto Mando para implementar los protocolos de seguridad con los que proteger los planetas habitados de Ellis ante cualquier escombro potencial, además de otorgar contratos para minería y estudios científicos que ayudaran a cubrir los costes de las operaciones de limpieza.

Se formularon planes. Se firmaron contratos. Llegaron incluso a aparecer comités de científicos Xi’An acudiendo para presenciar cómo se desarrollaba este acontecimiento cósmico. Todo lo que quedaba era esperar. Y esperar fue lo que hizo el universo.

Finalmente, sucedió. En 6.6.2943:03:11 SET, la luna impactó contra la superficie de Ellis XI. La silenciosa explosión de objetos celestiales estuvo más allá de toda descripción. Debido a los parámetros de distancia mínima asignados a los medios de comunicación, la escena al principio pareció nada más que otra de las imágenes simuladas que habían estado saturando el Espectro durante casi dos años. Llevó unos segundos darse cuenta de que esta vez era real, que esta escena de destrucción cósmica desencadenándose estaba sucediendo realmente.

La luna impactó Ellis XI dieciséis grados por encima del ecuador. Algunos analistas estimaron que durante el impacto se liberaron más de diez billones de magatones: 100 veces el impacto estimado del asteroide Chicxulub contra la Tierra en tiempos prehistóricos. La magnitud del impacto de hecho desplazó Ellis XI una fracción de grado fuera de su órbita, incluso mientras la gigantesca actividad tectónica producida por la colisión empezaba a hacer pedazos el planeta. El acto final del planeta será dejar un nuevo cinturón de asteroides como epitafio de su épica desaparición.

A raíz de la colisión, los militares empezaron a escoltar personal científico para que examinara de cerca la destrucción. Afortunadamente, Ellis X, el vecino astronómico más cercano del planeta, estaba en el lado opuesto del sistema en el momento de la colisión, y la órbita de Ellis XII es mucho más distante, por lo que no se percibe ningún riesgo significativo para ninguno de sus hermanos planetarios.

A medida que los científicos empiezan ahora a estudiar el funcionamiento interno de los planetas a una escala sin precedentes, ¿qué es lo que significa este evento para el resto de la UEE? Por lo que respecta a la muerte de un planeta, uno no podría haber encontrado un mejor candidato. Dado que Ellis XI no era un planeta habitado, no había colonos que reubicar. El planeta poseía poco interés para la comunidad minera o científica. Como mucho, el sistema Ellis simplemente requerirá unos cuantos meses de advertencias de viaje y una actualización del Almanaque del Sistema y la Guía Galáctica para eliminar el mundo difunto y añadir un nuevo cinturón de asteroides.
Aunque eso no es del todo cierto. Fuera de la comunidad minera y científica, la destrucción de Ellis XI posee un importante valor para otra organización: la Liga de Carreras de la Copa Murray. La MCRL ha establecido el sistema Ellis como su base principal de astrocarreras y está en el proceso de actualizar sus reglas para que incluyan el nuevo curso de obstáculos que tienen en su sistema.

De manera que el momento ha pasado. Los meses y meses de planificación y anticipación han transformado lo que para muchos era la penúltima forma de destrucción en un auténtico tesoro de investigación científica y recursos minerales.

Sí, a la humanidad se le ha permitido presenciar el fin de un planeta. Eso, en y por sí mismo, es extraordinario, pero aún lo es más el que nos encontremos en una posición desde la que podemos aprender cosas de este acontecimiento, algo que, en opinión de este reportero, es un logro todavía más extraordinario.

… FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN

Original.