El Último Vuelo de los Seraphim: Capítulo 02

 ElUltimoVuelodelSeraphim
 
Parte 2

El sol se había puesto hacía mucho en Vega II, pero el cielo seguía mostrando remolinos iridiscentes de luz verde y violeta. Shen y Lott escucharon cómo el doctor Harroway explicaba sus problemas con detalle, describiendo entre otras cosas a Oren Vik y los demás miembros del Azote, el número y tipos de naves que habían tomado parte en la incursión, y la fecha prevista para su regreso (dentro de dos meses según el calendario de Garron). Al fin llegó un momento en el que Harroway dejó de hablar y se quedó mirando a los tres hombres.

- Creo que eso es todo – dijo.

- Ya te digo – contestó Shen estirando la espalda -. Por un momento pensé que ibas a describirnos sus peinados.

- Lo siento, sé que tengo tendencia a ser demasiado prolijo – se disculpó Harroway riendo con nerviosismo -. Todo esto es nuevo para mí, por lo que realmente no sé qué es lo que os puede resultar de ayuda y qué no.

- Saber dónde el Azote tiene ubicada su base contaría como ayuda – musitó Lott para sus adentros. Armitage le lanzó una mirada fulminante y luego volvió a fijarse en Harroway.

- No pasa nada, doctor – dijo Armitage recuperando la jarra de agua y volviendo a llenar el vaso de Harroway -. Nunca se tiene demasiada información.

Harroway sonrió y bebió de su vaso. Armitage se giró hacia Shen y Lott, y les señaló con un gesto de la cabeza el exterior. Los mercenarios salieron al balcón.

Armitage cerró la puerta en silencio y se encaró hacia ellos.

- Así pues, ¿qué os parece? – preguntó apoyado en la barandilla y admirando la aurora.

- Nuestro primer obstáculo será llegar al planeta – murmuró Shen, considerando la situación desde todos los ángulos posibles en su cabeza -. Doy por supuesto que el Azote está vigilando la colonia, por lo que tres cazas aproximándose a ella hará saltar sin duda alguna sus alarmas.

- Buen punto – dijo Armitage asintiendo -. Podríamos internar…

- ¿Cuánto nos va a pagar? – interrumpió Lott. Armitage y Shen se quedaron mirándolo.

- Esta gente necesita ayuda – replicó Armitage.

- Sí, la necesitan, pero no te veo llamando a tus antiguos camaradas de guerra para que vengan a ayudarlos.

- No es asunto suyo – dijo Armitage clavando su mirada en Lott.

- Bien, así que estamos de acuerdo en que esto no es más que otro trabajo, y nos están pidiendo que nos enfrentemos a entre doce y quince piratas, lo que son una mierda de probabilidades incluso en el mejor de los días. De forma que quiero asegurarme de que no nos van a hacer pedazos a cambio de un poco de calderilla… otra vez.

- Nos pagarán lo que es justo – dijo por fin Armitage -. Y eso es todo.

- ¿En serio? ¿Justo para quién? – replicó de inmediato Lott. Armitage agarró a Lott por el cuello del uniforme. El viejo seguía siendo rápido.

- Espera, espera – djio Shen saltando hacia adelante para separar a los dos. Se volvió hacia Lott -. Cálmate, tío. ¿Qué pasa contigo?

- Quiero saber cuánto vale arriesgar mi vida.

- Solíamos hacer este tipo de cosas a cambio de nada – dijo Armitage, su voz temblorosa.

- Bueno, pues eso se acabó. Ahora somos armas a sueldo.

- Pero tienes razón, la pifié con el último trabajo y perdimos a Clark – dijo Armitage liberándose de la presa de Shen y caminando hasta el lado opuesto del balcón -. ¿Y para qué? Para que un ejecutivo pudiera hacer una visita turística a espacio enemigo. Eso fue todo. Nada más.

Armitage agarró la barandilla con fuerza, sus nudillos poniéndose blancos por el esfuerzo.

- No sé qué pensaréis vosotros, pero yo estoy harto de poner mi vida en la línea de fuego siguiendo los caprichos de los ricos y poderosos simplemente porque se lo pueden permitir. ¿Pero esto? Sí, nos pagarán, sesenta mil para cada ya que tanto os importa, pero también tendremos la oportunidad de ganárnoslos haciendo algo de lo que poder estar orgullosos.

Estaban todos en silencio. El único ruido procedía del piar lejano de insectos Nela revoloteando por encima del agua. Lott estudió a Armitage por unos segundos. Nunca había visto a su comandante perder el control de esta manera, y mucho menos admitir que estaba equivocado sobre algo. Sólo eso casi auguraba la llegada del Fin de los Tiempos o como mínimo encontrarse con un vanduul amistoso.

- Tampoco podemos esconder nuestras naves dentro de transportes. Pensarán que el procesado de los metales habrá terminado y los transportes habrán venido para llevárselo – dijo Lott dándose la vuelta para poder contemplar la aurora danzando en el cielo -. Pero es inútil especular; necesitamos a alguien sobre el terreno para ver exactamente en qué nos estamos metiendo.

Shen sonrió. Armitage había recuperado su estoicismo habitual, ahora incluso un poco más seguro de sí mismo.

- Bien, no hagamos esperar al jefe.

* * *

La Aurora de Harroway se internó en el sistema Garron. Apenas tenía escudos y armas, hasta el extremo de que un impacto con un escombro espacial podría incluso bastar para derribarla. Harroway se ocupaba de los controles, sudando.

A medida que la confusión mental posterior a un salto se despejaba, Garron iba apareciendo ante él, con el mismo aspecto que tenía cuando abandonó el sistema. Tres planetas y un planeta enano orbitaban el gigantesco sol de color amarillo verdoso. Garron I era un diminuto esferoide rico en minerales pero inhabitable. Garron II había sido un exuberante planeta esmeralda antes de la infame masacre. La UEE no había completado su terraformado, juzgando inoportuno finalizar el proceso o colonizar de cualquier forma ese mundo, de modo que lo abandonaron atrapado en una especie de limbo de terraformación. Más allá de Garron II y un gigantesco campo de asteroides orbitaba Garron III, el hogar.

- De acuerdo. ¿Ahora qué? – preguntó Harroway mirando hacia atrás para poder ver a Lott, quien estaba sentado en el suelo detrás de él con una consola en el regazo.

- Limítate a hacer lo que haces normalmente – le replicó.

- ¿Nos están vigilando?

- Estoy seguro de ello – murmuró Lott, prestándole atención sólo a medias. Terminó con el proceso de encendido de su consola -. Descubramos qué es lo que podemos ver.

Encima de la Aurora, un pequeño escáner de detección de masas, oculto en el lateral de la nave, buscó lentamente por el vacío.

Los minutos fueron pasando sin que Lott dijera ni una palabra. Harroway iba dando golpes nerviosamente con los dedos en la palanca de vuelo.

- ¿Nada?

- Todavía no.

Lott amplió los márgenes de tolerancia del escaneo y empezó de nuevo. La pantalla se iluminó con todo tipo de firmas de energía, incluyendo todo desde el viento solar a pulsos de excedentes de radiación electromagnética procedentes de los planetas. Lott lo repasó todo minuciosamente. Hizo una breve pausa. Mezclado en el mar de señales, había una anomalía concreta.

- Ahí estás.

Era una nave, modificada para minimizar sus emisiones energéticas. Lott trató de separar su débil señal de las masas más grandes, luego la marcó y envió a los escáneres de a bordo de la Aurora.

Harroway se quedó mirando el pequeño punto luminoso en su pantalla. Estaba bien situado cerca de un cúmulo de asteroides con una línea de visión clara hacia Garron III.

- Los minerales en los asteroides deben estar escondiéndolo de los escáneres – dijo Harroway sonando casi impresionado -. ¿Cómo podrían saber eso unos criminales corrientes?

- La gente aprende trucos como ese, doctor. Incluso los piratas. Puede que no sepan porqué, pero saben que funcionan – contestó Lott enviando un mensaje a Armitage con la posición del pirata y su marca de energía -. Limitémonos a ir al planeta. Él no está aquí para meterse con nosotros.

- ¿Estás seguro?

- Te vio marcharte. Les parecería raro que no volvieras.

Los motores de la Aurora iniciaron su combustión. Lott vigiló el pequeño punto en su pantalla mientras su nave iba pasando por el cúmulo de asteroides. La nave acechando entró en el alcance visual. Lott la rastreó con el escáner, la vio pasar de largo, para luego ir perdiéndose en la distancia. Minutos después, el casco de la Aurora se estremeció ligeramente a medida que la gravedad de Garron III lo apresaba.

Lott tenía razón; el pirata ni se movió.

Estaba empezando a comprender bien el comportamiento criminal.

* * *

El crujido de una nave adentrándose en la atmósfera provocó ecos por toda la desolada superficie. Harroway pudo ver a la gente del pueblo dispersarse durante su aproximación inicial. Trazó un amplio círculo alrededor de la refinería y el asentamiento para darles una oportunidad de reconocer su nave.

Para cuando estuvo posado en tierra, la mayoría de los ciudadanos estaban congregados en el borde de la zona de aterrizaje. Shelly Cates, lo más parecido a un alcalde que tenía el pueblo, aguardaba delante de todos mientras el resto esperaba con expresiones cansadas pero esperanzadas.

Harroway bajó trepando de su nave.

- ¿Ha habido suerte? – le gritó Shelly por encima de los motores apagándose. Harroway sonrió y le hizo señas de que se apartara mientras Lott emergía de la Aurora. La gente del pueblo empezó a susurrar.

- Hey – les saludó Lott mientras se dejaba caer a la plataforma. La pierna le estaba matando. Había algún fragmento de metralla incrustado en su fémur que siempre le hacía la puñeta cuando cambiaba de gravedad. Caminó cojeando por un momento, esperando que el movimiento sirviera para aliviar el dolor.

Shelly miró a Harroway, en absoluto impresionada.

- ¿Eso es todo? ¿Un tipo? – miró a Lott -. Sin ánimo de ofender.

Lott se mordió la lengua. Por suerte, Harroway intervino.

- Hay dos más, simplemente están esperando un enfoque estratégico – dijo Harroway.

- Así que tres… – Shelly no pudo terminar la frase. Bajó la mirada hasta el suelo, frustrada.

- Hey, podemos marcharnos si eso te hace sentir mejor – murmuró Lott -. No hay problema, vosotros parecéis perfectamente capaces de manejar una docena de piratas.

- Podemos – contestó Shelly sin amedrentarse -. Todo lo que quieren es dinero. Si sólo se trata de nosotros, encajamos un golpe, pero eso es todo. Si vosotros empezáis una guerra con ellos y perdéis, vendrán a por sangre.

- No solemos perder – replicó Lott con un encogimiento de hombros. En el pasado, había empleado esa frase para calmar a los clientes y solía funcionar. Pero esta vez supo de forma inmediata lo hueca que había sonado. Shelly meneó la cabeza y se marchó furiosa. Lott contempló los rostros en la multitud. Algunos parecían haberse tomado muy en serio la ominosa premonición de Shelly.

- Me disculpo por eso – dijo Harroway -. Me imagino que no es precisamente la bienvenida que se estaba esperando.

- Las he tenido peores.

* * *

Armitage realizó una comprobación final de sus suministros. Las tres naves habían sido puestas a punto, rearmadas y recargadas. Se lo pensó durante un minuto, y luego cargó munición y misiles adicionales en la Cutlass de Lott.

Shen llegó a la bahía de lanzamiento. Un camión de reparto le siguió varios minutos después.

- ¿Cómo vamos? – preguntó Armitage desconectando el manifiesto en su MobiGlas y acudiendo a ayudar a Shen a descargar cajas.

- Bien, señor. Tengo algunas minas de proximidad, dos cajas de P4ARs con quince mil balas, pero no ha habido suerte con los lanzadores móviles – dijo Shen -. Haré un par más de llamadas. Sólo quiero oír qué es lo que me contestan.

Armitage lo consideró por unos momentos.

- No podemos esperar. Nos las arreglaremos con lo que tenemos.

- Sí, señor – contestó Shen empezando a cargar debidamente las cajas en el Cutlass.

- Shen, escucha, tengo que decirte algo.

- ¿Qué sucede, señor? – Shen interrumpió lo que estaba haciendo.

- Es sobre la paga por ese trabajo – Armitage vaciló. Odiaba realmente tener que hablar sobre dinero -. Voy a necesitar que hagas un sacrificio con este trabajo.

- ¿Qué quiere decir?

- No hay dinero con el que pagarnos – Armitage lo soltó de repente. Shen se quedó primero en blanco y luego confundido; quizás había oído mal.

- Pensaba que Harroway nos estaba pagando sesenta mil a cada uno.

- Le pedí sesenta mil en total más los gastos. Sé que Lott ha estado teniendo problemas de dinero y no podemos hacer esto sin él. De forma que voy a renunciar a mi parte para dársela a él, y esperaba que tú pudieras hacer lo mismo.

Shen se quedó mirándolo. Armitage prosiguió.

- Esta gente está en un apuro y necesitan ayuda. No pude limitarme a decirles que se fueran a la deriva porque el precio no era el correcto – Armitage hizo una pausa -. Te lo compensaré en el próximo trabajo, chico. Te lo juro.

Shen bajó la mirada. El controlador de la cubierta de aterrizaje dijo algo por el altavoz, dando instrucciones a un par de naves aproximándose.

- Está bien – dijo finalmente Shen, tras lo cual se puso con gesto cansado a cargar la última de las cajas en silencio.

En cuestión de una hora, salieron de la atmósfera y se dirigieron hacia el espacio. Shen tomó la posición de vanguardia mientras Armitage remolcaba el Cutlass de Lott mediante un amarre remoto*. Armitage cargó los datos más recientes de Lott en su ordenador y el de Shen.

Para engañar los escáneres de la nave vigía, tendrían que entrar en el sistema por un punto de salto diferente. Eso significa tomar el camino más largo, una ruta directamente a través del espacio vanduul. Pero si tenían éxito, durante su aproximación a Garron III podrían mantener el planeta entre ellos y la nave vigía.

Shen alcanzó primero el punto de control fronterizo de la UEE. Mostró las marcas de identificación de sus naves. Para cuando llegó Armitage, habían recibido el permiso para entrar en territorio fuera de ley.

La UEE había situado boyas sensoras por todo el sistema Virgil para advertir de incursiones vanduul inminentes, pero todavía no había sido capaz de asegurar una ocupación estable de ninguno de los planetas del sistema. Lo cual había llevado a muchos a sospechar que la UEE no era la única con los ojos puestos en el sistema.

Pasaron junto a un grupo de exploradores de espacio profundo haciendo una intentona dentro de territorio vanduul, pero aparte de eso fue un viaje tranquilo y solitario. Sólo quedaba un sistema entre ellos y Garron, pero este era de los peores.

Para los vanduul, este sistema se llamaba Korathen. Para la UEE, su nombre oficial era Tiber. Los soldados y pilotos tenían otro nombre para él: la Picadora de Carne. Históricamente, era un punto de encuentro desde el que los vanduul podían hacer incursiones en territorio de la UEE. Antes del punto muerto actual, en este sistema se habían producido docenas de enfrentamientos entre la Armada y clanes vanduul. Enfrentamientos en los que Armitage y los Seraphim habían tomado parte.

La Picadora de Carne parecía tranquila por el momento, pero creer eso suponía el primer error de un piloto muerto. Shen voló en vanguardia y mantuvo un rumbo que los llevara directamente hacia el punto de salto a Garron. Armitage mantuvo sus escáneres haciendo barridos amplios y frecuentes. Apenas hablaron; cuando lo hacían, era para acordar ajustes en el rumbo.

Los restos esqueléticos de antiguos modelos de naves vanduul y de la UEE flotaban a la deriva por la negrura del espacio. Tras haber pasado décadas flotando, los carroñeros los habían despojado de cualquier pieza aprovechable.

Los escáneres de Armitage emitieron un pitido. Activó rápidamente el comunicador.

- Silencio inmediato – avisó, tras lo cual apagó de inmediato sus motores. Shen hizo lo mismo. Siguieron moviéndose completamente a la deriva mientras Armitage revisaba las lecturas del escáner. Algo estaba emitiendo un montón de energía ahí fuera, mucha más de la que produciría una única nave a menos que hubiera sobrealimentado peligrosamente sus escudos.

Un miedo creciente fue adueñándose del estómago de Armitage. Un miedo que podía ser expresado en dos palabras: destructor vanduul. Pero su lectura inicial no encajaba con lo que él sabía acerca de perfiles de energía vanduul. Fue probando filtro tras filtro para intentar aislar la señal. No parecía haber ningún tipo de propulsión. Fuera lo que fuera, estaba inmóvil. Parecía la señal energética que solía asociarse a los escudos y soporte vital de una base.

- ¿De qué se trata? – preguntó Shen finalmente. Entonces fue cuando Armitage lo vió.

- Es una plataforma.

Una vieja plataforma de acoplamiento iba a la deriva entre los detritus. Si el alcance del escaneo de Armitage no hubiera sido tan alto, la habrían pasado de largo sin percatarse de su existencia.

Apuntó sus sensores ópticos hacia ella y magnificó la imagen. La plataforma era un viejo puesto de terraformación, un lugar donde los empleados podían vivir mientras esquilmaban y reconstruían mundos. Por las naves que estaba acopladas a lo largo de su costado, parecía que el Azote se había apoderado del lugar.

- ¿Nos han visto?

- Parece que no – dijo Armitage enviando a Shen el perfil de la plataforma -. Mantén los propulsores al veinte por ciento y deberíamos estar a salvo.

Ahora sabían dónde dormía el Azote.

* * *

Harroway mostró a Lott un viejo almacén en las afueras del asentamiento que podrían utilizar para esconder sus naves en caso de que el Azote hiciera algún vuelo de pasada. Asignó a uno de sus empleados, Milson, y a unos cuantos de los aldeanos para que ayudaran a Lott a limpiarlo.

Casi habían terminado cuando Armitage y Shen llegaron. Lott hizo una mueca cuando su Cutlass se posó en el suelo. El tren de aterrizaje rechinó por la tensión cuando el sistema de pilotaje automático hizo descender la nave con demasiada rapidez.

Shen fue el primero en salir de su nave.

- ¿Cómo ha ido? – preguntó Lott mientras abría la bodega de carga de su Cutlass. Shen se limitó a menear la cabeza y empezó a descargar su nave en silencio.

Armitage llegó unos segundos después.

- Parece que el Azote ha montado su negocio en la Picadora de Carne – Armitage parecía más animado, como si estuviera de vuelta en el servicio activo. Salió andando del almacén y repasó con la mirada el pueblo -. Descargad el equipo. Tendremos una evaluación defensiva en quince.

- Señor, sí, señor – refunfuñó Lott.

Los tres dieron un paseo por el asentamiento. De los dieciséis edificios que había en el pueblo, la refinería era de lejos la posición más defendible. Sus muros eran de piedra cortada con láser. Sólo tenía una puerta y una bahía de carga por donde entrar y salir, y las puertas de ambas tenían cerraduras con enormes pestillos de titanio. En su interior había instalado un sistema de seguridad y un generador independiente.

Ese era el único punto en el que todos coincidían. El resto estaba sujeto a discusión. Armitage argumentaba que deberían esconder a los habitantes del pueblo dentro de la refinería y sellarla, mientras que Lott defendía que encerrar a todo el mundo en un mismo sitio, incluso en uno tan resistente, debería emplearse únicamente como último recurso. Shen, acostumbrado a quedar atrapado en medio de sus discusiones, se limitaba a permanecer callado.

Las horas fueron pasando mientras la discusión continuaba por todo el pueblo como si fuera algún tipo de matojo rodante capaz de gritar. Ambos bandos ganaron y perdieron terreno, pero al final empezaron a desarrollar el primer esbozo de un plan. Se reunieron con Harroway y Shelly en una de las salas de conferencias de la refinería.

- Fase uno: reducimos su número – empezó Armitage. Hizo que la pantalla mural mostrara un mapa del sistema Garron –. Uno de nosotros sale al encuentro y se enfrenta a la nave vigía. Nos aseguramos de que logra enviar un mensaje de socorro a sus amigos, y luego la eliminamos. No vendrán todos para combatir a una sola nave, pero tampoco permitirán que sea un combate justo, de forma que esperamos la llegada de entre dos y cuatro refuerzos. Nosotros tres emboscaremos y destruiremos los refuerzos.

- Sin duda eso impulsará al resto del Azote a pasar a la acción – dijo Harroway pareciendo nervioso.

- Es posible, pero improbable – intervino Lott -. El plazo que les distéis es la única cosa que tenemos a nuestro favor. Están aquí por el dinero, no por lealtad a sus amigos. Si matan a todo el mundo antes de que el refinado esté terminado, se quedarán sin el dinero. De forma que esperarán.

- ¿Era preciso el plazo que le distéis al Azote? – preguntó Armitage.

- ¿Perdón?

- ¿Les mintió acerca de cuándo estaría terminado el procesado – clarificó Lott.

- Oh, no – contestó Harroway bajando la mirada -. Supongo que eso habría sido una buena idea. Nunca me habían apuntado con un arma, sabes…

- No pasa nada – le consoló Armitage, tras lo cual mostró una lista de tareas de fortificación y recursos disponibles – Pero eso nos lleva a la fase dos. Defensa. Atrincheramos la ciudad, entrenamos a vuestra gente y nos preparamos para una invasión. Con suerte no llegaremos a eso, pero mejor estar preparados.

La fase tres empieza cuando el procesado esté a punto de terminar. Enfrentamiento. Esta será una situación fluida, ya que tendremos que ver dónde sitúa el Azote sus fuerzas. En definitiva, les atacaremos tan lejos de aquí como resulte seguro. Nosotros tres nos veremos superados en número rápidamente, por lo que nos iremos retirando gradualmente para reagruparnos y volver a atacarlos. Esperamos que, obligándoles a mantenerse en movimiento, podremos dictar el flujo del combate, reducir su número y en última instancia destruirlos o ponerlos en fuga antes de que puedan poner pie en el planeta.

Harroway y Shelly se miraron mutuamente. Su inquietud era obvia.

- Si piensan que funcionará – fue todo lo que Harroway fue capaz de decir.

* * *

Shen se presentó voluntario para atacar al vigía. Despegó al anochecer. Su Hornet sobrevoló el paisaje antes de empezar a ascender hacia el cielo.

Armitage y Lott prepararon sus naves. Permanecerían a la espera hasta que Shen pudiera confirmar que la llamada de socorro del vigía había sido enviada. Lott ejecutó otro diagnóstico completo de sus sistemas para matar el tiempo.

Al otro lado del almacén, Armitage miraba distraídamente por la ventana. Se sentía agotado. Por primera vez en su vida, notaba su edad. En ese momento de comprensión, su vida entera pasó ante sus ojos; todas las batallas, los momentos en que había estado a punto de morir, los rostros que nunca tuvieron la oportunidad de envejecer otro día. Se sintió abrumado por esos recuerdos.

- Mensaje enviado – informó Shen repentinamente por los comunicadores.

- Estamos en camino – replicó Armitage. Intentó disipar el momento de melancolía que se había apoderado de él. Incluso mientras despegaba, no le resultaba fácil olvidarla.

Pero para cuando hubieron salido de la atmósfera de Garron III ya se sentía más o menos como de costumbre. El Cutlass de Lott estaba volando a su lado. Se reunieron con Shen. Por el momento, los escáneres no mostraban nada.

- ¿Te dio algún problema? – preguntó Lott.

- Nada que yo no pudiera manejar – contestó Shen. Su voz parecía tranquila, desapasionada.

- Basta de charla. Pongámonos en posición – interrumpió Armitage. Aparecieron débiles contactos cerca del punto de salto a Picadora de Carne. Armitage trazó una posición de emboscada en el campo de asteroides situado entre Garron III y los refuerzos.

Los tres se dispersaron rápidamente. Armitage y Lott asumieron posiciones opuestas entre las rocas que iban dando tumbos, mientras Shen jugaba el papel de cebo, situado en el medio simulando problemas con el motor. Para mantener su presencia oculta, Lott y Armitage tendrían que mantener sus escudos apagados hasta el momento en que activaran su trampa.

Lott vigiló sus escáneres. El borrón de señales de energía avanzó hacia ellos y se separó en cuatro grupos. Se figuró que en el asalto inicial podrían atrapar uno, quizás dos. Probablemente un tercero antes de que comprendieran qué era lo que estaba sucediendo. El último sería presa fácil.

Entonces Lott se percató de una cosa. Una de las naves ya había sido marcada. Su sistema ya la tenía identificada.

Era la nave vigía. Encendió instintivamente el comunicador.

- Esperad… – dijo, todavía intentando comprender qué era lo que estaba pasando. Tenía que tratarse de un error. El ordenador debía estar equivocado.

Lott alzó la mirada cuando la nave de Shen giró repentinamente hacia Armitage y abrió fuego. Sin escudos, no tuvo ninguna oportunidad. Proyectiles y láseres perforaron el casco mientras cohetes pulverizaban el resto. En segundos, todo hubo terminado.

Lott se quedó helado. Se sentía como si todo el oxígeno de su cuerpo hubiera desaparecido.

- Qué… – empezó a decir Lott cuando logró finalmente recuperar el aliento – ¿Qué has hecho?

Los piratas rodearon a Lott con los cañones preparados. La voz de Shen, todavía tranquila y desapasionada, le llegó a través del vacío.

- Tenías razón.

CONTINUARÁ . . .

NOTAS DE TRADUCCIÓN
* Amarre Remoto (Remote Tether) es un sistema informático para que una nave quede “esclavizada” a las maniobras que haga la tuya.

Original – Jump Point 03.

Una reflexión sobre “El Último Vuelo de los Seraphim: Capítulo 02

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