Orbital Supermax: Capítulo 08

ORBITAL SUPERMAX

CAPÍTULO 8

Desde una distancia suficiente, una batalla en el espacio se parece a un duelo entre luciérnagas. Las siluetas de los cazas se pierden en el resplandor de sus gases de escape, por lo que todo lo que puedes ver son unos diminutos puntos de luz dando vueltas sobre un paisaje de estrellas, y el ocasional brote violento de una explosión.

- Están disparando a las cápsulas de escape – le dije a Morgan cuando me dí cuenta de lo que estaba sucediendo.

- Supongo que eso explica porqué no nos hemos topado con muchos guardias. Ni tampoco personal de servicio – contestó Morgan con un encogimiento de hombros -. Aun así, uno diría que los Perros Nova estarían más interesados en abordarlas que en hacerlas pedazos. Al fin y al cabo, son caníbales, ¿no? El polvo interestelar es un poco difícil de masticar.

Era humor macabro, pero nos hacía falta. Habíamos dejado atrás la Sección de Actividades Políticas y hallado un refugio temporal en la bodega de carga que albergaba unos cuantos vehículos espaciales fuera de servicio. Allí habíamos encontrado a algunos supervivientes del ataque: aprendices de ingeniero a los que Herschel Konicek había puesto a trabajar en volver a poner a punto los cazas, un viejo Cutlass y un todavía más viejo Hornet.

- Tengo malas noticias, señor – dijo un joven técnico vestido con un mono de trabajo azul manchado de aceite. Se había dirigido a mí, no por mi rango, el cual no era visible debido a que yo iba vestido con ropas de civil, sino porque yo era la única persona en nuestro grupo que no iba vestida con el mono naranja de prisionero -. Me ha parecido oír que… eh… – avergonzado, el técnico señaló a uno de los prisioneros, aunque manteniendo el dedo escondido detrás de la mano. Le dí el nombre del prisionero al que señalaba, un tal “Flint” -… sí, eh, pues que Flint decía que usted planeaba utilizar estos vehículos para ir al punto de salto del sistema.

Le expliqué al técnico que, sí, esa era nuestra intención, y que ya le había explicado nuestros planes a todo el mundo hacía menos de dos días.

- Ya – dijo el técnico con nerviosismo -, bueno, estas naves son cazas para persecución. Con eso quiero decir que han sido modificados para poder alcanzar altas velocidades. Para los casos en que las autoridades de la estación tengan que, eh, tengan que perseguir y atrapar a un vehículo a la fuga. Pero lo que no pueden hacer es alcanzar velocidad cuántica. Si vais en ellas, os alcanzarán antes de que lleguéis a la mitad del recorrido.

- Buenas noticias y malas noticias – dijo Morgan -. La velocidad es esencial para burlar un bloqueo -. Desvió la mirada hacia el enorme vehículo rectangular que estaba aparcado al lado de los cazas. Brotaban chispas de un soldador de arco que alguien estaba usando para reparar una sección de sus placas de blindaje -. ¿Qué tal el transporte? ¿Podemos utilizarlo?

- Sí que podrían – dijo el técnico, pero lo dijo con la suficientemente lentitud como para dejar bien claro que no se trataba en absoluto de una certeza -. Pero eso nos trae el otro problema. No estaba previsto que ninguno de estos vehículos fuera a volver a volar. De no haber sido por la ayuda del señor Konicek, no me creería que pudieran volver a hacerlo. Pero incluso aunque consigamos volver a poner todos sus sistemas en funcionamiento, no tenemos suficiente combustible para conseguir que ni tan solo uno de ellos llegue al punto de salto, no digamos ya los tres.

Morgan meditó las palabras del técnico por un momento. Luego me dio una palmada en la espalda, un gesto que había acabado convirtiéndose en un heraldo de mala suerte para mí.

- Bueno, da la casualidad de que el anterior puesto de trabajo de nuestro intrépido líder era precisamente el de oficial de intendencia de la estación. Si hay alguien que sepa dónde podemos encontrar algo de combustible, es él.

- Pues claro que sé dónde podemos encontrar combustible – repliqué -. En la Cubierta de Vuelo, donde se supone que debe estar. Sólo tendremos que abrirnos paso a través de un par de centenares de piratas para llegar allí.

Evidentemente, ni todas las réplicas ingeniosas del universo iban a poder cambiar el hecho de que nos hacía falta combustible, de manera que tras unas cuantas horas de patear la cubierta, se me ocurrió un plan. Reuní rápidamente a nuestro “equipo de asalto”, como me había acostumbrado a llamar a los seis ex-prisioneros que nos habían acompañado todo el camino desde la armería, básicamente porque resultaban inútiles en lo que concernía reparar cazas, y necesitaban que les dieran algo que hacer.

- Necesitamos combustible, y Kilkenny y sus hombres han confiscado o volado en pedazos todo lo que han podido encontrar. Pero hay una fuente alternativa de combustible que sé que todavía está disponible – me preparé para recibir una avalancha de objecciones antes de proseguir – Los propulsores de posición de la estación. Tienen unos tanques de combustible gigantescos y siempre se les mantiene llenos en todo momento. Todo lo que tenemos que hacer es soltar de sus anclajes una de las cápsulas de combustible y traerla hasta aquí.

Aunque Relic había estado comiendo copiosamente de los suministros de la estación durante la mayor parte de los últimos dos días, seguía siendo la persona más delgada que yo había visto jamás. Se puso de pie con un tubo de pasta nutriente en una mano que apretó para meterse un poco de ella en la boca. Habló antes de tragar:

- ¿Y qué pasa si algunos de nosotros no queremos abandonar la estación?

Eso no me lo esperaba.

- ¿Qué?

- Podríamos quedarnos aquí. Tenemos un montón de comida y agua, y podemos soldar la puerta para atrancarla. Tan pronto como este tal Kilkenny encuentre al hombre al que busca, los Perros Nova se largarán de aquí.

Morgan habló antes de que yo pudiera contestar.

- ¿Estoy oyendo bien? ¿Un grupo de prisioneros que no quiere escapar de prisión? Ya sé que pensar a largo plazo no es exactamente lo tuyo, Relic, ¿pero qué piensas hacer después de que Kilkenny se haya largado? ¿Esperar a que las autoridades lleguen para volver a meterte en tu celda? ¿Y qué pasa si no quieren largarse? Kilkenny está dispuesto a desmantelar la estación pieza por pieza si hace falta para encontrar al tal Martin Browning, y si eso significa tirar abajo unas cuantas puertas, tu soldadura no va a detenerle.

Relic no se amilanó.

- En ese caso, alguien tiene que quedarse aquí para proteger estos cazas – volvió a sentarse en el suelo y entrelazó las manos detrás de su cabeza. Nos quedaremos vigilándolos hasta que vosotros hayáis vuelto.

Otro prisionero, un hombre calvo tatuado panzudo y con barba de tres días, se incorporó de forma lenta y ominosa. Flint era el hombre al que los técnicos tenían miedo, y con buenas razones. Raras veces hablaba, pero cuando lo hacía, todo lo que decía parecía teñido de violencia.

- No me fío de que estos dos bujarrones sepan apañárselas por sí solos, y tampoco me fío de dejar a unos bujarrones como vosotros vigilando las naves. Vamos a ir con ellos, y mataré a cualquiera que diga lo contrario.

Pocas veces he sentido tantas ganas de darle las gracias a un asesino convicto. Bajo su atenta mirada, los otros cinco ex-prisioneros fueron empujados fuera de la bodega de carga y al interior del ascensor, dejando a los técnicos y a Herschel Konicek trabajar en paz.

- ¿Crees que seguirán ahí cuando hayamos vuelto? – le pregunté a Morgan.

- Estoy seguro de ello – me contestó -. Herby no nos dejará en la estacada.

“Herby” era un demente, pero yo confiaba en Morgan y eso significaba que también estaba confiando en un demente.

Estábamos a la misma distancia de dos propulsores de posición. Para llegar a uno de ellos tenías que pasar por el Centro de Visitantes, y yo estaba bastante seguro de que esa era la base de operaciones de Kilkenny. No me entusiasmaba la idea de Relic y sus colegas intentando pasar discretamente ante las narices del capitán de los Perros Nova y sus hombres. Además, Kilkenny me acojonaba terriblemente, por lo que taché esa opción de la lista.

Para llegar al propulsor número dos, tendríamos que atravesar lo que hubiera quedado de la Cubierta de Mando. Ése había sido el primer lugar que los piratas habían atacado y no estaba seguro de cuántos daños había sufrido, o si tan siquiera conservaba algo de atmósfera, por lo que me aseguré de que estábamos todos equipados para efectuar paseos espaciales antes de entrar el código que nos llevaría hasta allí. El ascensor se detuvo finalmente y un indicador parpadeó para avisarnos de que había una obstrucción en el hueco del ascensor. Abrimos las puertas por la fuerza y oímos un siseo a medida que el aire se escapaba al vacío del espacio. Estábamos entre dos pisos. Apenas alcanzaba a ver la parte inferior de las letras que formaban la palabra “MANDO” escritas a un lado del hueco del ascensor. Habíamos llegado a nuestro destino.

Arrojamos nuestras armas por la estrecha abertura y fuimos subiendo uno por uno hasta la cubierta de mando. Yo ya había estado aquí muchas veces, pero alcancé a oír a algunos de los ex-prisioneros tomar aliento por la impresión. La OSP-4 no era una instalación militar, con sus apretados espacios cerrados. La Cubierta de Mando tenía un aspecto más parecido al piso de un edificio de oficinas. Hileras de videopantallas ocupaban cada pared, la mayoría de ellas reventadas por la descompresión explosiva. Astillas de plexi transparente flotaban en el entorno de gravedad cero como si fueran gotas de agua de una lluvia congelada. En la pared se proyectaban arco iris fruto de la luz del sol cercano brillando a través de una grieta dentada en otra pared. Entré en la cubierta, notando con cada paso un pequeño tirón de mis botas magnéticas.

- ¿Esto es todo? ¿Toda la estación estaba bajo el control de una panda de oficinistas? – se oyó sisear por la radio la voz de Morgan.

Relic sonó igualmente ofendido: – Eso es una cafetera… – dijo dándole un golpe al ofensivo electrodoméstico y enviándolo dando vueltas sobre su eje, soltando cristales de café y crema congelados.

- Ya lo pillo. No presten atención al hombre detrás del telón y todo eso. ¿Podemos seguir moviéndonos?

Caminé hasta el agujero en la pared y entonces me detuve. En el metal retorcido había atrapado un jirón de tela azul procedente del uniforme de alguien. Bajo él flotaban los fragmentos congelados de una persona. Aparté la vista antes de poder ver quién era. En lugar de eso, procurando mantenerme alejado de la sección retorcida del casco, miré al exterior. La forma convexa del propulsor era apenas visible.

Me di la vuelta a tiempo de ver a Flint aporreando un teclado con el dorso de su mano.

- ¡Hey! – dije un poco demasiado bruscamente. Cambié rápidamente mi tono, acordándome de a quién le estaba hablando -. Esto tal vez parezca el piso de un edificio de oficinas, pero es de hecho el centro nervioso de una prisión de Super Máxima Seguridad. Hay dispositivos de seguridad instalados. Dispositivos peligrosos. Recordad… la UEE no negocia con terroristas.

Apenas llegaba a verle el rostro a Flint a través del cristal de su placa facial, por lo menos no lo suficiente para poder ver su expresión, pero por lo menos apartó su mano.

De repente mi comunicador gorjeó y una luz roja empezó a parpadear dentro de mi casco.

- ¿Qué es lo que has hecho? – le pregunté rápidamente a Flint.

Se encogió de hombros.

Una voz profunda brotó de la estática, una voz que ponía un ligero énfasis en las sílabas incorrectas, como si la boca que las pronunciaba no funcionara del todo bien.

Ciudadanos de OPS-4, estoy muy decepcionado con vosotros.

- Es Kilkenny – dijo la voz de Relic.

- Ya lo sé. Cállate.

Tenía la esperanza de que entre vosotros hubiera un hombre que se alzara por encima de sus iguales, pero ese no ha resultado ser el caso. La selección natural, parece ser, es un proceso lento y tedioso, por lo que estoy haciendo sonar mi corneta para anunciar el fin de los días. Si Martin Browning no quiere recibir su muerte como un hombre, entonces lo enviaré a sus brazos como si fuera un perro.

La luz en mi traje se atenuó para luego apagarse.

Sin previo aviso, una sección del suelo se elevó abruptamente, catapultando a Relic en el aire. Su botas magnéticas mantuvieron su agarre por un breve segundo y luego se soltaron, lanzándolo a una voltereta descontrolado. Dado que todos nosotros estábamos distraídos mirándolo, nadie se dio cuenta de los cañones de las armas que habían surgido del panel del suelo que había lanzado a Relic al aire. Tal vez Kilkenny había activado las defensas de la estación, o al aporrear el teclado Flint había puesto en marcha los engranajes que acabarían dándole un funesto final. No importaba. Yo acababa de bajar la mirada para buscar el botón que activaba el sistema de comunicaciones, cuando me di cuenta del cañón de un arma girando para apuntar a Flint.

El disparo fue increíblemente rápido y desde donde yo estaba no pude ver la herida. La parte inferior del cuerpo de Flint permaneció anclada al suelo gracias a sus botas magnéticas, pero la parte superior del cuerpo empezó a ir a la deriva.

- ¡Hay que largarse! – grité. Agarré en el aire la cafetera flotante y la arrojé contra la torreta, esperando que desviará sus armas para apuntarla.

Morgan giró sobre si mismo y yo supe que era exactamente lo que estaba buscando. -¡Movéos, movéos, movéos, movéos! – Morgan disparó un par de tiros contra la torreta, pero las armas que los tevarin nos habían dejado eran de mala calidad en el mejor de los casos, y los proyectiles no pudieron penetrar el blindaje. Con velocidad cegadora, la torreta giró hacia arriba sus armas y disparó tres veces a la cafetera, reduciéndola a poco más que un chorro de escoria fundida.

Llegué al ascensor, tiré mi arma dentro de la estrecha abertura y luego me deslice por ella, metiéndome dentro del pequeño espacio libre entre cada piso. Mis botas magnéticas se agarraron al suelo del ascensor, obligándome a agacharme rápidamente cuando Morgan se deslizó por la apertura justo detrás de mí. Entre los dos ayudamos a dos hombres más a entrar en el ascensor. Cuando vi no que no venía nadie más, me arriesgué a dar un vistazo por encima del nivel del suelo. Había tres cuerpos con trajes espaciales perforados dando vueltas en el aire de la Cubierta de Mando. La torreta hizo girar sus armas para apuntarme y me encontré contemplando el cañón de una de ellas por un aterrador instante antes de volver a agacharme y presionar el botón de “Abajo”.

Continuará…

Original.

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