Una Perspectiva Humana: Capítulo 05

 CAPÍTULO 5

El mundo agrícola banu de Shyewhea, situado en el sistema Ophos, apestaba que daba gusto. El hecho de que poseyera una atmósfera bastante tenue resultó ser una bendición: les obligó (a él, a Angela e incluso a los banu que vivían allí) a llevar una sencilla máscara respiratoria siempre que salían a la superficie del planeta, lo que amortiguaba considerablemente el hedor, aunque no por completo.

Para Charl no era más que un agrimundo cualquiera, y había visto un montón de ellos: campos agrícolas completamente llanos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, corrales tras corrales de animales de granja, criadero tras criadero, todo delimitado por vías de tren de levitación magnética. Productivo, eficiente y aburrido de narices.

-¿No te molesta demasiado el olor? –le preguntó a Angela durante el primer día que pasaron en la superficie de Shyewhea. Iba vestida con una chaqueta azul cuyo color coincidía con el de sus ojos y el del firmamento donde eran visibles dos lunas.

-No. ¿Lo encuentras desagradable? –preguntó ella con inocencia, mientras guardaba equipo en la parte trasera de su ATV.

-Tienes que estar de broma –exclamó Charl frotándose la cara -. Es toda una peste. Supongo que, siendo una biotécnica, usted ya ha estado en un montón de agrimundos.

-En realidad, no –se limitó a responder ella. Su voz sólo sonaba levemente amortiguada por la máscara respiratoria.

-¿No ha hecho trabajo de campo? Eso es raro. Habría pensado… deme, esos pesan bastante, déjeme que la ayude… -empezó Charl, pero Angela levantó sin su ayuda un par de pesadas mochilas de campo -. Usted es fuerte para su tamaño, ¿no?

-Tendríamos que estar en la cordillera Welshwar mañana al mediodía –señaló ella -. Los pastores de hwasheen nos esperarán allí.

Sólo negocios, entonces, pensó Charl. Puedo aceptar eso. Ese día se pasaron horas conduciendo por sucias carreteras, casi siempre en silencio, lo que a Charl ya le parecía bien. Dejaron un rastro de polvo kilómetro tras kilómetro de cultivos interminables. Eran más que suficientes para mantener ocupadas flotas enteras de naves de carga dedicadas a llevar alimentos a los mundos industriales banu cercanos.

Los pastores banu a cargo de los rebaños de hwasheen hicieron esbozar una sonrisa a Charl. Eran tipos endurecidos, conductores de motocicletas tanto gravíticas como de ruedas que se encargaban de los miles de animales que pastaban por centenares de hectáreas. Iban vestidos con ropas de cuero y sombreros de ala ancha para protegerse del sol anaranjado. Vaqueros banu, mira por dónde.

-Pruebe un poco, Charl-Grissom –le dijo uno de los pastores, señalándole un plato de humeante carne de hwasheen sobre la mesa de su carreta. Hay que concedérselo, pensó Charl, aquí van directos al grano. Rápidamente, preparó una excusa.

-Se supone que no debo probar la carne hasta dentro de unos días –dijo, forzando un poco la verdad. Todos los vaqueros banu se pusieron a escupir y temblar. Vaya unos bromistas.

A diferencia de en el yate banu Shuulyear (el cual, se alegró de oír, iba a ser también el vehículo en el que iban a volver de este planeta atrasado), el dormitorio de Angela en el recinto que iban a ocupar estaba lo más alejado posible del suyo. Hace un par de días, a Charl eso le habría parecido lo mejor, pero ahora…

Por mucho que lo intentara, se percató de que se sentía ansioso por ver su rostro sonriente cada mañana. Charl ayudó a Angela a tomar muestras biológicas (por desagradable que fuera el proceso en ocasiones), realizar pruebas y reunir datos en general. Pasearon entre los hwasheen, trabando relación con un par de ellos, supuso Charl, aunque resultaba realmente difícil discernir si las bestias respondían de alguna manera a sus atenciones.
Por mucho que lo intentó, no consiguió que ninguna aprendiera a jugar a pillar la pelota.

Tras un par de días recibiendo las burlas amables de los pastores banu, Charl se sentó finalmente ante el plato de carne de hwasheen que le habían ofrecido. Los pastores se quedaron cerca para contemplar su reacción, mientras Charl se armaba de valor y tomaba la determinación mental de masticar y tragar, sin importar qué sabor tuviera.

-Allá va –dijo, cortando un pequeño trozo de carne y poniéndoselo en la boca (aquí no usaban tenedores). Los banu le miraban expectantes. Se preguntó si habrían hecho apuestos. No sabía horrible, ni siquiera cuando su olor le llegó a la nariz. Al final resultó ser algo sosa, rugosa pero con una especie consistencia agusanada. Tragó la carne y se encogió de hombros, lo que dejó a los vaqueros hechos un manojo de nervios. Se comió todo el plato, sufrió durante la noche un leve dolor de estómago, y eso fue todo.

A la mañana siguiente compartió sus opiniones con Angela.

-Supongo que todo depende de la preparación –sugirió él, apoyándose contra una mesa de instrumentos que habían puesto al lado de la valla que cerraba el perímetro. Unos cuantos hwasheen se habían juntado cerca, Charl supuso que porque recibían ocasionalmente alguna golosina. Angela examinó por un microscopio varias muestras de carne. Una ligera brisa le alborotó el pelo y su larga falda.

-Un poco que mantequilla y pimienta pueden hacer maravillas. Yo no llegaría a decir que sabía mal, pero tampoco era gran cosa. ¿Cuándo va a probarla usted?

-Yo… no estoy del todo segura –dijo ella, distraída por lo que veía por el microscopio.

-Trate de conseguir algo de carne directamente de la carreta, como la que yo probé. Así podremos comparar manzanas con manzanas, o lo que sea que comen por aquí –ella siguió sin mostrar ninguna reacción, y Charl soltó un suspiro. Se dio cuenta de que se había mostrado bastante frío y distante con ella, sobre todo al principio, pero se sentía extrañamente decepcionado de que Angela no le mostrara ningún interés en ser amistosa. Era cierto que a Charl no le importaban nada los humanos en general, pero tal vez lo que le molestaba de los humanos era su cantidad abrumadora. De uno en uno tal vez no fueran tan malos.

Pero, por cualquier razón, ella no parecía pensar que él fuera su tipo. Hay muchísimas estrellas en la galaxia, se recordó Charl a sí mismo… pero, se dio cuenta con una pequeña sonrisa, ella era la única “estrella” que había en unos cuantos centenares de años luz.

-Supongo que si el hwasheen fuera más fácil de criar –continuó Charl, decidido a aprovechar al máximo la mañana -, más eficiente o algo así –cogió un mobiGlas y consultó algunos de los datos acumulados en él -. ¿Estos son los últimos cálculos?

-Sí –contesto Angela, sin dejar de mirar en ningún momento por el microscopio.

-Bueno, si estos cálculos son correctos, quieren decir que los hwasheen son bastante más difíciles de criar que hasta las vacas. Mira, aquí… su consumo de alimentos es mayor, y su consumo de agua es muchísimo mayor –se rascó la cabeza -. No estoy seguro, pero no logro imaginarme a la gente cambiando sus bistecs por una carne de hwasheen que es menos sabrosa y el doble de cara.

-Tendremos que poner eso en nuestro informe –se limitó a contestar Angela -. Tengo otra serie de instrumentos que recuperar en la cordillera norte.

-Vendré con usted –se ofreció Charl.

-No, preferiría ir sola.

-Oh –fue todo lo que Charl logró decir.

Más tarde esa misma noche, mientras Charl terminaba sus escasas tareas pendientes, se fijó en que el ATV que utilizaban ya estaba de vuelta. Angela había regresado de su viaje y ni tan siquiera se había molestado en avisarle. Charl soltó una maldición y lamentó haber agotado su reserva de cerveza banu.

A la mañana siguiente, Charl abrió un canal de comunicaciones con Lyshtuu, esperando que si les presentaba su informe con antelación, tal vez podrían venir y sacarle de esta roca. Le sorprendió obtener una comunicación en tiempo real. Charl supuso que su amigo banu debía de estar en el sistema atendiendo algún otro negocio.

-Estos son los cálculos –dijo Charl, compartiendo los datos preliminares a través del canal de conferencias -. Estos hwasheen son bastante difíciles de criar y como animales de granja las cuentas no cuadran.

-Yo veo, Charl-Grissom –contestó Lyshtuu mientras revisaba los datos que recibía.

-He probado su carne, y no es nada apetitosa. Estoy seguro de que a la mayoría de humanos no les gustaría.

-Quizás procesado para fines nutricionales…

-Tal vez, pero, como ya he dicho, en cuestión de eficiencia son algo muy pobre. Y si Torreele está pensando en importar estos bichos como mascotas, ya se pueden olvidar. No son especialmente amistosos, y no se encariñan ni juegan con nadie. Sinceramente, creo que Torreele ha fallado el tiro esta vez.

-Deberías proseguir –sugirió el comerciante banu.

-No estoy seguro de para qué, Lyshtuu. No parece haber ninguna razón para ello. Si es cuestión de dinero, estoy dispuesto a aceptar menor paga…

-Transporte no disponible ahora, Charl-Grissom. Deseable completar relación –Charl lo entendió. No había posibilidad de acortar la misión. Estaría atrapado aquí otros cinco días estándar, le gustara o no. Le aseguró a Lyshtuu que terminaría todo el trabajo y cerró la transmisión. Con gran solemnidad, se ató los cordones de sus botas y se dirigió al corral donde Angela volvía a estar atareada estudiando sus muestras.

-¡Angela! –gritó Charl -. ¡Tu mascarilla! –Angela estaba sentada delante de la mesa ante su microscopio. Tal vez podría aguantar durante un minuto sin llevar mascarilla, pero… Charl corrió por corral hacia ella. Angela reaccionó de manera extraña, levantando lentamente su mirada del microscopio… lo que significaba que por lo menos le había oído… y cogió la mascarilla como si no la hubiera visto nunca antes.

-¡Póntela! –le gritó Charl, completamente atónito, pero ella se limitó a quedarse quieta, como si estuviera congelada. Para cuando Charl llegó hasta ella, también lo habían hecho un grupo de banu vestidos con batas de laboratorio amarillas que habían salido de improviso de la habitación de Angela.

-¿Quién demonios sois vosotros? –preguntó Charl mientras los apartaba a un lado -. ¡Vosotros no sois pastores! ¿De dónde habéis salido! –dos de ellos se interponían ahora entre él y Angela, cogidos de las manos y balbuceando algún galimatías banu, bloqueándole la vista. Otros dos se abalanzaron contra Angela, quien estaba aparentemente inmóvil, y cogiéndola por los hombros y empujándola contra el suelo.

-¡Fuera de mi camino! ¡Angela! –Charl tomó impulso y le dio un puñetazo directamente en la boca a uno de los banu vestidos con bata de laboratorio. Pero los demás sacaron un pequeño bote de aerosol y le rociaron con un gas de olor dulzón, y por un rato ya no recordó nada más.

-¿Dónde estamos? –acabó diciendo Charl, frotándose sus doloridas sienes. Dos banu vestidos con batas amarillas le acompañaban dentro de una modesta sala de espera. No eran ninguno de los que le habían incapacitado. ¿Cuántos de estos tipos hay aquí?

-¿Me estáis escuchando? ¡Decidme dónde estamos! –Charl era un viajero espacial lo suficientemente experimentado como para notar que la gravedad de este sitio parecía diferente y artificial. El lugar tenía también esa resonancia típica de los sitios presurizados. Estaban en algún sitio en el espacio. Los banu le miraron atentamente y el más bajito de ellos le respondió.

-Seguro. Afirmativo. Seguro –Genial, son literalistas. Ninguna ligadura restringía sus movimientos, y se figuró que podría salir por la puerta antes de que pudieran detenerle, aunque, por lo que él sabía, tal vez hubiera una docena de guardas armados justo al otro lado. Charl echó su cabeza hacia atrás, respiró hondo, y trató de pensar.

-¿Charl-Grissom desea comida o bebida? –ofreció el otro banu.

-No –gruñó como respuesta, apenas logrando contener su ira-. ¿Dónde… está… Angela?

Los técnicos miraron sus computadoras y el uno al otro.

-Angela reparar –contestó el técnico bajito, provocando en Charl una respuesta inesperadamente protectora. Se levantó repentinamente y se abalanzó contra los atribulados técnicos.

-¡Está herida! –gritó Charl, y uno de los técnicos rebuscó algo en su bolsillo, probablemente más gas incapacitante -. ¡Rociadme con eso y os estrangularé a los dos! Si le habéis hecho daño a Angela, os…

-Angela rota –explicó de nuevo el técnico pequeñajo. A Charl la mente le iba a mil por hora. Angela debía de haber sufrido anoxia en la tenue atmosfera del agrimundo. ¿Sabían cómo tratar eso? ¿Qué van a saber un hatajo de banu acerca de tratar a un humano?

-¡Llévame a Angela! ¡Ahora mismo! –insistió Charl, pero el técnico bajito meneó la cabeza. Por lo menos conocían ese gesto humano.

-Estación orbital –dijo el técnico, señalando uno por uno a los tres y luego abarcando todo el espacio circundante -. Estación orbital Shyewhea, sistema Ophos.

-¿Está Angela también aquí?

-Hanroyth Angela.

¿Hanroyth? Pero si ese es un término para máquinas…

Continuará…

Original.