El Último Vuelo de los Seraphim: Capítulo 01

 ElUltimoVuelodelSeraphim
 
Parte 1

 La estación de refinado en Garron III empezó como un sueño. Tom Harroway había nacido con una mente inquisitiva. A los diez años de edad, su intento por recablear la CPU de la computadora doméstica resultó en una sobrecarga de circuitos, un perro chamuscado, y unos cuantos parientes enfadados. Acabó dándose cuenta de que la ciencia era el lenguaje del universo y todo lo que él quería era tener fluidez con él.

Una beca completa en la Universidad de Terra llevó a trabajar en prácticas en el departamento de I+D de ArcCorp. Seis años después, era un científico de campo autónomo especializado en metalurgia trabajando para algunas de las mayores corporaciones de minería y terraformación de la UEE. Todo este tiempo había tenido una cosa metida en la cabeza: aprovechar su tiempo para poder desarrollar su propio laboratorio.

Veinte años terrestres estándar después, lo había conseguido. Ganando dinero ofreciendo servicios como consultor para una instalación de procesado independiente, fue capaz de montar una instalación de tecnología punta para el refinado de metales preciosos. A medida que la estación iba creciendo durante la siguiente década, empezó a formarse una comunidad a su alrededor. Harroway había venido aquí para crear un laboratorio, pero había acabado edificando una ciudad.

En lo más profundo de su ser, seguía siendo ese chiquillo que se quedaba boquiabierto ante la magia de la ciencia en acción. Sus experimentos sólo se habían vuelto más grandes. Ahora Harroway contemplaba cómo los metales en bruto eran vertidos dentro las cubas de hidrólisis. Los fragmentos empezaron a descomponerse y disolverse en el líquido burbujeante. Harroway comprobó el monitor para confirmar qué minerales y elementos eran liberados por el proceso.

Se activó una alerta del perímetro.

Qué raro, pensó y miró a su alrededor. Las cámaras del exterior no mostraban nada inusual. Harroway estaba a punto de volver a centrar su atención en el proceso de hidrólisis cuando se dio cuenta de una cosa. En los monitores tampoco aparecía ninguna persona.

Harroway puso el proceso de hidrólisis en modo automático, se puso su abrigo y se dirigió hacia la puerta. Tecleó el código de salida. La puerta siseó y los pesados cerrojos se abrieron. Asió la manija de la puerta y la abrió.

La luz del sol se derramó por el oscuro interior del laboratorio. Los ojos de Harroway tardaron un momento en ajustarse mientras salía al exterior. Cuando lo hicieron, se arrepintió de ello.

Seis naves flotaban en un perímetro de ataque disperso. El resto habían aterrizado. Harroway se percató inmediatamente de que no eran vanduul. Por la mala calidad de su construcción y las torpes reparaciones, parecían incursores.

Eran el Azote, una banda errante de merodeadores, piratas y esclavistas ocasionales. Una docena de piratas estaban acorralando a sus empleados y otros habitantes del pueblo en el exterior de la refinería.

Una pistola emitió un zumbido junto a la oreja de Harroway. Levantó las manos y se dio la vuelta. Era el líder del Azote, Oren Vik, un gigantesco espécimen de criminalidad que había sido condenado tres veces al mundo penal de QuarterDeck, de donde también se había fugado tres veces con éxito. Prácticamente cada centímetro de su piel expuesta estaba cubierto por tatuajes, incluyendo su cabeza sin pelo. El primer pensamiento de Harroway fue el de las viejas historias del golem, aunque se pensó mejor la idea de expresar esa comparación.

- Venimos por metales y tal – dijo Vik arrastrando las palabras con un fuerte acento de Cathcart. Sus ojos diminutos miraron a Harroway -. ¿Qué tenéis?

- No tenemos nada – contestó Harroway. Al pirata no le gustó esa respuesta.

- La ascoria no masca con los sobredivanes. O sus vamos a pulpar -. Vik apretó su arma contra el cráneo de Harroway.

- Lo siento, no le entiendo – tartamudeó Harroway. Sus piernas empezaron a temblar. Vik hizo un gesto de asentimiento a un secuaz de aspecto rabioso con pelo de cresta y rostro tatuado. El secuaz agarró a Milson, un prometedor estudiante de geología, y lo empujó para apartarlo de los demás. El resto chilló y gritó, pero el conjunto de armas apuntándoles los mantuvo en su sitio.

Pelo de Cresta obligó a Milson a ponerse de rodillas y apoyó el cañón de una escopeta contra su cabeza. Miró a su jefe, ansioso por recibir permiso para disparar.

- Os estoy diciendo la verdad. Aquí no tenemos nada – suplicó Harroway. Vik lo miró por un momento y luego asintió a su secuaz. El secuaz sonrió. Su dedo apretó el gatillo.

Click. Harroway se estremeció. Vik se inclinó hacia él.

- La próxima será de verdad – Mohawk cargó un cartucho en su escopeta y apuntó de nuevo.

- Seguidme, os lo mostraré – dijo Harroway dando un paso adelanto, interponiéndose entre el pirata y Pelo de Cresto -. Pero no hagáis nada. Por favor, no lo hagáis.

Vik llevó a Harroway al interior de la refinería. Les siguieron un par de piratas, sólo por si acaso. Pelo de Cresta trajo a su rehén. Todos ellos se quedaron mirando la hilera de máquinas como si se tratara de tecnología alienígena.

- Como veis, estamos en el proceso de refinado, lo que significa que no hay nada aquí. Todavía tiene que extraerse todo el metal.

Oren Vik miró uno de los monitores.

- Tendréis.

- ¿Qué? – balbuceó momentáneamente Harroway. Sabía que acababan de pillarlo.

- Aquí no hay metal. Pero habrá pronto. ¿Cuándo?

- Yo… realmente no hay forma de saberlo…

- ¿Cuándo? – repitió Vik, acercándose.

- Si me promete ahora mismo que se irá dejándonos indemnes, se lo diré – contestó Harroway intentando parecer decidido. Vik no se sintió impresionado.

- ¿Cuándo?

- Tres meses.

El Azote se marchó. Las casas y los almacenes fueron saqueados, pero nadie resultó herido de gravedad. Harroway estaba agradecido por ello, pero sabía que volverían. Tenía tres meses para pensar en algún plan.

* * *

Misil fijado. El monitor emitió destellos mientras los escáneres aislaban el nuevo misil. Armitage miró hacia atrás para poder verlo con sus propios ojos. Treinta años en la Armada de la UEE le permitían mantener la sangre fría y la cabeza clara. Mantuvo el rumbo y velocidad, esperando el momento de que se situara más cerca. Aumentó la potencia de los propulsores, haciendo girar su nave sobre sí misma mientras soltaba una salva de contramedidas.

Cumplieron con su tarea. La momentánea confusión del misil lo envió directamente contra un asteroide.

Armitage dio un bandazo para quitarse de encima la nave que tenía a su cola y aprovechó para reevaluar la situación. El cliente todavía mantenía su rumbo, sin que ninguna de las seis naves pilotadas por asesinos que los habían emboscado hubiera podido alcanzarlo hasta ahora. A este ritmo el cliente, un ejecutivo de MaxOx, llegaría al punto de salto en veinte minutos y podría salir del territorio de la corporación rival y considerarse a salvo.

Veinte minutos seguía siendo mucho tiempo. Hora de ponerse serio.

- ¿Cómo estáis todos? – dijo Armitage por su comunicador.

- De fábula, señor – contestó Shen. Estaba dando vueltas por el espacio, haciendo que su nave zigzagueara por entre los rápidos disparos de un par de asesinos. Apagó sus motores para poder girar y efectuar unos cuantos disparos por su parte. Uno de los asesinos logró esquivarlos. Los disparos acribillaron al otro. Sus escudos resplandecieron, disipando los impactos. Empezaron a parpadear inmediatamente después, indicando que o bien estaban agotados o a niveles peligrosamente bajos.

El asesino en estado vulnerable se apartó para alejarse un poco y recargar. Se topó de cara contra un proyectil de 35mm y desapareció en un estallido de llamas. Lott atravesó los restos a toda velocidad. Sus escudos desviaron los fragmentos de nave.

- Eso ha sido un golpe bajo, tío. Me has robado el derribo – dijo Shen, echando un vistazo a su hombre de ala, que había atraído a dos perseguidores por su parte.

- Los escudos se recargan. Lo que importa es el derribo – replicó Lott mientras comprobaba la evaluación táctica de su monitor acerca de los asesinos a su cola. Entonces se dio cuenta de una cosa. El último asesino estaba intentando alcanzar al cliente -. Despierta, Clark. Tienes compañía.

- Lo tengo – contestó la sonora voz de Clark por el comunicador. Su Connie modificada estaba aguardando, con los sistemas apagados, dentro de un cúmulo de asteroides, rastreando al asesino con el cañón acelerador de masas de su torreta superior. Ajustó la distancia de detonación y disparó. Pesados proyectiles cruzaron el vacío. El asesino nunca supo que fue lo que le alcanzó cuando esferas de metralla empezaron a explotar de repente a su alrededor. En cuestión de segundos, la nave quedó destripada. Su motor seguía encendido y se adentró dando tumbos por el espacio.

Sólo quedaban cuatro. Uno de ellos estaba todavía persiguiendo a Armitage, otro estaba con Shen, y dos con Lott. Los asesinos decidieron que necesitaban claramente un nuevo plan. Rompieron el enfrentamiento y se reagruparon.

- Se están reagrupando. Lott, sigue al cliente. Clark, cúbrenos. Shen, tú vas conmigo.

- A la orden, señor – dijeron Shen y Clark en rápida sucesión.

-Deberíamos ir juntos y atacarlos todos a la vez – se quejó Lott.

- No. Quédate con el cliente. Eres nuestra contingencia – replicó Armitage. Miró fuera de su nave. Lott vaciló por unos segundos, y luego finalmente rompió la formación y se dirigió hacia el cliente.

- Shen, Clark, vamos a hacer una entrada a canasta, ¿de acuerdo?

- Como usted diga, señor- Shen tomó una posición por encima y detrás de Armitage. Clark disparó una baliza IR a un punto concreto del espacio. Propulsores de control remoto se encendieron para que se quedara en ese lugar. Shen y Armitage vieron aparecer la baliza en sus escáneres.

Armitage trazó un giro amplio para situarse detrás de las cuatro naves de los asesinos que estaban dirigiéndose hacia el cliente. Una vez en posición, su escuadra aceleró al máximo y se abalanzó contra el enemigo para efectuar una pasada de disparos. Armitage y Shen acortaron rápidamente la distancia hasta los asesinos y dispararon una andanada. Antes de que los escudos de los asesinos dejaran de brillar, Armitage y Shen los adelantaron, mostrándose como unos blancos muy jugosos.

Los asesinos se tragaron el cebo. Cambiaron el rumbo para perseguirlos, pensándose que acabarían fácilmente con sus oponentes y luego podrían ir a por su objetivo. Armitage ajustó el rumbo hacia la baliza mientras Shen apuntaba su torreta hacia atrás y soltaba unos cuantos disparos, más por aparentar que para causar daño.

- ¡Ahora! – dijo Armitage. Clark disparó una andanada completa de tiros de cañón y cohetes, todos ellos apuntando a la baliza. Armitage y Shen dejaron atrás la baliza, se separaron y giraron sus naves. Era un plan que habían realizado docenas de veces, desde los días del Escuadrón Seraphim. Lo que tenía de bueno era que si el enemigo se tragaba el cebo, estaban jodidos.

Las cuatro naves de los asesinos volaron directamente hacia la trampa. Con la baliza como punto cero, todos los proyectiles de artillería y cohetes no guiados de Clark explotaron en un brillante destello de llamas, onda de choque y metralla. Armitage y Shen abrieron fuego contra cualquier nave que siguiera moviéndose.

Los asesinos se encararon para responder al fuego, a pesar de la abrumadora cantidad de artillería que se les venía encima. Todo estaba saliendo a la perfección.

Hasta que uno de los asesinos encendió sus postquemadores para salir de la zona de aniquilación, con sus escudos y blindaje intactos. Shen vio como iba directamente a por Clark.

- Clark, enciende los motores y sal de ahí- dijo por el comunicador – Lott, cambia de rumbo y ve a ayudar a Clark.

Lott se separó del cliente y se movió para interceptar. Shen y Armitage continuaron disparando.

Clark abandonó su puesto en la torreta y encendió los motores. La Constellation empezó a ganar velocidad lentamente. Ajustó sus disparos para intentar alcanzar al asesino que se le echaba encima, pero el equipamiento de la nave estaba especializado para el fuego indirecto y no era capaz de alcanzar un blanco moviéndose a gran velocidad.

Lott dirigió la energía de sus escudos hacia sus motores para darles potencia extra. Su nave tembló con el empuje adicional.

- Estoy a quince segundos – informó Lott por el comunicador. Calentó sus cañones y ajustó el ordenador de puntería para que fijara al asesino en el instante en que estuviera dentro de su alcance. Apagó el comunicador y gritó, como si maldiciéndola pudiera obtener más velocidad de su nave.

El asesino esquivó todo lo que Clark arrojó contra él. Clark puso escudos al frente y se preparó para el fuego de respuesta. Y eso fue lo que recibió. El asesino descargó un torrente de plasma, láseres y cohetes directamente contra la cabina. Los escudos resplandecieron, oscureciendo por completo la visión exterior a Clark. La nave se sacudió. Para cuando los escudos dejaron de brillar, el asesino se había esfumado.

Clark bajó la vista al monitor. Ahora lo tenía detrás. Estaba intentando redirigir los escudos cuando le alcanzó la segunda andanada de cohetes.

Shen oyó la explosión por el canal de comunicaciones. Armitage pulverizó al último asesino atrapado en su trampa y dio la vuelta para ver la Constellation perdiéndose a la deriva en cuatro direcciones distintas.

La rabia corrió por las venas de Lott. Su ordenador de puntería emitió un pitido. Descargó su rabia en el asesino.

* * *

La pista de aterrizaje de MaxOx estaba llena de vehículos de seguridad. Armitage se encargó de los últimos detalles con el ayudante del cliente, mientras Shen y Lott esperaban en sus naves. Ninguno de ellos había dicho una palabra desde que habían aterrizado.

Lott contempló como el cliente caminaba hacia las oficinas de su corporación, alisándose las arrugas en su traje. Si la batalla o la muerte de Clark lo habían afectado, era el mejor actor del universo a la hora de disimularlo. No, al ejecutivo no podría importarle menos. Lott meneó la cabeza con disgusto, y luego prestó atención a las negociaciones de Armitage con el ayudante.

Concluido el negocio, Armitage cruzó la pista de aterrizaje. Shen se puso de pie, casi en posición de firmes, mientras Armitage se aproximaba. Era un hábito que nunca había llegado a perder. Lott se cruzó de brazos y esperó.

Armitage permaneció en silencio por unos instantes.

- He ingresado vuestra parte en vuestras cuentas – dijo por fin en su mesurado tono habitual. Volvieron a quedarse en silencio. El único sonido era el zumbido de deslizadores distantes y el parloteo del controlador de la pista.

- ¿Eso es todo? – dijo Lott -. ¿Aquí tenéis vuestra paga? ¿Os llamaremos cuando salga un nuevo trabajo?

- Cálmate, Lott.

- ¿Qué esperas que te diga? – le preguntó Armitage clavándole la fulminante mirada de un comandante -. Así es el trabajo. Acéptalo, piloto.

- ¿Así es el trabajo? – rió Lott -. Sí, ya lo pillo. Pero aquí está mi pregunta, ¿cuánto les has cobrado?

Armitage permanecía callado. Odiaba hablar sobre créditos. Se había convertido en una desagradable consecuencia de estar al mando cuando terminó su periodo de servicio militar.

- Les cobré la cantidad que habíamos acordado.

- Por eso lo llaman renegociación. Habíamos acordado una cantidad por una misión de escolta de baja peligrosidad. Fueron ellos los que se olvidaron de mencionar que había una escuadra de asesinos persiguiendo a nuestro cliente.

- Les di mi palabra.

- ¿Tu palabra? – Lott miró a Shen, asombrado -. ¿Crees que a esa bola de grasa corporativa le importa tu palabra? Me juego lo que sea a que todavía se está riendo de ella. Te pagó con migajas y tú se lo agradeces.

- Lott, déjalo ya – dijo Shen intentando interponerse entre ellos.

- Escúchame, chaval – dijo Armitage acercándose todavía más a Lott y mirándole directamente a los ojos -. Tu palabra es todo lo que tienes. Todo lo demás: el dinero, las naves, la fama, no es más que ruido. Nada de eso significa nada si no eres digno de confianza.

- Dile eso a la esposa de Clark – dijo Lott, sin arredrarse -. Comprueba si ella también piensa que tu palabra valía su miserable parte de los créditos.

Lott se marchó hecho una furia y subió a su nave. Shen empezó a ir tras él.

- Déjalo – dijo Armitage. Shen se detuvo -. Deja que se calme.

* * *

Shen apagó sus motores en la pista de aterrizaje del complejo. Cogió su equipo de la bahía de almacenamiento y se dirigió hacia su apartamento. El polvo se arremolinaba bajo la mortecina luz solar mientras él empujaba la puerta para abrirla. Los sistemas del apartamento se activaron cuando el sensor detectó su llave. Las luces se encendieron y luego se ajustaron a su configuración predeterminada. Aparecieron imágenes en los marcos de los cuadros. Aparte de un sofá de segunda mano, un monitor de video y un par de sillas cada una de un modelo diferente, el apartamento estaba vacío. Llevaba casi tres años dándose ultimátums a sí mismo para decorar el lugar.

Dejó sus bolsas sobre el sofá y se dirigió a la cocina. Una botella y una copa después, deambuló hasta uno de los cuadros en la pared. Iba mostrando lentamente una serie de fotos de su servicio militar.

Lo detuvo en una foto de grupo del Escuadrón Seraphim. Compuesto una vez por quince pilotos, Armitage, Lott y él eran todo lo que quedaba ahora. Cada vez que miraba a esa imagen se sentía más y más desconectado de ese momento. Parecían todos tan jóvenes, tan orgullosos, tan llenos de esperanza. Ahora todo lo que quedaba… ya ni siquiera lo sabía.

Shen salió a la bahía de almacenamiento. Afuera empezaba a hacer más calor. Abrió la puerta de la bahía para revelar un taller improvisado. Debajo de la lona estaba la nave de carreras que estaba intentando reconstruir.

Dejó la botella en el suelo, olvidó por un rato su melancolía, y se puso a trabajar.

* * *

A medida que el sol se iba escondiendo detrás del horizonte, la megalópolis de Titus cobraba vida. Era hora punta y las gruesas líneas de deslizadores iluminaban las rutas aéreas como venas de neón.

El apartamento de Lott estaba a oscuras, excepto por los ocasionales faros de un deslizador. Contempló el suelo en absoluto silencio, ignorando por completo el panorama justo al otro lado de su ventana.

Empezó a oírse la vibrante música de un bajo que procedía del piso superior. Lott alzó finalmente la mirada, y luego se volvió hacia la ventana. Afuera, a donde quiera que mirara, veía vidas en movimiento. Centenares de miles de personas trabajando, riendo, preocupándose…

No sintió nada por ellos.

Eso era nuevo.

* * *

La esposa de Clark no gritó ni tiró cosas. Algo pareció apagarse en ella. Apenas llegó a reaccionar, se limitó a darle las gracias a Armitage por haber venido personalmente a decírselo y asegurarse de que recibiera su parte. Su voz sonaba hueca, monocorde. Estuvieron sentados en silencio durante unos minutos, y luego Armitage se marchó. Sus ojos nunca llegaron a salir de su estupor incluso mientras él estaba cerrando la puerta.

Durante todo el vuelo de regreso a casa, Armitage intentó quitar de su mente la muerte de Clark. Con el paso de los años, había perdido a docenas de hombres y mujeres bajo su mando. En cada uno de los casos, se había justificado a sí mismo que sus vidas no habían sido desperdiciadas. Que habían muerto por algo. Que habían muerto por honor. Había algo en esta última muerte que le perturbada y mostraba las grietas en su razonamiento.

Armitage modificó su rumbo para detenerse en un nodo de carga. El silencio y soledad del espacio habían llegado a abrumarlo y necesitaba descansar. Posó la nave con rapidez y se internó en la arteria principal de tiendas, ruido y gente. Se abrió camino entre los diferentes transportistas, ladrones y vendedores hasta encontrar el abrevadero local. Según decían los clientes en la red, el Unicornio Sucio servía bebidas sucias y comida aún más sucia. Serviría.

Armitage encontró un asiento en el bar entre un matón con armadura blindada y lo que supuso era un vendedor de drogas tevarin. Cuando Armitage se sentó el tevarin se volvió hacia él.

- ¿Eres poli? – pregunto, con su boca crispándose. Armitage le devolvió la mirada -. Tengo algo de neón. ¿Lo necesitas?

Suposición confirmada.

- No. Vuelve a hablarme y te daré una paliza, ¿está claro? – Armitage consiguió llamar la atención del barman y que le sirviera una bebida rápida. El tevarin se desplazó al extremo más alejado de la barra del bar.

- También tengo unos cuantos postres recién hechos si te apetece – dijo el barman señalando la vitrina de la ventana de la cocina.

- Sólo la bebida – contestó Armitage, y tras eso se hundió en su asiento y apoyó la cabeza sobre una mano. La cacofonía de las voces ayudaba. Sumergirse en civilización servía para ahuyentar sus momentos de duda.

Tres rondas después, se sintió lo suficientemente recuperado como para comprobar sus mensajes. El mobiGlas se conectó al sistema de transmisión de mensajes del nodo y lo enchufó a la red; había unos cuantos mensajes personales de unos primos distantes, y más que un puñado de mensajes de propaganda, pero había unos cuantos que habían sido enviados a la dirección de Seraphim Security.

Uno de ellos le llamó la atención.

* * *

Dos semanas después, Armitage esperaba en el muelle de aterrizaje. El hemisferio meridional de Vega II acababa de entrar en verano, haciendo que las marismas del paisaje estuvieran especialmente vibrantes. Un viento frío hacía ondear el agua.

El Hornet personalizado de Shen pasó por encima de su cabeza, trazó un giro y aterrizó. Shen saltó al muelle mientras los motores se apagaban. Tanto Shen como Armitage se habían puesto en contacto con Lott, pero ninguno de los dos sabía si acabaría apareciendo.

- ¿Cómo se encuentra, señor? – preguntó Shen mientras cruzaba la plataforma. Se estrecharon la mano.

- Bien. ¿Pudiste descansar un poco?

- Un poco – replicó Shen -. ¿Y usted?

- Ya me conoces, hijo. Nunca he tenido tiempo para eso.

Shen asintió. Caminaron hasta el borde del muelle de aterrizaje. Shen contempló el paisaje mientras Armitage vigilaba el cielo. No había duda, habían visto un rayo de luz penetrar en la atmósfera del planeta y dirigirse hacia ellos. La nave se Lott se posó cerca de la de Shen. Lott salió de su nave, su expresión todavía adusta, y se acercó a ellos.

- Me alegro de verte, tío – dijo Shen con una sonrisa.

- Sí, yo también – contestó Lott haciéndole un gesto de asentimiento, y luego de volvió hacia Armitage -. ¿En qué consiste el trabajo?

-Seguidme. Vamos a repasar los detalles- dijo Armitage y los guió hasta el pequeño edificio que servía como el hotel y centro de vacaciones local. Entregó a Shen y Lott las llaves de sus puertas, les llevó al piso de arriba y se detuvieron ante la puerta de la habitación de Armitage.

Armitage abrió la cerradura de la puerta -. Muy bien, chicos. Me gustaría que conocierais al señor Harroway.

Harroway se puso en pie cuando les vio entrar en la habitación. Saludó con la cabeza a Shen y a Lott.

- El señor Harroway tiene un trabajo para nosotros – dijo Armitage con una sonrisa. Shen y Lott intercambiaron una mirada, preguntándose qué es lo que podría querer de ellos este hombre con aspecto de académico desamparado.

CONTINUARÁ . . .

Original – Jump Point 02.

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