Sistema Oberón

LOS NECIOS SE PRECIPITAN

Desde sus primeros días, Oberón siempre ha sido un sistema que ha atraído a quienes buscan riqueza y fortuna, sólo para dejarlos una y otra vez sumidos en la pobreza. A medida que el proceso de modificación de motores cuánticos patentado por Tarsus se iba volviendo más fácil de conseguir a medida que se acercaba el final del siglo XXIII, se formaron nuevas compañías de exploración, todas ellas ansiosas por disfrutar de los beneficios que traía descubrir un nuevo sistema estelar. La “Edad Dorada de la Expansión” ya estaba oficialmente en marcha con centenares de naves examinando el espacio conocido con la esperanza de ampliar todavía más las fronteras de la humanidad. Aunque a los medios de comunicación les gustaba crear una imagen romántica de la vida de los exploradores, por cada historia de éxito, como la del saltarrutas Antoine Lebec, había docenas que lo perdieron todo, incluidas sus vidas, mientras iban en busca de nuevos puntos de salto. La nave que descubrió el primer punto de salto a Oberón fue una de estas tragedias a pesar de que tuviera éxito en su búsqueda de un nuevo sistema.

La tripulación de la Lindy llevaba explorando la periferia de Nul desde 2348 y sus reservas de fondos casi se había agotado, cuando en 2356 sus escáneres captaron una débil anomalía que acabaría revelando ser un punto de salto. Cruzaron con éxito el interespacio y hallaron al otro lado un nuevo sistema caracterizado por una estrella de neutrones. Pequeño y denso, el astro resultó tener el doble de masa que la mayoría de estrellas tipo G de la secuencia principal, a pesar de tener un radio solar de apenas una fracción de su tamaño. Anteriormente un sistema estelar binario, hace aproximadamente unos 1.400 millones de años la estrella principal se convirtió en supernova, colapsando gravitacionalmente y arrancando las capas externas de su acompañante. Lo que quedó orbitando tras ese cataclísmico acontecimiento fue el núcleo de lo que antes había sido una estrella enana blanca, ahora conocida como Oberón I, y otros seis planetas que se habían formado a partir de los restos de los planetas que habían existido originalmente en el sistema. La tripulación de la Lindy, emocionada por la perspectiva de que todo su trabajo por fin rendiría frutos, completó sus lecturas iniciales y trazó su ruta de regreso a Nul.

Por desgracia, aunque cruzar un túnel de salto recién descubierto era, y sigue siéndolo, un acto peligroso, el viaje de vuelta podía ser igualmente letal debido a la limitada capacidad de los sistemas de ordenadores de navegación de esa época. Aunque la Lindy acabó emergiendo de regreso en Nul, el casco de la nave había quedado horriblemente dañado durante el tránsito y lamentablemente toda su tripulación había perecido. Una nave de salvamento encontró los restos varios días después y, dado que el espacio de Nul no estaba controlado por ningún gobierno, la nave ejerció sus derechos de rescate para reclamar como suyos los valiosos datos de navegación que hallaron en la arruinada nave.

En las décadas anteriores a la formación de la UNE, las regulaciones concernientes al descubrimiento de nuevos sistemas estaban todavía en sus primeros días. Cuando los datos fueron rápidamente puestos a la venta en una subasta, la propietaria de las operaciones de salvamento, Stacia Rholtz, ganó una cantidad de dinero sin precedentes con las coordenadas del punto de salto gracias a la guerra de pujas alimentada por el reciente entusiasmo producido por las tareas de terraformación de Croshaw. Parecía que el futuro de la especie humana iba a consistir en tener humanos viviendo fuera del sistema Sol, y las empresas estaban dispuestas a pagar grandes sumas por ser los primeros. La puja por las coordenadas fue ganada por Titania Terraforming, y empezaron a formularse de inmediato planes para la colonización del sistema.

Dado que buena parte de su presupuesto se había gastado en la adquisición del sistema estelar, Titania había decidido adoptar un método desacostumbrado para reducir costes en sus operaciones para terraformar Oberón II, que consistía en contraponer los futuros beneficios con los gastos actuales. A los trabajadores que participaran en el proyecto se les venderían parcelas de tierra a un coste extraordinariamente reducido en vez de pagarles un salario. La promesa efectuada por la compañía era que, una vez la terraformación del mundo hubiera concluido, los trabajadores serían capaces de establecerse en su superficie junto con sus familias. El nombre del sistema, Oberón, formó parte de la estrategia de reconocimiento de marca empleada en la campaña de marketing para vender acciones laborales: “El mundo de tus sueños es tuyo para que le des forma.” Miles de personas se apuntaron al proyecto, gente que vendió todas sus posesiones y gastó todos sus ahorros a cambio de una oportunidad para dejar atrás el sistema Sol y poder empezar desde cero. Fue una estrategia empresarial interesante que podría haber funcionado de no haber sido por el detalle de que Oberón II no se parecía en nada a un candidato ideal para la terraformación.

Con tanta poca luz y calor proporcionados por la estrella de neutrones, uno de los primeros pasos del proceso iba a tener que ser aumentar la temperatura del núcleo del planeta en un grado significativo. Esta era una hazaña que jamás se había intentado antes y una que resultó estar más allá de las capacidades de Titania. Tras años de intentarlo en vano, las alteraciones del núcleo se negaron a consolidarse. El proyecto fue declarado un fracaso y la corporación Titania desapareció de la noche a la mañana. Los trabajadores quedaron abandonados en un planeta gélido que sólo estaba terraformado a medias y sin ningún medio para marcharse de él. Usando el equipamiento dejado atrás por Titania, los colonos lograron subsistir a duras penas en el eterno invierno del planeta, pero sus sueños de vivir días mejores jamás llegarían a cumplirse.

Rumores en el Viento

“Ante semejante amenaza, no nos podemos permitir trazar distinciones entre quienes están dentro del Imperio y quienes no lo están. Sólo somos nosotros contra ellos. La humanidad contra los vanduul.”

– Almirante Bishop, transmisión al imperator Costigan, 2946

Aunque el sistema posee algunos recursos valiosos en forma de gases y materias primas, estos nunca han sido suficientes como para justificar ninguna inversión económica en los siguientes siglos. A finales de la primera década del siglo XXVII, la UEE consideró brevemente la posibilidad de adquirir el sistema, pero dejó pasar la oportunidad de convertir Oberón en parte del Imperio. Desde entonces, el sistema ha seguido sin ser reclamado por nadie, siendo llamado hogar tan solo por los descendientes de esos colonos iniciales, buscadores de fortuna desencaminados, y diversos proscritos y forajidos. Resulta irónico que, tras haber padecido tantas desgracias a lo largo de su historia, haya sido la última tragedia vivida en el sistema a principios de este año la que ha permitido a los habitantes de Oberón volver a albergar esperanzas.

Aunque la población sufrió gravísimas pérdidas cuando un clan vanduul atacó recientemente los asentamientos en Uriel, el almirante Bishop y el UEES Retribution llegaron a tiempo para contener un segundo ataque y establecer un nuevo orden en este sistema normalmente anárquico. Por primera vez en su historia, Oberón alberga ahora un contingente de naves capitales de la Armada. Aunque el Retribution ya se ha marchado, una gran fuerza de combate se ha quedado en el sistema con el cometido de protegerlo de cualquier futura incursión vanduul. La presencia de la flota ya ha empezado a tener efectos, puesto que la actividad de forajidos ha caído en picado y ha empezado a llegar material de ayuda humanitaria. Aunque hay quienes anuncian estos cambios como una posible segunda oportunidad para el sistema, muchos otros vaticinan que la Armada no tardará en marcharse. Si lo hacen, puede que Oberón jamás llegue a recuperarse.

 

Tsb

 


ADVERTENCIA DE VIAJE

Antes de visitar Uriel, asegúrese de que no se trata de un año en el que los escarabajos pardos están activos. En caso afirmativo, las naves posadas en la superficie corren el riesgo de sufrir daños graves causados por estos voraces insectos.

 

OBERÓN I (GONN)

Según la leyenda, el planeta recibió su nombre por uno de los colonos originales que se había hecho con una concesión minera en él. El colono era un ex-transportista de Cathcart que solía ahuyentar a las naves rivales gritándoles: “¡Chinewa enviar al Gonn!”. Oberón I es un cuerpo celeste carbonáceo del tipo supertierra que es todo lo que queda de la estrella acompañante menor del sistema binario original. Rico en recursos sin explotar, muy pocos mineros están a la altura de los desafíos que suponen sus condiciones medioambientales y económicas extremas. La suma mínima de dinero que requiere el mantenimiento de las pocas refinerías automatizadas que hay repartidas por su superficie es demasiado elevada para casi todo el mundo. Incluso la curtida y endurecida comunidad minera que vive aquí logra a duras penas obtener algún beneficio. Muchos de quienes logran reunir suficiente coraje como para venir aquí a probar suerte lo hacen en busca de la vasta riqueza en forma de diamantes que se rumorea existe en el denso núcleo de carbono del planeta, a pesar del hecho de que hasta ahora sólo se han descubierto unas pocas vetas de diamantes.

 

OBERÓN II (URIEL)

Los colonos que fueron abandonados aquí tras el fracaso de la terraformación se vieron obligados a vivir bajo tierra debido a las durísimas condiciones en la superfície. Más cerca del núcleo, la temperatura era ligeramente más cálida, y las familias se pasaron décadas subsistiendo como podían en cavernas oscuras y atestadas. La lucha por los recursos provocó importantes conflictos internos durante esos primeros años, y tuvo como consecuencia una sociedad basada en fuertes vínculos familiares con líneas fronterizas claramente delimitadas según en qué caverna vivieras. Una de estas familias subterráneas, conocida como los Eco, atribuyó la supervivencia de su grupo a la fortaleza de su fe. Se dice que el nombre del planeta procede de una frase que solían repetir con frecuencia: “En la oscuridad de los túneles, Dios es mi luz.”

Rumores en el Viento

“Lo más valioso que alguien puede transportar en el sistema Oberón son urelianos. Para sacarlos de allí.”

– Dicho ureliano

A pesar de lo difícil que era la vida en Uriel, en el siglo XXVII se volvió significativamente peor cuando una de las cavernas habitadas trajo el escarabajo pardo al mundo como fuente de comida aprovechable. Al principio las cosas fueron bien, puesto que el animal se pasaba setenta años en letargo y tan solo seis meses en activo, y su capacidad para comer prácticamente de todo hacía que fuera fácil cuidar de él. Sin embargo, esto terminó cuando los habitantes descubrieron que los insectos habían encontrado una forma de sobrevivir en la superficie y se estaban extendiendo a otras redes de túneles. Lo que empezó como una bienvenida adición a la dieta local se convirtió rápidamente en una plaga muy seria, con la población de escarabajos pardos aumentando hasta ser millones. Ahora, como un verdadero mecanismo de relojería, los escarabajos pardos emergen cada setenta años y recorren todo el planeta, devorando todo lo que encuentran. Casi todas las cavernas habitadas han desarrollado métodos para sellar los túneles durante la temporada de escarabajos pardos, pero esta especie invasiva ha obstaculizado seriamente cualquier intento de establecerse en la superficie. En los últimos años se han fundado varias comunidades al aire libre, pero con la amenaza de los escarabajos pardos cerniéndose en el horizonte, se han mantenido relativamente pequeñas. Hay quienes consideran esto como un hecho afortunado, porque las bajas causadas por el reciente ataque vanduul habrían podido ser mucho mayores de no haber sido porque el escarabajo pardo obliga a la población a quedarse debajo del nivel del suelo.

 

OBERÓN III Y IV

Estos pequeños protoplanetas rocosos van a la deriva más allá de la estrecha franja habitable que la escasa luz de la estrella de neutrones proporciona al sistema.

 

OBERÓN V

Los pocos recursos que pudieron haber alguna vez en este mesoplaneta carente de atmósfera han sido agotados casi por completo, dejando nada más que una roca pelada que pocos consideran digna de visitar.

 

OBERON VI

A pesar de tener un núcleo rocoso, este enano gaseoso cuenta con una cantidad mínima de recursos aprovechables.

 

OBERON VII

Considerado como una de las pocas imágenes relajantes en todo el sistema Oberón, este gigante gaseoso de clase IV compuesto de monóxido de carbono tiene una fuerte presencia de metales alcalinos, lo que le otorga una coloración tenue muy agradable a la vista.

Original.