Una Perspectiva Humana: Capítulo 04

 CAPÍTULO 4

Sellar la esclusa de la Reacher y dejar su nave atrás en la orbital de Bacchus fue una de las cosas más difíciles que Charl había tenido que hacer un mucho tiempo. Se daba cuenta de que la nave sólo era una cosa material, pero había sido su constante compañero (de hecho, su única compañera) durante varios años estándar. Recordó una vez en la que había estado considerando la idea de instalar una personalidad artificial en el sistema de computadoras de la Reacher (por lo que sabía, eran lo último en el espacio de la UEE) pero decidió no hacerlo. La Reacher ya tenía personalidad por sí sola, y la iba a echar de menos.

Además, una personalidad humana le habría molestado, fuera artificial o de otro tipo.

Le habían concedido dos horas para recoger sus cosas y presentarse en un yate banu con su propio muelle en el extremo más alejado del anillo del atraque de la orbital. Lysthuu se disculpó lo mejor que supo, para tratarse de un alienígena que no entendía ni la razón por la que Charl estaba molesto en primer lugar ni el propio concepto de “disculpa”.

-No es culpa tuya –había intentado tranquilizarle Charl a través del enlace de vídeo.

-Charl-Grissom, no intención romper relación en ningún modo –trató de explicarle el banu, pero era evidente que el alienígena estaba desconcertado. Charl había aliviado los temores de Lyshtuu y estaba seguro de que lo había dejado convencido de que él sería capaz de llevar a cabo la misión sin problema alguno y de que estaría encantado de volver a trabajar con él. Los banu detestan decepcionar a alguien.

La presencia de porteadores le confundió cuando salió de la Reacher. ¿Quién sigue enviando hoy en día porteadores de verdad a recoger el equipaje? Si hubiera sabido que iban a venir, habría cogido unas cuantas cosas más. Cogieron su par de petates harapientos y le guiaron hasta la parte más exclusiva del puerto espacial, donde su yate, el Shuulyear, esperaba tras cortinas de terciopelo.

Torreele Foodstuffs se estaba gastando un montón de dinero en este asunto, pensó Charl. ¿Porteadores? ¿Un yate? ¿A qué se suponía que iba a saber el hwasheen ese? ¿A ambrosía?

Guardaron su equipaje en un camarote que era mucho más elegante de lo que a él le hacía falta y le dejaron solo. Habían incluso ajustado la temperatura y la iluminación a niveles más acorde con los humanos. El mayordomo jefe del yate (tenía varios mayordomos) le hizo saber que partirían para el primer punto de salto en menos de una hora. Como en la mayoría de naves de pasajeros, durante el viaje recibiría un aviso con dos minutos de antelación cada vez que se acercaran a un punto de salto, a efectos de que pudiera prepararse para las leves incomodidades del viaje por el interespacio.

Si las cosas fueran como siempre, Charl se habría tendido en la gran cama del camarote, llamado al servicio de habitaciones, y dispuesto a relajarse. Pero las cosas no eran como siempre. Al subir al yate se había fijado en que el camarote justo al otro lado del corredor ya estaba ocupado. Ella estaba aquí. Muy a su pesar, notó que su corazón empezaba a latir un poco más rápido.

Charl le dio al botón de comunicaciones y en la pantalla apareció el rostro del mayordomo.

-¿Sí, Charl-Grissom?

-¿Hay algún otro camarote disponible en esta cosa? –preguntó.

-¿Hay algo desagradable para usted?

-No… no, este camarote está bien. ¿Hay algo de alcohol en este bote? ¿O pueden sintetizar un poco?

-Podemos sintetizar cualquier cosa…

-Entonces whisky. De centeno, si es posible.

Charl se puso cómodo lo mejor que pudo en su camarote. Fue pasando los centenares de canales de entretenimiento de vídeo (todos banu, que normalmente le gustaba) pero no pudo decidirse por ninguno de ellos, por lo que dejó que sonaran por un rato los relajantes sonidos del océano hasta que perdió interés y apagó el aparato. Bebió una moderada cantidad de lo que el mayordomo le había traído, lo bastante como para evitar ponerse a pensar demasiado, pero no lo suficiente como para acabar realmente ebrio. De todas formas, sabía bastante mal. Incluso se entretuvo en colgar dentro del armario sus arrugadas ropas y ordenar sus objetos personales en la habitación “húmeda” (otra peculiaridad banu).

Y siguió ignorando el icono de “mensaje esperando” visible en su comunicador. Era ella, estaba seguro de ello sin mirarlo siquiera. Tomó un sorbo de su bebida, con la esperanza de que por lo menos le calmara un poco su ansiedad, si es que no la ahogaba por completo. Es sólo una mujer, Charl, se dijo a sí mismo.

Pasaron dos horas antes de que oyera una suave llamada a su puerta. Tomó otro trago fortalecedor y luego abrió la puerta.

-Oh, hola –dijo Angela, dándose la vuelta ante la puerta de su propio camarote -. Pensaba que no ibas a contestar.

-Hola –respondió Charl torpemente.

-Pensé que tendríamos que discutir la misión mientras tenemos tiempo –Charl había olvidado incluso cómo sonaba la voz de una mujer. Tenía que admitir que era además realmente encantadora, aunque eso no debería venir a cuento. Se dio cuenta de que estaba poniéndose en una postura más erguida.

-Bueno, llegaremos al planeta en, ¿cuántas?, doce horas o así. Probablemente podremos ponernos al día durante el aterrizaje –no tan siquiera le había pasado por la cabeza que seguramente tendrían que discutir los detalles del trabajo. Había pasado demasiado tiempo trabajando solo. Pero si Angela se dio cuenta de sus titubeos, no reaccionó de ninguna manera evidente aparte de contemplarle de forma algo distante. ¿Parece que va a ponerse a lloriquear, o siempre pone la boca de esa manera? Charl no podía decirlo. Pero puesto que pasó un rato sin que ella le contestara, se figuró que no se había explicado bien.

-Sí, tendríamos que discutir cosas –aclaró, y la sonrisa de ella pareció iluminar el oscuro pasillo.

-¿Podemos vernos más tarde en el comedor para cenar? –le preguntó ella.

-Bueno, el comedor está bien para reunirnos –contestó él.

-¿Dentro de una hora?

-Dentro de una hora está bien –le contestó antes de cerrar la puerta del camarote y tras eso respirar hondo. Se acabó el resto de su bebida para calmar su frenético corazón. Las alarmas se dispararon en su cabeza. No dejes dominar por tu biología, Charl. A un nivel puramente intelectual, se dijo a sí mismo que sólo iban a reunirse para charlar sobre el trabajo, y racionalizó que un rápido baño, afeitado y selección de su mejor camisa eran sólo señales de buenos modales.

Angela también se había cambiado de ropa, se fijó Charl, y vestía ahora una blusa color melocotón y unos pantalones oscuros. Estaban solos en el comedor del yate, evidentemente, ya que ellos eran los únicos pasajeros, y estaban sentados en una mesa demasiado pequeña. Los camareros banu estaban bien versados en cómo atender a los humanos, trayéndoles agua e incluso cubiertos de plata, pero parecía que no se habían enterado de que esto no iba a ser una “cena”.

-Gracias por venir a verme- empezó Angela, poniendo una servilleta en su regazo -. Estaba empezando a pensar que me estaba ignorando.

-Bueno –contestó Charl removiéndose un poco en su silla -, no se lo tome de forma personal. He estado mucho tiempo solo en el espacio.

-Me avisaron de que usted prefería trabajar solo. Espero no ser un inconveniente para usted.

-En absoluto.

Sus ensaladas llegaron, una mezcla de vegetales alienígenas, algunos amargos, otros agrios, pero indudablemente comestibles. Charl picoteó un poco su plato mientras los camareros iban y venían.

-Tengo una lectura preliminar de la química sanguínea del hwasheen –empezó Angela de nuevo, y Charl se alegró de poder continuar la parte profesional de la velada-. No se diferencia de otros animales de granja como el brundeen y el gisbut.

-¿Qué es un gisbut? –preguntó Charl.

-¿Cuánto tiempo ha estado fuera del espacio de la UEE? –le preguntó Angela con aire de diversión, y a pesar de todo, Charl encontró su buen humor contagioso.

-Bastante tiempo, al parecer –admitió, y Angela tomó un sorbo de agua -. ¿De dónde es usted?

-Soy terrana.

-¿Cuánto tiempo lleva en Torreele Foodstuffs?

-Empecé con ellos nada más salir de la universidad. Fui becaria allí –Charl hizo cálculos. Parecía tener entre veinticinco y treinta años de edad, lo que significaba que llevaba en la compañía como mínimo cinco años.

-Así que usted formó parte del asunto Boventine. Yo ayudé a Torreele en eso –mencionó Charl, esperando impresionarla, pero su reacción fue fruncir el ceño y menear levemente la cabeza.

-No, yo no formé parte de esa fusión –contestó ella tentativamente, ante lo que Charl se rio un poco.

-Boventine es un producto, no una empresa –le corrigió.

-Oh, sí, claro –dijo ella, cogiendo una carta de menú -. ¿Se ha decidido por algo en concreto?

-No –dijo él, abriendo otra-. En realidad no tenía pensado comer nada, pero supongo que estoy más hambriento de lo que creía. Usted apenas ha tocado su ensalada –le señaló.

-Es un poco extraña, ¿no le parece?

-Si me lo pregunta, es buena para ser cocina banu.

Ambos pidieron sus platos y charlaron un poco. Sólo temas seguros: las diferencias entre banus y humanos, las incomodidades del viaje espacial, y demás. Charl devoró su plato, pero vio que Angela apenas probaba el suyo. Se preguntó si la estaría poniendo nerviosa.

-Entonces, ¿ha visto usted de cerca uno de esos hwasheen? –acabó preguntando Charl, contento de tener otro vaso de whisky en la mano, cortesía del mayordomo.

-No, no lo he hecho –se limitó a contestar ella.

-Pensaba que podrían haber puesto alguno en un zoo o traído uno a su laboratorio.

-No, nada de eso –volvía a tener esa mirada ausente, como si estuviera sumida en sus pensamientos -. Sólo nos trajeron una muestra de sangre –terminó finalmente, a lo que siguió otra pausa incómoda. Charl tenía la clara impresión de que ella estaba nerviosa o era socialmente torpe o un poco de ambas cosas. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había tenido la compañía de una mujer que le resultaba difícil discernir de qué se trataba realmente, pero la idea le hizo sentir incómodo.

-Bueno, creo que averiguaremos muchas más cosas cuando lleguemos al planeta.

-Tendría que volver a mi camarote –dijo ella repentinamente -. Estoy cansada.

-Oh, por supuesto, entiendo –Charl se levantó de la silla cuando ella se dispuso a marcharse (por lo menos se acordaba de esa noción básica de modales), sintiéndose sorprendido, ya que estaba convencido que habría acabado siendo él quien cortara la conversación -. Le deseo que pase una buena noche.

-Sí, gracias. Que usted pase una buena noche, también.

Charl contempló cómo la mujer abandonada el comedir y se quedó un rato en él para terminar su bebida mientras el grupo de mayordomos banu limpiaba la mesa. Qué chica tan extraña.

Continuará…

Original.