Una Perspectiva Humana: Capítulo 02

 CAPÍTULO 2

-¡Perdón! –se disculpó Charl, traduciéndolo rápidamente al banu mientras avanzaba corriendo por el pasillo-. ¡Hee-naa!

Charl estaba volviendo apresuradamente a la oficina administrativa de atraque orbital, esquivando por el camino a los numerosos viajeros espaciales banu. Los empleados de la oficina habían tenido la amabilidad de permitirle atracar la Reacher sin tener que pagar la tarifa, aceptando su promesa de que volvería inmediatamente después de añadir unos cuantos fondos a su cuenta. Charl se figuró que lo menos que podía hacer al respecto era darse prisa. Eso era algo que siempre le había gustado de los banu. Los humanos solían desconfiar por defecto de todos los demás humanos. Los banu al menos te concedían el beneficio de la duda.

Una vez de vuelta, la oficinista banu señaló su pantalla y apoyó la punta de un grueso dedo contra la cifra que Charl debía, quien mostró una amplia sonrisa y le mostró su mobiGlas para que la oficinista pudiera ver su repentinamente solvente cuenta bancaria.

Charl estaba contento de haber pagado su tarifa de atraque y ansioso por resolver unas cuantas cosas más. Había recibido confirmación de que Lyshtuu había recibido su mensaje de aceptación, y unos pocos minutos después el saldo de su cuenta pasó de rojo a verde. No era ninguna fortuna, pero era más que suficiente para saldar sus deudas. Y ese era sólo el anticipo. Tomó nota mental de enviarle un mensaje de agradecimiento a Torrrele por haberle pagado tan bien.
-No hay nada como unos cuantos créditos en mano para acelerar tu paso-le dijo a la oficinista. Charl no se molestó en traducirlo, pero estaba bastante seguro de que ella había entendido el significado. Los banu no eran humanos, pero entendían igual de bien el dinero.

-¡Yawr-woa-yee! -le agradeció a la oficinista en su lengua materna, y la banu abrió los ojos por la sorpresa. La mayoría de los humanos no se habrían tomado la molestia. La mayoría de los humanos no la habrían reconocido como hembra.
En cuestión de minutos, Charl había comunicado a toda una serie de agencias en el orbital de Geddon de cuáles eran sus necesidades y los recién hallados medios con los que podía pagar por sus servicios. Mandó una orden de repostado, solicitó unas reparaciones inmediatas, y pidió autorizaciones de seguridad para su senda de vuelo propuesta. Aunque Charl era una persona a la que normalmente le gustaba viajar discretamente sin aparecer en el radar, esta vez no podía contenerse. Estaba tan ansioso por ponerse en marcha y volver a hacer algo.

Hubo un momento en el que fue a ver a un vendedor de piezas de repuesto para que le consiguiera una nueva bomba de recirculación (algo que el propio Charl podría reemplazar él solo mientras los expertos se encargaban de tareas de precisión más difíciles) y al volver a su nave se encontró a un banu esperando ante la esclusa de acoplamiento. Por su uniforme parecía tratarse de algún tipo de pez gordo del Protectorado, y Charl se sintió receloso de inmediato.
-Wewl-whoa -saludó formalmente a su invitado mientras alzaba una ceja expectante. Pero resulto no ser nada. El banu le mostró un mobiGlas con todas sus credenciales (era un administrador de poca monta dentro del Departamento de Asuntos Alienígenas del Protectorado) y unas cuantas pantallas de formularios todos preparados para ser firmados y cumplimentados.

Caray, pensó Charl. Como con cualquier burocracia, había dado por sentado que tendría que ir personalmente a la oficina de Asuntos Alienígenas y esperar horas hasta que todo hubiera sido arreglado. En ese aspecto, la burocracia banu no se diferenciaba en absoluto de la que aquejaba a los humanos. Pero Lyshtuu debía haber untado algunas manos para conseguir este tipo de servicio inmediato. Y una visita a domicilio, nada menos. Charl y el funcionario se sentaron en la diminuta cocina de la Reacher y fueron cumplimentando una docena de formularios, efectuaron escáneres neurales y de retina, firmaron aquí y allí, y obtuvieron todos los permisos necesarios de inmediato. Todo rápido, fácil y sin esfuerzo.
Caray, pensó Charl por segunda vez.

Hasta ahora había estado demasiado excitado como para darse cuenta de que su destino era Bacchus, el mundo natal banu. Eso le pareció un poco extraño. Nunca se había reunido antes con Lyshtuu en Bacchus. A primera vista parecía un lugar muy selecto donde reunirse para lo que parecía iba a ser una misión bastante mundana. Bueno, lo que quiera que quisieran a Charl le parecía bien. Tal vez allí estuviera la sede banu de Torreele. Daba igual. Su recién enriquecido mobiGlas parecía desprender calor dentro de su bolsillo.

Con los trámites de Asuntos Alienígenas tan convenientemente solventados, Charl instaló rápidamente la bomba de recirculación y luego se puso ropa limpia. Le quedaban unas cuantas horas muertas (el tiempo que el personal mecánico tardaría en terminar su trabajo con la Reacher). Decidió realizar un largamente aplazado viaje de compras al mercado. Cada orbital tenía uno. Humano o de otra especie. Unas cuantas preguntas después, Charl estaba en las cubiertas de popa paseando entre tenderetes y vendedores igual de exóticos. No había estado aquí en toda su vida, pero se sintió instantáneamente como en casa.

Comprar provisiones a granel en el orbital de Geddon era sin lugar a dudas la mejor opción, puesto que siempre eran baratas y de buena calidad. A Charl le gustaba casi toda la comida banu, por lo que no le resultaba ningún problema alimentarse de ella en el espacio. La carne seguía siendo carne, y la verdura seguía siendo verdura, pensaba él; todo depende de cómo se prepara. Aun así, había algunas delicatesen banu que ni siquiera Charl era capaz de tragar. Y en cualquier caso, si te interesaba adquirir algún artículo especial, debías ir al mercado a buscarlo.

-¡Humano! ¡Cerveza! –le grito un vendedor ambulante en un “humano” pasable desde un oscuro tenderete atiborrado de claras ampollas de cerveza banu. Era más verde de lo que le gustaba, pero qué demonios, pensó Charl, y regateó hasta conseguir un precio aceptable por dos ampollas.

-Yawr-woa-yoo –le dio las gracias al vendedor macho y siguió deambulando por los tenderetes. Otros comerciantes trataron de llamar su atención, ofreciéndole todo tipo de artículos desde telas a píldoras del placer o tentempiés a base de lo que fuera que colgaba muerto de un garfio. Había una mezcla de olores especiados con los de la grasa y el combustible, y Charl se deleitó con ellos. Vagó sin rumbo, comprando unas cuantas cosas aquí y allí, pero no pudo encontrar ningún puro (uno de sus vicios) de ninguna manera. No le sorprendió, pero siempre le quedaría la esperanza de encontrar alguno. Era una de las pocas cosas que echaba de menos del espacio humano.

-¡Torreele! –exclamó repentinamente para sí mismo, acordándose de que entre sus productos había varias marcas de puros. Tal vez los importaran al Protectorado y alguien pudiera conseguirle una caja o dos durante la reunión en Bacchus.
La última vez que había trabajado para Torreele había sido también a través de Lyshtuu, y ese encargo había sido genial. Torreele importaba cocina exótica a la UEE, empaquetándola para el consumo humano y vendiéndola en sus mundos. Era un negocio enorme. Torreele Foodstuffs estaba siempre en busca de nuevos productos, y para ese trabajo habían contratado a Charl para que básicamente hiciera un tour de un par de barrios banu, probara la cocina local y les indicara qué le parecía especialmente agradable para el paladar humano. Visto en retrospectiva, había sido el mejor trabajo que había tenido jamás. Le habían dejado hacer el trabajo completamente a su aire, sin ninguna supervisión. Ocho meses estándar con una cuenta de gastos considerable. Buenas comidas. Buenos alojamientos. Ningún otro humano. Lo único que había sufrido era su índice de peso corporal.

Charl esperaba que este nuevo trabajo fuera en la misma línea. Quizás tenían otro planeta que querían que él le diera un vistazo. Apresuró el paso, esperando que el personal mecánico hubiera terminado ya para que el pudiera desatracar y emprender el camino.

En esencia, así era como Charl se había ganado la vida durante los últimos años estándar. Ofrecía sus servicios a diferentes mercaderes banu que siempre estaban buscando una mejor forma de lucrarse en la UEE. Él les daba su punto de vista sobre la psique humana, algo que ellos no eran capaces de evaluar por sí mismos. Una especie alienígena es difícil de entender. ¿Qué es lo que desean? ¿Cómo negocian? Charl aclaraba esas dudas a los mercaderes banu.

Sólo había que tomar como ejemplo el anterior encargo de Torreele. Charl era capaz de determinar si un plato banu podía resultar atractivo para el mercado humano con tan solo probándolo. Y no era sólo una cuestión de sabor. Un químico banu probablemente sería capaz de averiguar qué era lo que los humanos consideraban suculento. Pero Charl podía evaluar el plato en todas sus facetas: su sabor, color, aroma… si era demasiado blando o demasiado áspero, etcétera.
Y sus servicios no se limitaban a la comida, aunque ésta era su favorita. Charl evaluaba dispositivos electrónicos, ropa, música… artículos de consumo de cualquier tipo. Incluso aunque él fuera un “asocial” y probablemente no estaba enterado de las últimas tendencias de consumo humanas, seguía conservando sus sensibilidades humanas innatas, y eso era lo que necesitaban sus empleadores. Su círculo de empleadores banu requería sus servicios con frecuencia, aunque algunas veces había intervalos incómodos entre los trabajos pagados, como la sequía de créditos que justo acababa de dejar atrás.

Lo más importante de todo es que los servicios que él prestaba le mantenían alejado del espacio humano, alejado de su misma especie. No es que no estuviera dispuesto a trabajar para humanos, pero le resultaban realmente molestos, sobre todo los tipos corporativos. Le resultaba más agradable trabajar para los banu.

Charl esperaba estar convirtiéndose en uno de los individuos cuyos servicios buscaban primero los mercaderes banu. Eso significaría empleos más estables. Ya había trabajado dos veces para Lyshtuu, y en ambos casos había hecho bien su trabajo y cumplido su palabra. Eso era lo que le gustaba de los banu. Haz lo que dices que vas a hacer y te respetarán por eso. Aunque son muy puntillosos con los detalles de los contratos. Son engañosamente sencillos. Demasiado sencillos para la mayoría de humanos, reflexionó Charl.

De vuelta en la Reacher, Charl guardó sus compras y habló con el jefe de los mecánicos. Una hora más y habrían terminado el trabajo y él podría partir del sistema Geddon. Se pasó ese tiempo de espera comprobando el navicomp y preconfigurando su plan de vuelo. Todo su plan de viaje ya estaba totalmente actualizado, mostrando su permiso de paso de alta prioridad en todos los sistemas que formaban parte de su ruta.

-¡Gracias, Lyshtuu! –dijo en voz alta. Su viaje a Bacchus sólo debería tomarle unas pocas horas. Sería agradable poder darle las gracias en persona a su amigo banu.

Continuará…

Original.